La(s) izquierda(s) en la CABA

(Columna de Paloma Bokser)

Hay diez partidos con capacidad para presentarse a elecciones de la CABA. El kirchnerismo como parteaguas.

Los 1.182.620 votos obtenidos por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) en las elecciones de 2013 le otorgaron a la izquierda argentina un lugar en la arena política que no poseía desde la crisis institucional de 2001. Sin embargo, pese a que el agrupamiento liderado por Jorge Altamira es ahora la opción predilecta de quienes apuestan por el espacio, lejos está de ser el único representante.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde mayor proliferación hay, la lista es amplia y no sin diferencias entre quienes se reivindican de izquierda. Con tácticas y alianzas diversas, buscan un mismo objetivo: ganar visibilidad como propuesta política. Su gran desafío es lograr un lugar en competencia con los aparatos tradicionales y convertirse en una alternativa real de poder.

Mientras algunos tienen experiencia de años y otros hicieron su primera incursión electoral en el 2013, existen certezas en común. En primer lugar, el público de la izquierda por excelencia son los menores de 45 años, según marcan las encuestas, y orientan sus campañas. No es casualidad, ya que también ese es el sector etario hegemónico en su militancia.

Para complementar la descripción demográfica, y según los datos de las últimas elecciones en la CABA, los votantes de la izquierda corresponden mayoritariamente a la clase media y en segundo lugar a los sectores de ingresos bajos. Sin embargo, tampoco se ven diferencias muy abruptas entre las comunas del sur y el norte que alejen totalmente al espacio del voto de los más pudientes.

Todos los actores coinciden en posicionarse en la vereda de enfrente al macrismo. Pero están los que se desmarcan absolutamente del kirchnerismo y los que forman parte de él, así como los que optan por intentar escaparle a la dicotomía.

En un contexto en el que la gran división en Argentina es el apoyo o no al Gobierno Nacional, el oficialismo actúa de parteaguas también en la izquierda porteña. El kirchnerismo es parte constitutiva y hasta fundante de las diferencias.

En aquellos cuya definición es ser férrea oposición, como el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) e Izquierda Socialista (los integrantes del FIT), Libres del Sur, Autodeterminación y Libertad (AyL), el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) o el Nuevo Mas, sus candidatos porteños optan frecuentemente por referirse más a las políticas del FpV que a las del propio Macri.

En líneas generales, podría decirse que no caracterizan muchas diferencias entre ambos gobiernos. Marcelo Ramal, actual legislador CABA por el FIT-PO, opina que “no hay diferencias estratégicas” entre el macrismo y el kirchnerismo. “Los dos han formado gobiernos con grupos empresariales muy definidos: si Cristina tiene a Lázaro Báez, Macri tiene a Nicolás Caputo”, sentencia quien mantendrá su banca por dos años más.

Sin embargo, pese a ubicarse nítidamente en la oposición, también existen diferencias entre las izquierdas antiK respecto a qué táctica electoral asumir. Las agrupaciones que integran el FIT eligen conformar un frente sólo de tres partidos, “la única coalición que plantea la independencia política de los trabajadores contra los partidos de los capitalistas”, según Nicolás del Caño, dirigente nacional del PTS.

Por su parte, el legislador Alejandro Bodart (MST), que culmina su mandato en 2015 y en las últimas elecciones no pudo superar el piso de 1,5% requerido por las PASO, considera que “si la derecha se junta, no puede pasar que no nos unamos quienes queremos un cambio de fondo”. Con ese argumento el actual precandidato a Presidente solicitó, sin éxito, la apertura del FIT al resto de la izquierda antikirchnerista. En cambio, Luis Zamora, precandidato a jefe de Gobierno de AyL, hace más de una década que se presenta solo en las elecciones de la CABA, sin vocación frentista.

La posición más controvertida es la de Libres del Sur, criticada por todos sus compañeros del espacio, que cree que la mejor forma de enfrentar al kirchnerismo y al macrismo es aliándose en “una expresión progresista con vocación de mayoría” en el frente FAUnen. Sin embargo, no los une el amor sino el espanto, y admiten no estar de acuerdo con las otras listas FAUnen de la ciudad. Según declaró su precandidato a jefe de Gobierno, Humberto Tumini, “no estamos de acuerdo con Carrió y la lista de Lousteau es una lista armada por Carrió”, en referencia a su ex aliada y actual aliada de Macri.

En el lado de la vereda que ve en Cristina a un Gobierno con horizonte revolucionario se encuentra Seamos Libres. En el 2013 hizo su primera experiencia electoral y, tras un acuerdo con La Cámpora, logró ser colectora de la lista del Frente para la Victoria y llevar a Pablo Ferreyra a la Legislatura. Sin embargo, la alianza con Andrés Larroque en el recinto no duró mucho y tuvieron votaciones diferentes en el interbloque del FpV.

Por otro lado, Patria Grande intenta escaparle a la división maniquea. Centrando sus críticas en la ciudad de Buenos Aires al macrismo, no por eso integra el oficialismo nacional. De este espacio surgió la propuesta de hacer unas “PASO populares” en un intento de ejercer un contrapeso real al PRO en la ciudad. El precandidato a legislador Itai Hagman, que en el 2013 hizo una primera experiencia en compañía de Claudio Lozano (CTA), y logró superar las elecciones primarias, declaró: “Es necesario conformar un frente que nuclee a todos los sectores de izquierda y centroizquierda que enfrentan al PRO, incluso los que vienen del kirchnerismo”.

Como se puede suponer, la tan mentada unidad de la izquierda está lejos de ser posible. Las diferencias en la lectura de la coyuntura tienen demasiada fuerza como para quedar relegadas en el debate entre estos actores en la CABA.

El análisis histórico arroja que los períodos de mayor protagonismo de la izquierda porteña han sido los de agotamiento de los proyectos hegemónicos vigentes, tal como indica el contexto actual. En 1989 con el descontento popular del fin del alfonsinismo, la gran elección de Izquierda Unida (MAS y Partido Comunista) consiguió un diputado nacional por la CABA. Lo mismo sucedió en 2001, cuando AyL logró dos diputados. Esta histórica elección se repitió en el 2003, cuando Zamora sacó 12,3%, siendo el tercer candidato más votado. En ambas oportunidades, ese peso se perdió tras asentarse un nuevo proyecto de poder y generarse un reflujo de la conflictividad, no sin división y desintegración de las alianzas que habían resultado exitosas.

Las encuestan muestran que la Argentina no está en un proceso de alza en la lucha social, sino que, por el contrario, el recambio al Gobierno nacional vendría por opciones más conservadoras que el kirchnerismo, con Macri, Scioli y Massa a la cabeza. Si bien es probable que en las elecciones próximas las izquierdas tengan un buen desempeño, ¿podrán trascender el fin de ciclo y mantener y acrecentar el espacio político alcanzado?

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