Capital Santiago

Llevar la Capital al norte para descomprimir Buenos Aires, sí, pero también para desarrollar la zona más pobre y para integrarla al eje bioceánico de la Unasur

Por segunda vez desde la democratización, un Gobierno Nacional promueve el traslado de la Capital. Primero fue Alfonsín, con su idea de llevarla “al sur, al mar y al frío”. El proyecto de Viedma, presentado a la sociedad y hecho ley en 1987 (ley que continúa vigente), tenía varias aristas, e incluía la radicación de empresas del Estado en la Patagonia, con YPF en Comodoro Rivadavia como punta de lanza.

Ahora, primero fue Julián Domínguez quien lanzó la propuesta de mudar la Capital a Santiago del Estero, y la Presidenta la hizo suya. No sabemos aún si esto prosperará: los propios kirchneristas creen que no es tiempo para ideas ambiciosas, y los críticos aseguran que se trata de una cortina de humo para no hablar de cosas más urgentes. Pero más allá de eso, la idea no es nueva y no es mala.

Trasladar capitales es algo que sólo hacen los países que, como el nuestro, fueron colonias. Los estados históricos europeos no se plantean semejantes cosas. De las trece relocaciones que se produjeron durante el Siglo XX, solo una fue en Europa: Alemania, de Bonn a Berlín, otra vez. En América Latina, dos países lo hicieron: Brasil radicó su sede de gobierno en una ciudad especialmente construida, Brasilia, y Belize en Benzopam. La razón por la que es un fenómeno característico de los países nuevos es que muchas antiguas colonias no fueron concebidas como países, y son víctimas de diseños perjudiciales. Nuestro país se destaca entre ellas.

El proyecto actual difiere bastante del anterior. El de Alfonsín partía, fundamentalmente, de dos premisas: la descompresión de la zona metropolitana, y la ocupación de una Patagonia despoblada, de baja densidad poblacional. Era deudor, aún, de las ideas del almirante Storni sobre el destino marítimo y austral de la argentinidad.

El de ahora parte de una geopolítica totalmente diferente. Llevar la Capital al norte para descomprimir Buenos Aires, sí, pero también para desarrollar la zona más pobre y para integrarla al eje bioceánico de la Unasur. Brasilia es una creación de los desarrollistas brasileños que buscaba “ecumenizar” el nordeste, al que veían como desintegrado de la economía exportadora. Los logros y desafíos pendientes de este proyecto de rediseño nacional son un tema controvertido, con una biblioteca de un lado y otra del otro, y no necesariamente nos pronostican un camino.

Las relocalizaciones capitalinas son pocas, y ningún caso es igual al otro. Mientras tanto, el desafío argentino es resolver el subdesarrollo estructural del Norte. Una imagen popular, bastante instalada, es que la Argentina es un país rico y mal gobernado. La realidad es que una parte importante de la Argentina integra el círculo interior de América del Sur, que incluye a su altiplano y selva tropical, que es una de las zonas más atrasadas del planeta tierra. Los dos países mediterráneos de la UNASUR, Bolivia y Paraguay, están entre los más abandonados del mundo por el capitalismo internacional. Conviven en ellos amplias zonas que están territorialmente fragmentadas, y que carecen de acceso e infraestructura.Y el plan de integración física de Suramérica, en su eje de Capricornio, se plantea atravesarlos con caminos y corredores.

La mediterraneidad como factor de subdesarrollo es reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde el 20 de febrero de 1957, a través de su breve resolución 1.028 (XI), intitulada “Los países sin litoral marítimo y la expansión del comercio internacional” , en la que invita a los países del mundo a concederles las facilidades adecuadas para el comercio de tránsito “teniendo en cuenta las futuras necesidades que resulten del desarrollo económico de los países sin litoral marítimo” . En aquel entonces, eran pocos los países subdesarrollados miembros de Naciones Unidas que carecían de litoral marítimo y estaban implicados en la resolución: Afganistán, Bolivia, Bhután, Laos, Nepal y Paraguay. Sin embargo, como consecuencia del proceso de descolonización en Africa y la disgregación de las federaciones soviética y yugoslava, la cantidad de estados mediterráneos se multiplicó. Tienen costos prohibitivos de transporte, lo cual crea una brecha creciente con el resto del mundo.

En América del Sur, nuestros dos países sin litoral marítimo crecieron bastante gracias a la exportación de productos primarios, pero sus principales socios comerciales están en la región. De acuerdo a la CEPAL, sobre las cifras del año 2006, el 65,6% del total de exportaciones bolivianas va hacia América Latina, mientras que sólo el 9,8% va hacia los Estados Unidos y el 5,8% a la Unión Europea.

De igual forma, nuestro Norte tiene grandes dificultades estructurales para insertarse en la economía global, pero al menos puede integrarse más a nosotros. Naturalmente, la sola radicación allí de un contingente de funcionarios y edificios públicos no constituye un polo de desarrollo. El proyecto completo aún no lo conocemos. Pero más allá del contexto, la idea de trasladar la Capital dentro de la franja de subdesarrollo podría formar parte de un movimiento muy oportuno. Pensar el país nunca está de más. Desde ese lugar, al menos, merece un debate que no puede ser opacado por miradas mezquinas.

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