La ley de hierro de la política bonaerense

(Columna de María Esperanza Casullo y Santiago A. Rodríguez)

Para ser gobernador de la PBA lo típico fue “bajar” hacia La Plata desde la política nacional y no “subir” desde los territorios. El sucesor de Scioli no sería un intendente en ejercicio.

Hemos venido analizando la realidad de la última década de la provincia de Buenos Aires en una se rie de artículos. En ellos repasamos la consolidación de un voto panperonista amplio (“La provincia de Buenos Aires: ¿Capital nacional del peronismo?” en el estadista 95), la pérdida de atractivo electoral panradical (“La provincia de Buenos Aires y el panradicalismo: una relación difícil”, en el estadista 97) y el balance hegemónico que se juega en el territorio frente a los liderazgos nacionales (“Juegos de hegemonía política en la provincia de Buenos Aires” en el estadista 99). En particular, en este último, señalamos el crecimiento del poder de fuego los intendentes a partir de una relación más directa con la Casa Rosada y como una nueva generación de barones del conurbano parecen vislumbrar que el 2015 es su oportunidad de quedarse con el Gobierno Nacional. ¿Se están anticipando a su tiempo? ¿Están evitando el paso por La Plata?

Un detalle sobre Buenos Aires inquieta. El territorio que mayor preponderancia y votos ha tenido, en particular desde la eliminación del Colegio Electoral y la implementación del voto directo para elegir autoridades nacionales, nunca ha sido gobernado por un intendente. Al menos sin antes pasar por un puesto nacional. Recorriendo la lista de candidatos a gobernador de las principales fuerzas políticas de la PBA de 1983 hasta aquí (un esfuerzo de arqueología política que nos llevó a dilucidar, entre otras cosas, que el candidato de la UCR en 1991 fue el ex ministro de Economía de Illia, Juan Carlos Pugliese y en 1995 no fue Federico Storani, como decía nuestra memoria, sino el lomense Pascual Cappelleri) nos encontramos sin embargo con una hermosa recurrencia.

Observando en el cuadro esta lista con atención no podemos sino percibir un dato incontrastable: ninguno de los gobernadores de la provincia de Buenos Aires “subió” hacia la gobernación directamente desde una intendencia. De hecho, esta regla se mantiene también para los candidatos derrotados a la gobernación de la PBA, con la excepción de Luis Patti en 1999 y Aldo Rico en 2003, los únicos candidatos que eran intendentes al momento de su postulación. Es decir, a pesar de todo lo dicho en las últimas dos décadas sobre “el poder de los barones del conurbano”, “el ascenso de los intendentes” y “la política territorial”, no existe ningún caso en el cual un intendente en funciones haya podido ascender desde su pago chico hacia el sillón de Dardo Rocha. De hecho, prácticamente ninguno lo ha intentado, y ninguno en el caso de los dos grandes partidos, PJ y UCR. Pero hay un segundo hecho, aún más sorprendente. Si miramos la lista de gobernadores electos y candidatos (excluyendo a Armendáriz e Iglesias, ya que nadie provenía de un cargo electivo en 1983, ni podía hacerlo) veremos que la misma incluye tres vicepresidentes de la Nación (Duhalde, Ruckauf y Scioli) y un vicegobernador en ejercicio (Solá).

Los demás candidatos eran todos, al momento de la elección, diputados de la Nación. Con la excepción de Juan Manuela Casella, Juan Carlos Pugliese y Pascual Cappelleri, sin cargos electivos al momento de su postulación.

Es decir, es hasta ahora una trayectoria mucho más típica para ser gobernador el “bajar” hacia La Plata desde la política nacional, ya sea desde el PEN o desde el Congreso, que “subir” desde los territorios. Esto incluye casos como los de Carlos Ruckauf, Daniel Scioli, Francisco De Narváez o Graciela Fernández Meijide que se postularon al cargo máximo de la política provincial virtualmente sin haber tenido actividad política en el distrito. Inversamente, aun aquellos que llegaron a hacerse conocidos desde la política local, como Eduardo Duhalde, realizaron una “pasantía”, por llamarlo de alguna manera, en el Estado Nacional antes de postularse a gobernador.

Esta regla de hierro de la política bonaerense parecería también aplicarse a los candidatos prospectivos para el 2015. Tanto Martín Insaurralde como Darío Giustozzi llegaron a los primeros planos de la política provincial desde una intendencia, pero si se postulan a gobernadores lo harán desde su actual rol de diputados. María Eugenia Vidal, pese a ser oriunda de Caseros, saltaría a la PBA desde su cargo de vicefeja de gobierno de la CABA.

La respuesta de por qué se da este fenómeno requeriría un mayor trabajo de investigación. Sin embargo, a partir de los análisis que hemos llevado adelante, surgen tres hipótesis.

1. La primera es la relación inextricable que tiene la política de la provincia de Buenos Aires con la política nacional. La PBA es una provincia excepcional, en tanto y en cuanto todos y cada uno de los presidentes de la Nación han buscado mantener un cierto grado de control sobre el gobernador bonaerense: de ahí la sucesiva elección de personas cercanas o de supuesta confianza, sobre todo vicepresidentes. Por citar un ejemplo, Duhalde había sido el único intendente del Gran Buenos Aires en apoyar a Menem en la interna de 1988. Además, un gobernador que “baja” a la provincia sin base territorial propia no será visto, probablemente, como una amenaza.

2. La segunda está emparentada con la primera y tiene relación con la necesidad de tener exposición mediática. Para penetrar en la provincia de Buenos Aires es necesario tener presencia en los medios nacionales, ya que si bien hay muchos medios locales ninguno tiene alcance provincial. La visibilización necesaria para cubrir el territorio en su conjunto y llegar, al menos, a las más de doce millones de personas que habitan los 35 municipios más grandes sólo se obtiene desde el faro mediático porteño.

3. Una tercera hipótesis tiene origen en el carácter especial del liderazgo de los intendentes y los muy delicados equilibrios políticos al interior de la provincia. Es probable que, por un lado, el tener un alto porcentaje de votos en un partido no garantice competitividad en elecciones provinciales. Esto sería algo así como que es posible que un elector acepte la continuidad de su propio barón del conurbano y le genere rechazo el ajeno, por más que compartan características: por ejemplo, votantes de la dinastía Posse en San Isidro, que gobierna desde 1983, probablemente rechacen votar a Hugo Curto en una elección a gobernador, y viceversa. Por otra parte, es probable que los propios intendentes no vean con buenos ojos una súbita entronización de un “compañero intendente” (o correligionario) que altere los equilibrios territoriales, siempre delicados, de una provincia tan diversa y conflictiva.

CUATRO COMENTARIOS FINALES

1. La trayectoria de “intendente primero, diputado después” seguida por Sergio Massa es típica de un aspirante a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, pero no así su aparente decisión de competir directamente por la Presidencia, algo que nadie ha hecho del retorno de la democracia hasta aquí. Es una apuesta ambiciosa: a todo o nada. ¿Lo logrará?

2. Darío Giustozzi y Martín Insaurralde parecerían tener el perfil más ajustado a una postulación exitosa. María Eugenia Vidal sería el primer caso de un “pase” de la política territorial de la CABA directamente a la PBA, sin pasar por el Congreso primero. Decimos “sin pasar primero por el Congreso” porque la ciudad de Buenos Aires parece tener un grado desmedido de influencia sobre su antiguo territorio. Fernández Meijide, Ruckauf, Scioli y Manes son productos políticos de la CABA.

3. Si la provincia fuera dividida, como propone Andrés Malamud, es probable que los futuros gobernadores no fueran vistos como una potencial amenaza para la presidencia de la Nación y que esto permitiera terminar con el interés del Ejecutivo por tener injerencia en su elección. Tal vez, otro argumento más en esta cruzada.

4. La elección del 2015 se presenta sumamente confusa. Tenemos un candidato (Insaurralde), que podría presentarse tanto por el FpV como por el FR. Su mayor obstáculo dentro del FR es otro exintendente, Giustozzi. El FAU no tiene candidato, en términos prácticos, para el distrito más importante del país. El FpV tiene una inusitada multiplicación de candidatos a presidente pero, para la gobernación, el que mejor mide en las encuestas parecería tener un pie dentro y otro afuera del partido, y animosidad no le falta.

Es difícil saber quién será el próximo gobernador de la PBA pero hoy, salvo que surja alguien como excepción que confirma la regla (Posse te estamos mirando), sabemos una cosa: no será un intendente en ejercicio.

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