Presidencialismo populista de coalición

Uno de los legados del kirchnerismo será su modelo de gobernabilidad

Uno de los legados del kirchnerismo al próximo gobierno peronista u opositor, además del desendeudamiento, es su modelo de gobernabilidad. A partir de Néstor Kirchner, los presidentes que carezcan de mayorías electorales, federales y/o parlamentarias podrán, a pesar de ello, gobernar. Eso sí: tendrán que seguir el camino de Néstor Kirchner, y ser tan eficaces como él para llevarlo a cabo.

Habiendo sido el primer Presidente desde 1983 que llega al sillón presidencial sin un resultado electoral mayoritario –si buscamos en la Historia, debemos retroceder hasta 1963 para encontrar un caso comparable–, tuvo que adoptar una forma propia para construir mayorías. Porque sin mayorías nadie puede gobernar, pero Kirchner demostró que, aun sin tenerlas, éstas pueden conseguirse sobre la marcha. Kirchner salió a buscar aliados en su propio partido, en los otros, en las provincias y los municipios. En ese sentido, podemos decir que Néstor Kirchner fue verdaderamente innovador a la hora de sentar sus bases de sustentación política.

Aunque, en rigor, lo que hizo no fue enteramente nuevo. Se inscribe en la tradición del “frentismo” radical y peronista. Y esa tradición, a su vez, se nutre del propio diseño institucional argentino, que prevé un rol político central del presidente democrático. La presidencia fuerte y la democracia anteceden a los partidos políticos en nuestra historia constitucional y electoral. Kirchner lo entendió bien, y lo llevó a su mayor expresión. Su innovación, en definitiva, fue la implementación audaz de algo que ya existía: desde el ejercicio no negociable del Poder Ejecutivo, promovió una variante de presidencialismo de coalición que le permitió obtener respaldos mayoritarios en el Congreso y las provincias.

Casi todos los políticos opositores, una gran cantidad de periodistas y economistas, e inclusive algunos politólogos, pintaron muy peyorativamente el presidencialismo de coalición en su versión kirchnerista. Sostenían que se trataba de un disciplinamiento extorsivo de la voluntad política, ya que los gobernadores e intendentes que adherían a la Casa Rosada corrían, en apariencia, el riesgo de no recibir transferencias federales si no se hincaban en Buenos Aires. Un particularismo de alto nivel, al que los detractores de nuestra política agregaban el condimento corleoneano de la oferta que no se puede rechazar. por Julio Burdman Se popularizó un nombre para ello: la “kaja”.

Tal vez, en alguna negociación, los emisarios kirchneristas fueron un poco insistentes en alguna provincia. Cuando ejerce el poder, el peronismo no es carmelita ni descalza. Pero no hay que pasar por alto que había, claramente, un componente voluntario y buscado en las adhesiones de gobernadores e intendentes de diferentes partidos al oficialismo nacional. Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner eran populares, y sumarse al oficialismo era subirse al tren de los ganadores. No hay ningún caso de un gobernador “radical K” que haya perdido elecciones por llevar la boleta del Frente para la Victoria en su distrito, y probablemente lo mismo se aplique a los muchos intendentes no peronistas que se sumaron al kirchnerismo. El tren kirchnerista fue de gran ayuda para ganar en los territorios. ¿Acaso les hubiera ido mejor a los gobernadores del radicalismo K si en 2007 o 2011 sus boletas iban colgadas de los presidenciables de la UCR?

Esta variante de presidencialismo de coalición, basada en la autoridad y la popularidad del presidente, fue flexible a la hora de conformar frentes electorales. Las alianzas del kirchnerismo cambiaron varias veces, aunque la metodología y el liderazgo innegociable se mantuvo constante. El modelo que el kirchnerismo lega es, por lo tanto, una praxis. Lo que hoy están haciendo con total naturalidad Mauricio Macri y Sergio Massa, la caza de aliados en diferentes partidos y niveles electorales para nutrir sus proyectos presidenciales, hoy es posible gracias al antecedente kirchnerista.

La diferencia es que Néstor Kirchner tenía a su esposa como aliada principal, y no en la vereda de enfrente. Cristina Kirchner conoce bien esta matriz política argentina, y durante su liderazgo, aun a pocos meses de las PASO, el peronismo se mantiene unido y preparado para rebatir la expansión de las coaliciones presidencialistas. Hasta ahora, ha funcionado bien. En la hipótesis de que un opositor gane las elecciones, el gran interrogante es cómo les irá a los herederos de Kirchner en su intento de conquistar a los gobernadores, intendentes y legisladores de un peronismo liderado por Cristina Kirchner. ¿Deberán ser más kirchneristas que Kirchner para ganarle al kirchnerismo? Si así fuera, paradojicamente, Cristina deberá proteger el legado kirchnerista de sus propios emuladores.

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