Argentina pagó en Londres

Los intereses nacionales no son unitarios, y nuestros aliados pueden aparecer allí donde menos lo hubiéramos imaginado.

A partir de una demanda presentada por un fondo de inversión controlado por George Soros, el juez británico David Richards falló a favor del pago a un conjunto de tenedores, considerando que el mismo no se veía afectado por el fallo del magistrado neoyorkino Thomas Griesa, que había conducido el año pasado a la declaración de “default técnico” a nuestro país. El aspecto más interesante, y sorprendente, de la compleja trama judicial que desembocó en este resultado, es que los litigantes acudieron a Londres para buscar una salida al fallo desfavorable que habían obtenido en Nueva York.

Esto que ocurrió días atrás se inscribe en una serie de fenómenos que el profesor John Agnew denomina “la baja geopolítica”. O sea, las dinámicas del poder global que se escapan de las manos de los poderosos estados nacionales. Con la crisis de 2008 y sus secuelas, pudimos ver en todo esplendor cómo actores privados (fondos, calificadoras de riesgo) y subnacionales fijaban las reglas del juego. En ese marco, asistimos a una competencia, por parte de las grandes ciudades financieras (Nueva York, Londres, Frankfurt, Hong Kong) y sus instituciones circundantes, por la soberanía y la autoridad. Fue así como, en medio del conflicto entre el Estado argentino y los buitres, el Gobierno argentino encontró aliados inesperados en líderes políticos y de la comunidad de negocios de Londres, que criticaron duramente las decisiones del juez Griesa, pero detrás de sus palabras podíamos leer una defensa de Londres, frente a Nueva York, como plaza financiera global.

Esto se vio reflejado en la prensa económica. En el mundo financiero, suele decirse que los dos medios más influyentes del sector, el neoyorkino Wall Street Journal (WSJ) y el londinense Financial Times (FT), se diferencian en que el primero representa el clima y los intereses de la Bolsa de Nueva York, y el segundo hace lo propio con la de Londres y otras Bolsas europeas. Y en el caso Buitres / Griesa, si bien en los dos medios las coberturas mostraron un predominio de críticas al Gobierno argentino, pudieron leerse en las páginas del FT diversas notas benevolentes y hasta partidarias de la posición argentina, con críticas a Griesa, mientras que el WSJ sólo publicó muchas editoriales muy críticas del Gobierno argentino y en defensa de los fallos de Griesa y la Justicia de su ciudad. Por ejemplo, una editorial del WSJ del 28 de julio de 2014, intitulada “Argentina Dances With Default”, rechaza la acusación argentina de las cortes estadounidenses, “viniendo de un país que pisotea los derechos de propiedad a su antojo” (“ThechargethatU.S. courtsare corrupttakessomenervecomingfrom a country that tramples property rights on a whim”). Y concluye con un fuerte respaldo a Griesa, advirtiendo que si Argentina se negase a negociar “de buena fe” con los acreedores para evitar el default, Griesa merecía “el apoyo de toda persona preocupada por la integridad de los mercados financieros, la ley y la propiedad estadounidense” (“The best outcome for all parties, and especially Argentina, is still for Buenos Aires to negotiate in good faith and avoid default. But if it refuses, Judge Griesa deserves support from everyone who cares about the integrity of U.S. financial markets for upholding the law and American property rights”).

Sin embargo un mes antes, el 24 de junio, en las páginas del FT su columnista más destacado, Martin Wolf, había publicado una editorial intitulada “DefendArgentina fromthevultures”, en la que afirmaba que la estrategia legal de los holdouts es “una extorsión, apoyada por la Justicia estadounidense”, apoya el diseño de un “mecanismo global” para reestructuraciones futuras, y entre las soluciones para evitar la repetición del problema, menciona dejar de emitir deuda bajo la jurisdicción de Nueva York. A su vez, la resolución firmada a principios de junio por parte de 106 parlamentarios británicos en contra de los Buitres en Argentina (y en Grecia) y solicitando a la Corte Suprema de Estados Unidos que considere la demanda argentina, incluyó menciones al “sistema judicial de los Estados Unidos”, y un cuestionamiento al hecho de que un default estaba por ser provocado por “una demanda en una corte de Nueva York”.

Esta importante noticia no fue, por lo tanto, una obra de la casualidad. Soros sabía las fuerzas que movilizaba al mudarse de corte, y desde Argentina pudimos ver, una vez más, que los intereses nacionales no son unitarios, y que nuestros aliados pueden aparecer allí donde menos lo hubiéramos imaginado.

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