Fin de ciclo a toda orquesta

(Columna de Carlos Fara)

Los niveles de aprobación de la Presidenta difícilmente se modifiquen en los próximos meses

Cristina Fernández le faltan doce meses de mandato. Pero no tiene nada de “pato rengo”. Todo lo contrario, está bastante fortalecida tanto políticamente como en la opinión pública. Más allá de la diferencia de las circunstancias, está concluyendo su ciclo político mucho mejor que Carlos Menem.

Sin embargo, existe un amplio consenso respecto a que el país tiene serios problemas económicos y de seguridad (la sociedad dixit), energéticos y de relaciones exteriores, y que lo más probable es que el candidato oficialista para presidente –sea quien fuere– no podría imponerse en la próxima elección. ¿Cómo se conjugan ambas situaciones? ¿Cómo puede estar bien en aprobación luego de siete años de gobierno (y once de proyecto político) siendo que el electorado la califica mal en relación a su desempeño con las principales preocupaciones ciudadanas, y con un pesimismo dominante sobre el futuro? Veamos algunos datos de nuestro reciente estudio sistemático:

-La gestión se mantiene en una meseta del 44/46% en los últimos meses.

-34 % asegura que el país va por el mal camino.

-43% está en desacuerdo con los que dicen que el Gobierno quiere meter jueces en la Corte Suprema para garantizarse impunidad después de 2015; el 32% está de acuerdo y el 24% no sabe.

-52% cree que los problemas de la economía se deben a la incompetencia del Gobierno Nacional, pero el 36% considera que se debe a una conspiración de los fondos buitres, las corporaciones, etcétera.

-59% piensa que el Gobierno va a terminar arreglando con los buitres.

-42% le echa la culpa de la inflación al Gobierno, pero el 33% pone la mira en los empresarios y el 20% en los comerciantes.

-46% dice que como el Gobierno no puede solucionar los problemas económicos ahora persigue a los empresarios.

-84% está de acuerdo con expulsar a los delincuentes que delinquen.

-Sólo el 28% cree que puede haber saqueos en diciembre.

-Sólo el 23% cree que puede haber levantamientos policiales a fin de año.

Este no es un mal cuadro para el Gobierno. Sin embargo, la mayoría sigue prefiriendo más cambio que continuidad desde hace dos años, y eso es difícil que se modifique desde ahora hasta octubre del próximo año. La mayoría está cansada del kirchnerismo, sin embargo no quiere un cambio radical, sino moderado.

Volvemos entonces a las preguntas iniciales: ¿por qué, si las cosas no van bien, el Gobierno no está tan mal? Aquí algunas respuestas:

1. El Gobierno mantiene la iniciativa política llevando a la oposición a discutir lo que quiere, poniéndolos a la defensiva, o de comentaristas de los hechos del oficialismo.

2. Todo el tiempo el debate es sobré qué hace o no hace el kirchnerismo: sigue siendo el único relato articulado en Argentina, al menos en la percepción popular.

3. Como ya lo hemos comentado en esta columna en varias oportunidades, el relato kirchnerista –más allá de sus eventuales contradicciones– sigue teniendo una pregnancia simbólicoafectiva para un tercio de la población. Eso lo blinda frente a cualquier discurso opositor.

4. El Gobierno habla por sus hechos, gusten o no, y los mismos sintonizan con algunos sentimientos de la sociedad. Como se puede ver en los datos presentados, la cuestión de expulsar extranjeros es bien vista; la inflación es un problema pero no solo es responsabilidad del Gobierno. Por otro lado, no todo es negativo (i.e. las reformas a la ley de medios).

5. La situación económica no es positiva y la gente está pesimista, pero claramente no quiere empezar de cero otra vez, y no desea que le recuerden que Argentina está en problemas (ya lo sabe y con eso basta). Por eso no hay espacio para los discursos tremendistas.

6. Vale recordar que la sociedad no aprueba o desaprueba una gestión sólo por cómo vayan las cosas en la actualidad, sino también poniendo en la balanza el pasado, y para muchos el saldo sigue siendo favorable.

Visto y considerando lo analizado, es probable que el Gobierno ya no baje su actual nivel de aprobación desde aquí al final de su mandato. Porque además el kirchnerismo en campaña sabe tensar la cuerda y recuperar indecisos / indiferentes. Tendría que haber una catástrofe económica para que el apoyo decaiga de estos niveles. Pero ni el más pesimista de los economistas la pronostica.

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martin durañona
6 años atrás

Bueno, es un analisis mas que esperanzador viniendo de quien viene, disiento de algunos pasajes, por ej. en cuanto la economia, habria que ser mas exacto en saber quienes son los segmentos sociales que se quejan concretamente, pero no corresponde realizar un contra analisis, vuelvo a repetir,ES MUY ESPERANZADOR.

RPG
6 años atrás

Sin dudas, los gobiernos de Nestor y Cristina han sido los mejores para las grandes mayorías, después del primer Perón (1945 – 1955)
Esto no solo por sus virtudes, sino también por los desempeños de los otros gobiernos y las pespectivas que ofrecen los actuales opositores. El único problema (aunque no menor) que tiene el Kirchneristmo es definir un candidato que asegure la continuidad y profundización de sus políticas y que gane. Al día de hoy puede parecer dificil, pero no imposible.

Emilio Friszman
6 años atrás

El fenómeno novedoso, para la historia argentina, de una larga cadencia en el gobierno que no termine catastróficamente, implica que debe tomarse nota de los cambios profundos que se han producido en ésta década en la sociedad. Ningún plano por sí solo lo explica, es el todo. La economía recuperada por la política y rescatada de los grupos que solían controlarla sin mayores problemas, la inclusión social de masas desplazadas por las políticas antiindustriales; el regreso de la política como tema de discusión y de meditación; los cambios a nivel de incorporación de derechos y la democratización que implica la LSCA, con todas las críticas que los grupos concentrados puedan hacer por el grave daño patrimonial que claramente les causará (una tendencia que comienzan a imitar otros países sudamericanos). Un gobierno que ha sabido generar cría incorporando masivamente jóvenes militantes con formación. Una administración que no descansa y produce hechos importantes en forma permanente y cuantiosa. Una revolución a nivel científico tecnológico con logros innegables del que ARSAT y el sector nuclear son solo una muestra. La indudable inversión en universidades por todos lados. Un mercado interno que aún con las dificultades de los últimos tiempos sigue en movimiento.
En fin, cuando las elecciones son presidenciales, el ciudadano independiente piensa con cierto detenimiento en cuánto lo perjudica (o lo beneficia) el estado actual de las cosas y en cuánto y hacia dónde podría cambiar con la oposición. Ese voto, no suele ser un salto al vacío, y eso en cierto modo explica la inexistencia del cacareado pato rengo y del soñado fin de ciclo que vienen augurando unos cuantos desde hace muchos años.

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