Los jóvenes, afuera del debate de campaña

(Artículo publicado en la edición Nº29)

Pese a que este año cerca del 30% del padrón serán menores de 29 años,
los discursos del oficialismo y de la oposición se enfocan en los extremos de la pirámide poblacional y poco reparan en un sector que preocupa a nivel mundial.

El año electoral traerá decenas de temas que prometen colarse en la campaña hasta octubre. Más allá de aquellos issues que preocupan a gran parte de la sociedad y son ejes obligados de debate para cada candidato a nivel nacional, provincial o local, varios grupos pugnarán por imponer temas de su agenda propia en el medio de las discusiones. En esa lista de temas que se discutirán, y que vienen estando en boca de la dirigencia política, desde lo social prevalecen dos que apuntan a los extremos de la pirámide de población.

Por un lado, las políticas que desde el oficialismo se ponen en práctica dirigidas
hacia el sector de la tercera edad (incorporación de jubilados al sistema, aumento de
los haberes) y los reclamos de la oposición para cambiar algunos de esos beneficios (discusión por el 82% móvil). Por el otro, con la implementación de la Asignación Universal por Hijo, el debate se concentró en su alcance y el procedimiento mediante el cual se puso en macha un instrumento que impacta en los menores de dieciocho años.

Casi no hay candidato que no haga referencia a mantener, fortalecer o cambiar de alguna forma estas dos políticas.

POCAS PROPUESTAS

Sin embargo, poco se ha escuchado en esos debates sobre las propuestas de cualquier
dirigente sobre el grupo de jóvenes y adolescentes que aparece, según coinciden varios especialistas, como uno de los sectores más vulnerables a nivel nacional y mundial, y del que provendrán casi tres de cada diez votantes en 2011. Importancia electoral que pese a todo los sigue alejando de los primeros puestos de las preocupaciones.

Según se desprende de las estadísticas, los jóvenes son los más pobres de los pobres,
los más desempleados de los desempleados, los más sentenciados de los juzgados. O sea: comparten problemáticas con el resto de la población, pero las padecen de manera más aguda. Sobre todo con relación al desempleo y las desigualdades educativas. El acceso a la vivienda, al crédito para emprendimientos y una escasa posibilidad de proyección, cargan las espaldas de hombres y mujeres entre 18 y 30 años de sectores medios y, especialmente, bajos.

Sin embargo, estos grupos no están en la agenda pública ni en la discusión política de campaña, que se concentra en los sectores que ocupan los extremos de la pirámide de población. Y eso que en la Argentina, casi uno de cada cinco jóvenes no trabaja ni estudia: son 900 mil en todo el país. Ese número es un promedio nacional que tiene preocupantes subas en regiones como el conurbano, donde el desempleo juvenil alcanza el 40 por ciento y uno de cada tres chicos nace de madre pobre y menor de 18 años.

Pero el problema no es sólo argentino, sino regional y hasta mundial. Según datos de
la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay 20 millones de jóvenes en América Latina que no trabajan ni estudian, casi el 20% de los 106 millones que la habitan. De este total de “no-ni”, como se los denomina, 16 millones siquiera están buscando trabajo, en muchos casos porque han perdido toda esperanza de hallarlo, tras décadas de ver un desempleo estructural y ser ya segunda o tercera generación de desempleados culpa de la destrucción de los sistemas de contención social que caracterizaban al país y a la región y fueron parcialmente arrasados en las décadas
del ’80 y ’90.

A nivel nacional, el porcentaje de jóvenes entre 15 y 24 años que notrabajan ni estudian es del 28%; en Colombia, 24%; en El Salvador, 21%; en México, 20%, y 17% en Chile. Por eso la entidad tiene entre sus máximos desafíos llamar la atención de los países latinoamericanos para que implementen políticas que combatan el desempleo juvenil, aseguró la directora regional del organismo para América Latina y el Caribe,
Elizabeth Tinoco, que calificó como “estructurales” los problemas juveniles de empleo.

Pero además, en el mundo, los jóvenes ya son un problema que preocupa a todos los gobiernos, sin distinguir entre países desarrollados y no desarrollados, al punto que hoy mueren más adolescentes que niños en el planeta como nunca había sucedido en los últimos 50 años, según un estudio publicado a principios de abril en la revista británica The Lancet, que analizó datos de las últimas cinco décadas en 50 países de altos, medianos y bajos ingresos.

Las razones son la violencia, el suicidio y los accidentes de tránsito y, si bien las causas difieren dependiendo del nivel económico del país, hay algunas comunes que obligan a poner el foco sobre el sector. Así, en países de altos, medianos y bajos ingresos, los índices de mortalidad de varones de 15 años son ahora dos o tres veces más altos que las de niños varones menores de 10 años, y la mayoría de los fallecimientos son causados por lesiones de distintos tipos de violencia, incluidos suicidios.

Con todo esto, la falta de políticas estatales que tiendan a contener a un sector en
alza dentro de la población mundial toma relevancia a la hora de poner las causas en
la balanza. Con una concentración cada vez más alta de la vida en ciudades, los jóvenes no han podido acoplarse a ese y otros cambios en la estructura social –y laboral– del mundo. Los aumentos en los accidentes de tránsito, los incrementos en la violencia y en las tasas de suicidio, hacen que la movilización hacia las ciudades conlleva tanto riesgos como beneficios para los jóvenes urbanos.

“Al parecer, el desarrollo económico, la movilización a las ciudades, la creciente urbanización y la dislocación social son realmente muy nocivos para nuestros jóvenes en términos de mortalidad”, señala el informe de The Lancet. Por eso, según los estudios internacionales y de la región, los diferentes gobiernos deben centrar sus esfuerzos en los vecindarios violentos, el empobrecimiento extremo, la falta de acceso a los recursos y servicios fundamentales y la falta de esperanza que surge cuando se vive con una total carencia de perspectivas y oportunidad.

LOS CAMBIOS

El sociólogo Daniel Arroyo apunta dentro de ese marco que la situación social en los grandes centros urbanos de la Argentina se encuentra claramente mejor que a comienzos de la década pero que, en consonancia con el contexto mundial, aún trae varias demandas sin respuesta, dentro de las que resalta el tema juvenil. Más allá de las cuestiones económicas y sociales entre las que sobresale el desempleo, apunta, “la problemática se completa con una parte importante de la dirigencia política y los medios de comunicación marcándolos con el dedo y diciendo ‘hay robo e inseguridad porque estos son los pibes causantes de la inseguridad’”.

Pero además, se ven envueltos en profundos cambios que ha tenido la sociedad en
la cual están inmersos. Por esas transformaciones es que ya no consideran que el trabajo sea el eje ordenador de sus vidas, con una adolescencia cada vez más larga tras la cual no visualizan un mercado laboral que actúe de contenedor y durante la que la mayoría de los discursos políticos clásicos no llegan a entusiasmarlos.

En esa línea, el diputado Eduardo Amadeo, quien dedica buena parte de su último
libro “País Rico, País pobre” a las problemáticas que envuelven al sector juvenil, argumenta para el caso argentino que “son el sector más vulnerable de la sociedad y que encuentran un mercado laboral muy diferente al que conocieron sus padres”. En ese sentido, visualiza una de las principales problemáticas en el modo de entrada al mundo del trabajo que pasó de ser un momento tras la finalización de la escuela secundaria a un proceso dificultoso con largos períodos de precarización y desempleo.

El desempleo es sólo una de las aristas que hacen notar la falta de visualización del
sector, aunque quizás en la que más se ha puesto la lupa desde el ámbito gubernamental. Entre los jóvenes de todo el país, el 15 % no tiene trabajo, más que duplicando el indicador general.

De hecho, hay un programa del Ministerio de Trabajo que es “Jóvenes por más y mejor trabajo”, que es un programa importante en términos de articular tanto una
transferencia al ingreso como algún aspecto de capacitación para generar empleabilidad. Pero por ahora llega aproximadamente a 100 mil beneficiarios, cuando hay un millón de jóvenes que podrían ser población objetivo de ese programa.

Ese parece ser el tipo de brecha que resta aún zanjar y sobre la que las plataformas
de campaña y los discursos aún no reparan. En los países desarrollados, España, Inglaterra e Italia enfrentaron en las últimas semanas masivas manifestaciones de jóvenes reclamando mayores políticas hacia ellos. La delegada de la OIT, de paso por Buenos Aires a principios de abril, estimó que este problema se resuelve con “diálogo social” e instó a que los gobiernos convoquen al sector privado para “devolver las esperanzas” a esta franja de la población.

“Se están creando empleos para los jóvenes, pero sin mayor proyección social y en el sector informal. Necesitamos políticas para la generación de trabajo, pero trabajo de calidad”, agregó. Pero más allá de estos diagnósticos comunes desde diversas áreas y enfoques políticos, lo cierto es que poco parece haber en el horizonte de renovación en la situación de esta franja social.

Una de las razones podría ser la poca capacidad de presión de la juventud como sector
desde el cual reclamar por reivindicaciones sociales, hipótesis que sin embargo entra
en tensión con dos detalles relevantes del 2011 electoral: uno es la extendida creencia
de un revival de la militancia juvenil; el otro, ligado a esto último, que cerca del 30 por
ciento del padrón serán jóvenes. Aproximadamente un millón y medio votarán por primera vez y 6,5 millones tienen entre 20 y 29 años.

Sintiéndose excluidos de la mayoría de los discursos políticos en los que no se ven
reconocidos y menos apuntados, los sectores juveniles sin militancia ni identificación
política definida serán uno de los grupos cruciales a captar por la dirigencia. Barack
Obama lo entendió hace años en Estados Unidos y logró una ventaja importante en
la franja que votaba por primera vez. En la Argentina son Cristina, Macri y Solanas
quienes, en ese orden, acaparan hoy las simpatías juveniles.

Pía Mancini, responsable de juventud del equipo del diputado Francisco De Narváez,
explica que su trabajo se centra justamente en esos “jóvenes independientes, que tienen una vocación de participar pero no se sienten atraídos por la militancia tradicional”, más allá de que no creen que se pueda hablar de la juventud como un todo sino que tratan de atender con políticas diferenciadas a cada grupo de acuerdo a sus necesidades.

Además coincide en que hoy el punto que más los preocupa es la falta de trabajo.
Esta realidad de relevancia del sector joven dentro del padrón pero poca incidencia
en los discursos se da en un marco en el que el 74% de los jóvenes que tienen entre 19 y 28 años manifiesta estar poco o nada interesado en la vida política. El estudio realizado por la consultora Carlos Fara & Asociados también revela que casi la totalidad –94%– no participa ni adhiere a un partido político, lo que da cuentas del carácter acotado y metropolitano del supuesto revival del encantamiento
juvenil por la política.

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