¿Un electorado de tercios o de cuartos?

(Columna de Luis Tonelli, director de la carrera de Ciencia Política de la FSOC-UBA)

Pese a las diferencias que tienen entre ellos, hay incentivos para que el no peronismo confluya si pretende ganar

Peronistas, panradicales, independientes, ¿está el electorado argentino dividido en tres partes? Algunos contestan afirmativamente a esta pregunta, sin mensurar el tamaño de cada sector (aunque las encuestas muestran que, en el conurbano y la CABA hay 20% del electorado que jamás votaría peronista, y otra tanto que dice que jamás votaría radical, lo cual implica al menos 40% que posee algún tipo de identificación política, aunque más no sea negativa). Dato que, de todas maneras hay que tomar con cierta reserva, porque, dicho eso, los entrevistados que dijeron que jamás votarían por una determinada fuerza, sí lo harían por algún candidato de esa extracción política. Cosas de la democracia liquida, diría Baumann.

Es obvio que al electorado argentino se lo puede interpelar con otros interrogantes, y las divisiones serían también posiblemente diferentes. Por ejemplo, si se le pregunta en términos de ciertas políticas públicas, verbi gratia, la Asignación Universal por Hijo, ella tiene niveles de aceptación importantes (y sólo un sector que uno presume bien virado a la derecha dice que hay que eliminarla). Lo mismo sucede con las retenciones al agro: menos de un tercio está de acuerdo con cancelar esa contribución. Sin embargo, muchos de esos “derechistas” se manifiestan completamente en contra de la reducción de subsidios. Parafraseando la frase de la película Nueve Reinas, “Populistas somos todos. Lo que falta es plata”.

Y ni que hablar de la cuestión de la “inseguridad”, que preocupa a todos los sectores sociales con igual intensidad y preocupación. Electoralmente hablando, la inseguridad parece ser un problema que se vota en las elecciones de renovación parlamentaria pero que no es tenido en cuenta demasiado en las presidenciales. Fue el caballito de batalla con el que Francisco de Narváez batió en el 2009 a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires (aunque algunos atribuyan gran parte de sus votos, no a ese plan nunca exhibido en detalle, sino a los que cosechó su clon de Tinelli con su “alica, alicate”). El tema luego brilló por su ausencia en las presidenciales del 2011 pero reemergió en la campaña a diputado de Sergio Massa: la imagen de Tigre custodiado por un Big Brother transformó a esa ciudad del Delta en un verdadero Shangri-La para la clase media.

Hoy, sin embargo, da la impresión de que el tema será importante en la próxima contienda presidencial: hasta ahora se pensaba que el Estado podía hacer poco y nada frente a su incremento, pero el clima de desesperación que se ha instalado insta a que la “política haga cualquier cosa”. De allí, la reacción de Daniel Scioli declarando la “emergencia provincial ante la crisis de inseguridad”.

Más allá de los temas que el electorado haga suyo y que los candidatos los exploten en mejor provecho suyo, las elecciones no son nunca una estantería de hipermercado con una oferta interminable de productos sino que, afortunadamente, se reduce a unos pocos candidatos decantados por sus posibilidades reales. Aun así, la fragmentación electoral es el principal problema político que enfrenta nuestra democracia o, mejor dicho, la distancia entre el oficialismo y la dispersión de las otras fuerzas. Hasta se podría argumentar, si comparamos las elecciones del 2003 con las siguientes, que la fragmentación cruza a todo el espectro político, pero que contar con los recursos estatales (en épocas de bonanza) marca una enorme diferencia en la competencia electoral. Incluso, la teoría de juegos podría darle la razón a los que se resignan a ir solos en una elección que ya está ganada por uno de los contrincantes –en lugar de hacer una coalición perdedora y que encima los desdibujaría políticamente–. Es lo que le ha venido sucediendo a la oposición frente al kirchnerismo rampante de esta década.

Sin embargo, al deterioro electoral que el oficialismo ha sufrido, se le suma la imposibilidad de reelección de la única que podría ser su candidata competitiva: la mismísima Presidenta. Es casi como la vuelta al 2003, de nuevo aparece la fragmentación pese a toda el agua que circuló bajo el puente. Y así, y por ahora, cabe el disclaimer, los tercios iniciales (peronismo, panradicalismo e independientes) se convierten en cuatro zonas de competencia, con fronteras móviles:

Zona 1, el magma del peronismo oficial, con gobernadores e intendentes fingiendo el síndrome de Estocolmo: posan contentos en la Casa Rosada cuando muchos quisieran sacarse ya el salvavidas de plomo que es hoy el kirchnerismo para ir por los no tiffossi. La visita inesperada del “Chino” Zannini a la reunión de gobernadores del PJ en Remonta y Veterinaria, más que lograr disciplinarlos, los espantó. Ese gran armador en las sombras, el gobernador J. Luis Gioja, que había vuelto a retomar las riendas del PJ luego de su accidente, fue el más afectado por la demostración de fuerza/ impotencia del secretario Legal y Técnico. De nada valió la fe peronista que el ex maoísta manifestó a las pocas horas en un acto oficial. José Manuel de la Sota, como represalia, comenzó el coqueteo público con Massa, aunque privadamente son muchos más los que hoy le prodigan afecto. El candidato de este espacio invertebrado mejor posicionado es Daniel Scioli, aunque se anotan varios, entre ellos, el inquieto Florencio Randazzo (que viene por los palos) y el voluntarioso Sergio Uribarri.

Zona 2, la coalición UCR-socialismo y satélites varios, sin todavía encontrar un candidato “natural”, integrando ese pelotón Ernesto Sanz, Julio Cobos, Hermes Binner, Elisa Carrió, etcétera. Hasta ahora todos han venido haciendo los deberes, y moderado la guerra de egos, cosa que es todo un detalle.

La Zona 3 y la Zona 4 son unipersonales: una está dominada por ese velociraptor llamado Massa (que combina la audacia de Kirchner y el manejo mediático de Scioli), y la otra por una personalidad pura de la Nueva Política, el ingenierio Mauricio Macri, que no se desprende de su factotum Jaime Durán Barba, pese a la tendencia del ecuatoriano a hablarse encima y a alabar a cierto cabo austríaco. Y bueno, Woody Allen confesaba que evitaba escuchar demasiado a Wagner porque le daban unas ganas locas de conquistar Polonia. Hoy prevalece en las encuestas la Zona 3, la liderada por el ex intendente de Tigre, quien es un típico nueve de área: si le llega la pelota, es gol. Y hasta ahora, Gobierno y oposición le han puesto todos los fulbitos al pecho y él, los ha embocado todos.

Por eso es imperioso para las otras zonas, recuperar la pelota, controlando el medio campo (perdón por la insufrible metáfora futbolera). Una cuestión meramente numérica: si se unen dos zonas, tienen mucha más probabilidad de ganar que yendo separadas. Pero una PASO entre Scioli y Massa aparece hoy como muy improbable, aunque el que saliera de allí sería el ganador (¡ceteris paribus!). Se sabe que el magma peronista, luego de las primarias, irá como siempre raudo en ayuda del vencedor.

Queda la posible convergencia entre las zonas 3 y 4, que presenta el típico inconveniente de las divergencias entre los miembros activos partidarios y sus electores. No hay muchas diferencias entre el elector que vota PRO y el que vota UCR o socialismo. Si las hay entre el posicionamiento ideal de los rank and files partidarios en ambos viejos partidos. Es difícil así hoy imaginar unas PASO en las que participen Macri, Cobos, Sanz y Binner. Pero también es cierto que la necesidad electoral puede llegar a tener cara de hereje ideológico.

Si el “no peronismo” es incapaz de concentrar un voto que va de centro izquierda a centro derecha (como lo hizo Alfonsín en 1983 o la Alianza en 1999), perderá contra el peronismo o el filoperonismo, que ahora encima avanza desprejuiciado, con Massa como ariete, sobre el “no peronismo”.

Interrogantes que comenzarán a ser respondidos en breve, así que no se impacienten: ya llega de nuevo Gran Cuñado… ¡En fin!

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2 Respuestas a ¿Un electorado de tercios o de cuartos?

  1. rib dijo:

    quienes venimos alentando
    la formación del bloque frente amplio unen
    sabemos que solo hay tres bloques ideológicos en la argentina
    la socialdemocracia, el socialcristianismo
    y el cristiano marxismo

    http://rib-moregeometrico.blogspot.com.ar/2011/07/set-theories.html

    a 40 años de la fractura del frejuli … claro

  2. Pingback: ¿Un electorado de tercios o de cuartos? » Comunicaciones Sudamericanas

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