Macri-Sanz: por qué no será

En algún momento del proceso electoral, el PRO y la UCR pueden confluir, pero la fórmula presidencial compartida no parece un camino adecuado

La fórmula Macri-Sanz tiene varios impulsores, tanto en el PRO como en la UCR. Pero la mayoría –en ambos partidos– no la cree conveniente. En el PRO, el primero en descartar esa posibilidad es el propio Mauricio Macri. Considera que debe encabezar una fórmula amarilla pura. Cualquier negociación desdibujaría la estrategia que viene siguiendo desde hace tiempo, que es la de presentarse como algo nuevo, diferente a los partidos tradicionales. La relación costo/beneficio no cierra. En la UCR muchos sectores consideran que no puede haber una alianza con quien no se tiene afinidad ideológica (aunque ya no se hable de límites).

Además, ¿es factible? Sí lo es en el PRO en el caso de que Macri lo decida. Pero es casi imposible en el caso de la UCR. ¿La Convención radical proclamando a Macri candidato a Presidente? Por ahora, es política–ficción. Forzar ese camino implica extender el certificado de defunción del FAU y la división de la UCR. Si provoca esa situación, Ernesto Sanz pagaría un precio muy alto dado que es el presidente del partido. ¿Podría, eventualmente, Sanz u otro radical compartir la fórmula con Macri a título individual? No, porque Macri no haría un buen negocio en ese caso. Tendría un compañero de formula constantemente criticado por buena parte del radicalismo “por haber pactado con la derecha” y su campaña quedaría envuelta en la interna radical sin recibir a cambio un caudal significativo de votos.

En el PRO la idea dominante es formalizar una alianza con la UCR para que puedan competir en las primarias una formula amarilla pura contra otra radical, camino que impulsa Elisa Carrió con su reciente acuerdo con el PRO. El acuerdo incluiría una conformación casi igualitaria de las listas de legisladores nacionales, una agenda parlamentaria común impulsada por un interbloque y la distribución de los ministerios en el caso de llegar al Gobierno.

Para la UCR aceptar un acuerdo con el PRO –y eventualmente también con el Frente Renovador como proponen muchos dirigentes del partido– no es sencillo porque hay muchos sectores internos que no quieren ir más allá del FAU a la hora de hacer acuerdos. Pese a que tiene incentivos para hacerlo porque le ayudaría a ganar gobernaciones y porque corre el riesgo de que si tiene un resultado mediocre en las primarias obtenga un porcentaje aún menor en la primera vuelta, que es cuando se eligen a los legisladores.

Al PRO una alianza con la UCR para competir en la misma primaria le conviene porque le permitiría mostrar que contará con el apoyo de los recursos institucionales que le puede aportar un partido con presencia en todo el país. Claro que si la elección se polariza en la primera vuelta, Macri podría obtener el apoyo casi automático de muchos de los que hayan votado por el radicalismo en las primarias (aproximadamente cinco puntos) sin tener que hacer las concesiones que cualquier acuerdo político implica.

A pesar de todo, es probable que el PRO y la UCR confluyan en alguna etapa del proceso electoral. Son fuerzas complementarias. El PRO tiene un candidato presidencial más competitivo pero el radicalismo tiene mucho más estructura (cuenta con el doble de diputados y con 12 senadores contra 3 macristas). Puedo haber distintos momentos en los cuales concretar un acuerdo y distintas formas de hacerlo, pero claramente la fórmula presidencial compartida no es la más adecuada. Por otra parte, tanto Sanz como Julio Cobos han ratificado que mantienen sus ambiciones presidenciales.

POSSE ENOJO A TODOS

Pero también hay otras propuestas de fórmulas integradas encabezadas por Macri. Gustavo Posse propuso a Sergio Massa como candidato a vice porque considera que es la única alternativa para derrotar a Daniel Scioli. La iniciativa sorprendió porque el intendente de San Isidro forma –o formaba– parte del Frente Renovador. Los argumentos esgrimidos por Posse fueron varios: Macri está un escalón arriba en intención de voto y gobierna la CABA, Massa no logró armar ofertas electorales competitivas –con la excepción de Buenos Aires– en las provincias más grandes del país y nunca logró reunir los ochenta intendentes como era el objetivo. La iniciativa de Posse, como es obvio, cayó muy mal en el FR porque coloca en un lugar secundario a Massa en la carrera presidencial. Pero tampoco fue bien recibida en el PRO porque no quieren ningún gesto de acercamiento a Massa. Además, las idas y vueltas de Posse le han quitado mucha credibilidad dentro del macrismo al que adhirió en 2012 para saltar al massismo al año siguiente. Por eso su probable retorno al PRO para competir contra María Eugenia Vidal por la candidatura a gobernador no despierta demasiado entusiasmo.

De esta manera, Posse logró con el rechazo a su propuesta algo poco habitual: que el FR y el PRO estén de acuerdo en algo. Pero ninguno se puede quejar porque se sabe que la permanencia durante mucho tiempo en un mismo espacio no ha sido la característica de Posse. Y conociendo ese rasgo, tanto Macri como Massa lo incorporaron a sus filas en su momento.

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