El kirchnerismo y el FAUnen también existen

Las encuestas “Massa–Scioli–Macri” subestiman equivocadamente la existencia de las dos fuerzas

El enojo de Elisa Carrió con Pino Solanas, o la negativa de los socialistas santafesinos a una alianza con el PRO de Mauricio Macri, no son nada del otro mundo. Hasta podrían ser interpretados como una señal positiva. De vitalidad. Tras una década en que la política fue monopolizada por el kirchnerismo y sus contendientes agromediáticos, un debate acerca de proyectos e ideologías indica la existencia de una vida interna. Algo que el PRO y el Frente Renovador tienen dificultades para mostrar. Y existencia, ahora, es la palabra clave.

Tal vez, lo que sí hubo fue un error de timing en las tensiones exhibidas. Radicales, socialistas y aliados deberían intentar que las discusiones más candentes se posterguen hasta 2015, y reservar lo que resta del año para instalar su existencia. En esta etapa inicial en que se encuentra, enfrenta todos los preconceptos remanentes del lamentable desenlace de la Alianza 1999-2001, y el apetito de Massa y Macri por su stock de dirigentes.

Como veíamos en una columna anterior, la condición de posibilidad de las candidaturas presidenciales del PRO y el Frente Renovador es el armado de coaliciones nacionales aceptablemente grandes. Para lograrlo, un atajo que se les presenta a Massa y a Macri son las alianzas con los líderes locales del peronismo y el radicalismo. El justicialismo, hoy, está implementando un eficiente cordón protector: pese a los pronósticos, el movimiento se mantiene unido. Las fuerzas que integran el FAUNEN, por ende, parecen más vulnerables ante las seducciones de los liderazgos populares metropolitanos.

Ambas cosas, el preconcepto sobre la posible “chachización” de los frentistas y el deseo de cooptar radicales, se conjuga en una idea latente: que el FAUNEN no existe. Que sus integrantes circunstanciales están, en realidad, expectantes de la posibilidad de fusionarse con los proyectos motorizados desde Tigre o la Capital. Lo imperativo, para el FAUNEN, es demostrar identidad en los meses que siguen. Para eso, después de todo, es que se constituyeron veinte meses antes de las elecciones. Se trata de la acción política más sencilla del momento: solo deben mostrar, a sus electores potenciales, que están allí. El kirchnerismo debe gobernar en un contexto difícil, y los partidos metropolitanos deben armar un edificio desde sus cimientos; radicales, socialistas y aliados solo deben sacarse fotos. Todo lo demás es menor. Pero hay que hacerlo.

Otro actor que también existe, y que aparece subestimado en las encuestas de posicionamiento, es el kirchnerismo. Sin embargo, el kirchnerismo está mucho más seguro de su existencia. Está constituida por sí misma, y por sus adversarios. Como lo ejemplifican los programas de Mirtha Legrand de los fines de semana: aunque no haya un solo kirchnerista comiendo, solo se habla de kirchnerismo en la mesa. Las encuestas “Masssa–Scioli–Macri”, sin embargo, no lo registran.

Hoy el voto oficialista carece de un candidato nítido, es cierto, pero el día en que se sepa por quién votará la Presidenta en las PASO, todo cambiará. Hay varios precandidatos que aspiran a representarla, por lo que la intención de voto kirchnerista aún no se ha expresado. Pero cuando ella se decida a apoyar a uno de ellos, cualquiera de los que actualmente está en un dígito, o menos, automáticamente recibirá un lote de votantes que multiplicará en varias veces su caudal propio, y se catapultará a la competencia por el ballotage. Por esa razón, la competencia por la nominación kirchnerista no es hacia afuera -como sucede con la pole position opositora- sino hacia adentro. Randazzo, Rossi, Urribarri, Urtubey y el resto de los aspirantes, antes que pelear por la grilla o las primeras planas, hoy apuntan al posicionamiento interno. A expresar mejor la continuidad.

Recientemente, parecía que Randazzo picaba en punta, y eso se debió fundamentalmente a que una seguidilla de noticias de gestión y apariciones públicas junto a la Presidenta (sobre todo, el lanzamiento de los nuevos trenes) dieron la sensación de que el titular de Interior y Transporte era “el elegido” presidencial. La cartera de Randazzo, sin dudas, es una de las más visibles. No obstante, eso no quiere decir que CFK haya inclinado ya su dedo. Si mañana comienza a incrementar sus apariciones públicas junto a Rossi, éste subiría, y así. Ha hecho, también, gestos hacia otros continuadores, que no pasaron inadvertidos para ellos. La carrera sigue abierta para todos.

Al kirchnerismo, igual que al FAUnen, se le puede plantear un dilema de existencia, frente a sus negacionistas: ¿hasta cuándo conviene demorar la decisión presidencial que dará un vuelco en el escenario electoral? ¿Acaso debe adelantarla para este año? ¿O es que entiende, mejor que los presidenciables lanzados, del error que podrían estar cometiendo al quemar etapas prematuramente?

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