La reelección presidencial es una moda, no una regla

(Columna escrita junto al politólogo Miguel de Luca, presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político)

Hoy los presidentes sudamericanos son reelectos como campeones, pero hasta ayer caían como moscas. ¿Es un cambio permanente o una vuelta del péndulo?

Presidente que la busca la logra: esa fue la regla de la reelección en América del Sur durante la última década. Pero el colombiano Juan Manuel Santos acaba de ganar por media cabeza y las chances de Dilma, en Brasil, distan de ser holgadas. ¿Qué pasó? Por un lado empeoraron las condiciones internacionales y aumentaron las exigencias populares. Por el otro, la reelección garantizada era mentirosa: detrás se escondía un fenómeno igualmente difuso, las interrupciones presidenciales.

¿La destitución de Lugo y la precariedad de Maduro podrían estar anticipando el regreso del péndulo? Hagamos cuentas. En los ’80 ninguna constitución latinoamericana permitía la reelección consecutiva –islas caribeñas excluidas–. Para evitar presidentes vitalicios, países como México prohibieron toda posibilidad de un segundo período. Otros, como Uruguay o Chile, la habilitaron en forma intercalada para garantizar una competencia pareja: quienes fueron presidentes y aspiran a volver deben disputar desde el llano. Incluso en Estados Unidos, tras cuatro victorias consecutivas de Franklin D. Roosevelt, se restringió la reelección a una vez y nunca más.

Pero desde los ’90, gobiernos sudamericanos de derecha (Carlos Menem, Fernando H. Cardoso, Alvaro Uribe y, por un rato, Alberto Fujimori) y de izquierda (Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales) empezaron a reformar constituciones para hacerse reelegir. La ideología era irrelevante, mandaba la ambición. “Presidente que compite, gana” se convirtió en regla de hierro… pero sólo en América del Sur, porque en el norte y centro del continente los intentos fallidos de Jimmy Carter y George Bush, del nicaragüense Daniel Ortega y del dominicano Hipólito Mejía mostraron que no estábamos frente a una ley universal.

La reiterada victoria de los incumbents (funcionarios en ejercicio) casi deja en el olvido a la inestabilidad precedente. Mandatos presidenciales truncos existieron antes y después de la tercera ola de democracia. La diferencia es que hasta 1980 la caída del presidente arrastraba a la democracia, y hoy no. Crisis económicas, juicios políticos y movilizaciones populares acortaron el mandato de gobernantes tan distintos como Carlos Andrés Pérez y Fernando Lugo, Fernando Collor de Mello y Abdalá Bucaram, Raúl Alfonsín y Gonzalo Sánchez de Losada, pero no instalaron dictaduras. La inestabilidad presidencial afectó tanto a insiders como a outsiders, a socialdemócratas como a neoliberales, a corruptos como a honestos.

Es cierto que, en las últimas dos décadas, catorce presidentes sudamericanos fueron reelectos. Salvo Néstor Kirchner, todos los que tuvieron la posibilidad lo intentaron –y todos lo lograron–. Pero durante ese mismo período, trece presidentes electos vieron interrumpido su mandato, y eso sin contar la media docena de sucesores constitucionales que tampoco terminaron, como el boliviano Carlos Mesa o Eduardo Duhalde. En síntesis, la interrupción ha sido tan frecuente como la reelección.

Pero mientras las caídas se concentraron en la década del ’90, las reelecciones lo hicieron en los 2000 –y la memoria, como la mentira, tiene patas cortas–. Dado que los presidentes respondían a distintas ideologías, no se puede culpar al neoliberalismo por una cosa ni al progresismo por la otra.

La causa está en otro lado. Los politólogos brasileños Daniela Campello y Cesar Zucco sugieren una respuesta. En un artículo titulado “Mérito o suerte”, identificaron los determinantes del voto y llegaron a una conclusión: los electores premian o castigan a sus presidentes por causas ajenas a la gestión. El estudio revela que es posible predecir la reelección del presidente o de su partido sin apelar a factores domésticos: basta considerar el precio de los recursos naturales (léase valor de las exportaciones) y la tasa de interés estadounidense (léase valor del crédito y la deuda). En el actual escenario de recesión europea ,bajo crecimiento chino y tasas internacionales por el piso, las condiciones favorables a la reelección se reducen. Raúl Prebisch hoy sería politólogo: al final, los términos de intercambio determinan no sólo la fortuna de los países sino el futuro de sus presidentes. Después de tanto debate sobre el populismo, resulta que los padres de la voluntad política eran la soja y el petróleo.

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La reelección presidencial es una moda, no una regla » Comunicaciones Sudamericanas
4 años atrás

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