La pelea por las intendencias

(Columna de Facundo Matos)

La mayor relevancia de los municipios convirtió a las intendencias en un renovado foco de poder.

El cronograma electoral de 2015 comenzó con primarias municipales en dos distritos mendocinos y una constante de las últimas décadas: los votantes se inclinaron mayoritariamente por sus intendentes actuales. Por la territorialización de la política, la fragmentación de los partidos y las nuevas facultades que tienen los municipios, más la cercanía con los electores que ello conlleva, los jefes municipales han ido ganado peso en la política hasta convertirse en un renovado foco de poder.

La prueba más fehaciente es que un precandidato presidencial (Sergio Massa) intentará acceder a la Casa Rosada sin más experiencia ejecutiva que haber gestionado un municipio de 380.000 habitantes. El caso de Mauricio Macri es similar, aunque por distintas cuestiones (magnitud, peso electoral, peso simbólico) la Ciudad de Buenos Aires dista de ser un municipio más.

Para Diego Pando, profesor de la Universidad de San Andrés y investigador especializado en gobiernos locales, se trata de un fenómeno internacional vinculado a la pérdida de centralidad del Estado–Nación como espacio de toma de decisiones. “En este contexto aparece la revalorización de lo local como espacio de referencia más cercano para los ciudadanos y de los gobiernos locales como actores insustituibles para el bienestar de una sociedad”, dice en diálogo con el estadista. Jorge Giaccobe, de la consultora homónima, coincide: “Vamos hacia la descentralización, es una tendencia internacional que no depende del sistema político argentino que, por el contrario, tiende a conservarse”.

Sin embargo, la presencia de las intendencias en la vida política argentina no es del todo un hecho reciente. “Siempre fueron espacios de institucionalidad fuerte, pero no había habido tiempo de práctica democrática para que pudieran ejercerlos porque cada vez que hay un golpe y una transición, el eje está puesto en el Poder Ejecutivo”, explica el politólogo de la Universidad de Maryland, Ernesto Calvo, autor de varios trabajos sobre la territorialización de los partidos políticos. “Cuando volvió la democracia, había una sociedad que ponía todos sus deseos y frustraciones sobre el presidente y lo que votaba para abajo no importaba”, complementa Giacobbe. Con la crisis de la hiperinflación y la llegada del menemismo, eso empezó a cambiar.

Después de que el cafierismo se viera derrotado en las internas justicialistas, el peronismo metropolitano quedó debilitado y el riojano Carlos Menem recostó parte de su poder político en las provincias. Con la reforma de la Constitución Nacional (1994) y la Ley de Reforma del Estado (1998), ajustó el sector público nacional y transfirió recursos y facultades a los gobiernos provinciales, lo que contribuyó a aumentar la capacidad de maniobra y el lugar de los gobiernos provinciales y municipales. “Además, a partir de que se fragmenta el sistema de partidos, se pierde capacidad interna de disciplinar a los actores hacia abajo, con lo cual se debilita la estructura partidaria y los actores locales van ganando peso”, añade Calvo. Recursos, nuevas atribuciones institucionales y debilitamiento del sistema de partidos, la tríada que empoderó a los intendentes.

ELECCIONES

En varias provincias habrá municipios que desdoblarán sus elecciones de las provinciales y nacionales. Por un lado, es reflejo de la autonomía que han adquirido frente a los gobernadores. “En los últimos años, y a partir de la estrategia del Gobierno Nacional de conectar directamente con los territorios, la llegada de recursos directos de Nación les permitió a los intendentes tener cierta independencia de los gobernadores y experimentar que operando con inteligencia podían obtener ventajas de ambos lados, tanto del Gobierno Nacional como del provincial”, advierte Pando.

En el conurbano bonaerense, donde los intendentes representan el anclaje territorial necesario para instrumentar políticas y programas sociales que se originan en Nación, el trato asiduo con la Casa Rosada desplaza a la figura del gobernador. Pero por otro lado, esta creciente independencia revela la existencia de dinámicas políticas internas. Por eso –y por la fortaleza del voto no peronista en los centros urbanos en gran parte, donde suele ganar el radicalismo– muchas de las capitales provinciales y otras grandes ciudades están gestionadas por dirigentes de partidos distintos al que domina la gobernación (como en Córdoba, Mendoza, Chaco, Chubut, Río Negro, Jujuy, Neuquén y otras provincias) o bien por dirigentes del mismo partido pero enfrentados o en climas de fricción (como en Tucumán y Catamarca).

Pero también, remarca Calvo, esto deja en evidencia que “los votantes argentinos están muy informados y saben que demandan distintas cosas de cada uno de los estamentos del Estado y por eso distinguen muy bien los distintos niveles electorales, lo que quieren a nivel nacional, provincial y municipal”.

En 2015, muchos intendentes buscarán su reelección y las posibilidades están, en líneas generales, de su lado. En Mendoza, Rodolfo Suárez –radical con apoyo del PRO– se impuso en la primaria y a nivel general con más del 50% de los votos. En Córdoba, Ramón Mestre (UCR) no logró consolidar una gestión que lo posicione como indiscutido ganador pero podría verse favorecido por un escenario sumamente atomizado en la capital provincial, en medio de idas y venidas para conformar una alianza entre el radicalismo y el PRO. En Rosario, la socialista Mónica Fein anunciará próximamente su decisión de ir por cuatro años más y tiene buenas chances de lograrlo, como antes lo hicieron sus antecesores Hermes Binner y Miguel Lifschitz. En Santa Fe, el radical José Corral intentará lo mismo.

En varios partidos del conurbano bonaerense, donde la reelección por largos períodos no está prohibida sino que es una constante, el 70% de los 135 jefes comunales intentarán quedarse otros cuatro años más, según un recuento que realizó el diario platense El Día. Es el caso, entre los más notables, de los barones del conurbano Alberto Descalzo, Raúl Otacehé, Hugo Curto, Mariano West y Joaquín de la Torre.

Otros, en cambio, buscarán hacer el salto a la gobernación. En esta lista están varios intendentes bonaerenses como Darío Giustozzi, Jesús Cariglino, Gustavo Posse, Martín Insaurralde, Patricio Mussi y Fernando Espinoza, pero también Horacio ‘Pechi’ Quiroga en Neuquén, los ex intendentes Miguel Lifschitz y Mario Barletta en Santa Fe, Aída Ayala en el Chaco y Ramón Mestre en Córdoba, entre otros.

LA CERCANÍA

A mayores facultades, mayores demandas. “Lo que viene de abajo arriba de la opinión pública es una necesidad de que los municipios tengan otros roles”, dice Giaccobe. “Los gobiernos locales ya no se limitan a un reducido núcleo de funciones básicas (alumbrado, barrido, limpieza, asfalto y poco más) sino que hay una creciente extensión de la oferta de políticas públicas hacia terrenos anteriormente inéditos como promoción económica, desarrollo sociocultural, preservación del espacio público, atención primaria, seguridad preventiva, lucha contra la violencia de género, etcétera”, señala Pando.

Esa “ampliación anómala de las funciones municipales” –como lo llama Fabio Quetglas, master en gestión de ciudades y desarrollo local– se vio impulsada en gran parte por el deterioro de los otros niveles del Estado.

Una de las consecuencias de esto es una mayor cercanía de la gente con los dirigentes locales, que a su vez se ve reflejada en las urnas. En 2011, varios intendentes del conurbano alcanzaron resultados superiores al 60%, muy por encima de los de la propia Cristina Fernández. En Tigre, Massa ganó con el 73,14%; en Almirante Brown, Giustozzi sacó el 71,88%; en Berazategui, Mussi fue electo con el 67,63%. Y lo mismo sucedió en otras ciudades del país: Córdoba (57,1%), Rosario (52,18%), Mendoza (57%), San Miguel de Tucumán (59,79%), donde no siempre fueron reelecciones del mismo intendente, aunque sí del mismo signo político.

“La opinión pública empieza a valorar más ser escuchada que escuchar, entonces siempre tiene mejores oportunidades aquel que da la sensación de que escucha al electorado”, asegura Giacobbe. Por la proximidad del intendente a los electores en el día a día en el territorio –cosa que no gozan ni gobernador ni Presidente–, los jefes comunales se vuelven candidatos más atractivos. Lo que se ve revalidado por lo que Quetglas llama la “politización de la vida cotidiana”, es decir, la incursión de temas del día a día (transporte, seguridad, etcétera) en la agenda política municipal. “Hace varios años ya, al 25% de la población argentina le resulta más importante para su suerte personal la elección de intendente que la de gobernador y Presidente porque entienden que el intendente es quien está a cargo de su quehacer cotidiano y que las competencias de una intendencia impactan directamente sobre su calidad de vida”, señala el consultor que ha seguido de cerca el desarrollo de los gobiernos municipales.

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