El ojo del buitre

En los discursos de la Presidenta es necesario distinguir entre las apelaciones nacionalistas y las populistas

El duro discurso de Cristina Kirchner pronunciado días atrás, que recordaremos por la frase “si algo me pasa, miren al Norte”, fue diferente a todos los anteriores. Por primera vez, el Gobierno kirchnerista realmente apunta contra Washington. En el contexto del pleito judicial entre el Estado argentino y los fondos buitres, la Casa Rosada buscó o esperó un guiño político de Barack Obama, pero tras la votación en las Naciones Unidas y con las declaraciones de un diplomático, se confirma con frustración que el Departamento de Estado está muy lejos. Estamos, ahora, en el lugar de la retórica inflamada.

Durante los últimos años, hubo una tendencia inequívoca de alejamiento de la órbita estadounidense. Se buscó una posición más autónoma y, al igual que Brasil, dimos a los Estados Unidos el mismo trato diplomático que a cualquier país del mundo. Pero una cosa es enfriar el vínculo, y otra el recalentamiento verbal. Las palabras, por sí solas, no son tan determinantes. Van y vienen. Preguntemos, si no, a los tres últimos presidentes de Uruguay, que dijeron todo tipo de barbaridades a micrófono abierto y pronto se convirtieron en anécdotas. Porque ya sabíamos que no iban a pasar de ahí.

Pero en este caso, las palabras están atadas a un problema de fondo, que antes no teníamos. El Gobierno de Cristina Kirchner presentó un caso ante la Justicia de Nueva York, y lo trasladó políticamente a los organismos internacionales. Y Washington, que inicialmente había mostrado cierta ambigüedad, finalmente demostró que se opone a la posición argentina. Hay, por lo tanto, un conflicto concreto. Por eso, la recomposición o no del clima diplomático, dependerá de la evolución de este conflicto.

Sea con este Gobierno, o con el que asuma en diciembre de 2015. Lo esperable es que dentro de unos meses, cuando cese la cláusula RUFO de la reestructuración de la deuda soberana, se abra una ventana de oportunidad para el acuerdo. Todo esto no debería significar que las relaciones entre Estados Unidos y la Argentina se hayan deteriorado. En principio, estamos ante un problema específico e inusual, que se originó en un mal fallo del juez Griesa, que puso en riesgo al conjunto de la deuda pública argentina al desconocer todo su proceso de reestructuración. Es una falacia evaluar el conjunto de las relaciones entre dos sociedades democráticas en función de un aspecto particular.

Sin embargo, se trata de una falacia que, en relaciones internacionales, muchas veces se vuelve real. Los conflictos suelen escalar desde un punto específico, y pueden terminar comprometiendo al conjunto de las relaciones. Si alguno de los dos gobiernos, sea el argentino o el estadounidense, promueve el escalamiento y generaliza la tensión, comete un error. A un sector de la sociedad, eso podría gustarle. El discurso nacionalista siempre tiene aplaudidores. Pero lo interesante es que el discurso presidencial no es, esencialmente, nacionalista, y esto se volvió a ver aquí. Es, en todo caso, populista.

El sujeto no es la Nación, tampoco la argentinidad, sino los más desfavorecidos, el pueblo, la base de sustentación política y electoral del peronismo. Consignas como Patria o Buitres, al igual que el Braden o Perón del pasado, no trazan una división entre los Estados Unidos y Argentina en tanto países o naciones, sino entre buenos y malos aquí y allá, allende las fronteras. En este caso, los buitres están afuera y adentro, son Griesa, Singer, el Banco Mariva, Magnetto, Barrionuevo. Al igual que Braden era la Unión Democrática, y tantas otras cosas. Si tan solo Obama hubiera hecho el guiño…

Esta distinción entre nacionalismo y populismo, cabe aclarar, es bastante nuestra. En otras latitudes políticas –sin ir más lejos, en las embajadas del G7 emplazadas en Buenos Aires– podrían no entender, y creer que el discurso presidencial como un revival patriótico. No: la dinámica pasa por otro lado. Hay que explicarles. El nuevo adversario buitre, en política interna, vuelve a demarcar fronteras.

Los opositores que apoyaron a la Presidenta en su alegato inicial contra el fallo de Griesa, ahora toman distancia de ella cuando comprenden que lo que se busca no es unir a todos, sino fortalecer la identidad kirchnerista. Macri, Massa y el FAUnen no se suben al último giro discursivo, pero tampoco lo hace Scioli, que evita pronunciarse sobre el tema. Cuando parecía que todos los competidores de 2015 eran parecidos, Cristina Kirchner una vez más dice que allá están ellos, y acá nosotros.

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