El 24-F de 1946: Perón derrotó a la Unión Democrática

La Unión Democrática parecía favorita. Pero el líder laborista triunfó en las urnas de manera contundente.

Las elecciones presidenciales que debían devolver la democracia a Argentina se fijaron en primera instancia para el 7 de abril de 1946. Pero las tensiones internas de la dictadura del GOU, presidida por el general Edelmiro Farrell, la destitución del coronel Perón –hombre fuerte de dicho régimen– y su regreso logrado por la movilización popular el 17 de octubre del ‘45, corrieron esa fecha al 24 de febrero.

El proceso electoral se puso en marcha prontamente. Perón fue consagrado como candidato del Partido Laborista el 14 de diciembre y el candidato de la oposición, el radical José Tamborini, dos semanas después. Perón, formalmente apartado del gobierno, contó sin embargo con todo el respaldo de las estructuras oficiales. El 20 de diciembre, el gobierno otorga el aumento general de salarios que él había anunciado cuando su obligada renuncia de octubre. Su candidatura era una conclusión inevitable y su anuncio una mera formalidad. Al final, fue apoyado por tres partidos, todos ellos nuevos. Dos eran partidos obreros y el tercero un sector radical yrigoyenista. Este sector proporcionó su compañero de lista, Hortensio Quijano, abogado y ministro del Interior durante esos meses del ’45.

La oposición, aglutinada de derecha a izquierda en la Unión Democrática, designa como candidatos a dos radicales: Tamborini, un médico de sesenta años que había sido diputado y senador varias veces y ministro del Interior de Alvear en la década del ’20 es acompañado en la fórmula por Enrique Mosca, un ex gobernador de Santa Fe. Los dos pertenecen al sector alvearista, al frente de una coalición integrada por conservadores, radicales, socialistas, demócrata progresistas y comunistas que apenas disimulaba las agudas rivalidades entre esos partidos, que se presentaban unidos frente la amenaza de un enemigo común.

Durante la campaña electoral los principales diarios de Buenos Aires darán su apoyo a la UD. Tal fue el caso de La Nación, La Prensa El Mundo y Crítica. Sólo La Epoca, propiedad del radical yrigoyenista y luego diputado peronista Eduardo Colom, apoyó incondicionalmente a Perón desde sus tiempos en la Secretaría de Trabajo y Previsión, y lo siguió haciendo durante la campaña electoral. En diciembre de 1945 apareció otro diario properonista: Democracia, propiedad de un grupo encabezado por Manuel Molinari antiguo editor del periódico católico El Pueblo. También a finales del ’45, el recién creado Partido Laborista comenzó a publicar su propio diario, El Laborista, dirigido por Angel Borlenghi.

El 8 de diciembre la UD realiza su primer gran acto en la plaza del Congreso, que termina empañado por serios incidentes y refriegas con grupos peronistas que actúan con amparo policial. Mueren allí cuatro manifestantes. En ese corto tiempo, la campaña electoral será intensa y estará acompañada por algunos incidentes. El laborismo moviliza a los trabajadores y refleja una ampliación inédita de la participación cívica. En los primeros días del año ’46, América Latina y los EE.UU. prestarían atención a los acontecimientos en Argentina inscriptos en el marco de las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. El 9 de febrero la UD realiza su acto de cierre de campaña. “Por la libertad, contra el nazismo” reza el gran cartel que acompaña las gigantografías con los retratos de Tamborini y Mosca y los nombres de los cuatro partidos de la alianza. El imponente acto parece acariciar el triunfo sepultando las aspiraciones de Perón y los laboristas. Tres días más tarde, una multitud de similar magnitud pero de muy distinta composición se congrega en los alrededores del Obelisco para proclamar la fórmula Perón–Quijano.

Simultáneamente, estalla la bomba informativa: el Libro Azul sobre la Argentina es difundido ese mismo 12 de febrero en Washington y publicado en días siguientes en los diarios del país, faltando dos semanas para las elecciones. Ese opúsculo de 131 páginas era obra del subsecretario de Estado, Spruille Braden, fugaz embajador en la Argentina. Daba lo que llamaba “testimonios incontrovertibles”, muchos de los cuales habían sido conseguidos en documentación capturada a los alemanes, con listas de actividades de espionaje y nombres de agentes nazis y colaboracionistas en el país sudamericano, “de que el presente gobierno argentino y muchos de sus principales funcionarios están comprometidos seriamente con el enemigo y que no podía confiarse en tal gobierno”. El propio Perón aparece citado entre los argentinos contra los que tales testimonios se presentaban. Perón saca inmediato provecho de la osada jugada de Braden y redobla la apuesta empapelando las calles con la consigna definitoria de su campaña electoral, lo que sería a la postre su carta de triunfo: “Braden o Perón”.

La suerte estaba echada. Después de años de fraudes escandalosos, las dudas sobre la limpieza de estos comicios eran más que legítimas. Si bien la guerra de afiches, el tono de los discursos electorales y algunos incidentes callejeros sembraban temores fundados, las elecciones del 24 de febrero serán un verdadero ejemplo de participación cívica, tranquilidad y transparencia. A pesar de que los primeros datos provocan anuncios precipitados en varios diarios y varias estimaciones auguran el triunfo de la Unión Democrática, el recuento nacional –que se demora varios días– otorga un inobjetable triunfo a la fórmula del Partido Laborista, Perón–Quijano sobre la de Tamborini–Mosca: 1.487.886 votos contra 1.207.080, 52% a 42%. La diferencia de 280 mil votos indica una elección relativamente pareja. La UD triunfa en cuatro de las catorce provincias: Córdoba, Corrientes, San Juan y San Luis. Se abre así un período especial para el gobierno de Farrell, conducir la transición hacia la asunción del mando del nuevo gobierno constitucional, fijada para el 4 de junio. Antes de asumir, Perón ordenaría la disolución del partido Laborista y su fusión en un Partido Unico de la Revolución Nacional, antecedente de lo que sería el Partido Peronista

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