¿A qué se le debe prestar atención?

(Columna del politólogo y consultor Carlos Fara)

Los cinco mensajes que envió el electorado

Octubre ratificó agosto. La mayor diferencia de Sergio Massa sobre Martín Insaurralde es lo más impactante para los medios, pero no lo debe ser para la política. Números más, números menos, el electorado terminó confirmando al menos cinco mensajes que ya había dado en las PASO: 1) No a la re-reelección de Cristina, 2) severa advertencia a la continuidad del kirchnerismo en el poder, 3) quitarle poder al Gobierno para no dárselo a nadie en especial, 4) la conformación de la grilla de presidenciables 2015, pero sin candidato favorito aún, y 5) la demanda de un polo no peronista.

Despejado el triunfo de Massa, proponemos prestarle atención a cinco fenómenos un poco escondidos a simple vista:

– Después de 10 años en el Gobierno, el kirchnerismo tiene un tercio de los votos a nivel nacional, lo cual no es poco en el contexto en el cual se desarrolló la elección, con el cansancio que se registraba tanto respecto al estilo de liderazgo, como hacia el modelo económico, y en una elección legislativa donde los votos siempre se diluyen. El FpV obtuvo más votos en términos absolutos en 19 de los 24 distritos electorales. En el total sumó unos 550.000 votos.

– Esta mejor performance del oficialismo desmiente la hipótesis según la cual el triunfo de Massa en agosto iba a drenar votos peronistas hacia el ganador: Insaurralde no solo no desmejoró la elección de las PASO, incluso la mejoró en 110.000 votos aproximadamente (según los datos provisorios). Esto se explica porque el voto kirchnerista es probablemente el más sólido de todos los segmentos electorales y el que posee el piso más alto. Por lo tanto, será un protagonista importante en 2015.

– La mayor diferencia de Massa hace que termine construyendo un triunfo que se asemeja un poco más al de Francisco de Narváez de 2009 en sus características estructurales: barre en zona norte del GBA y crece mucho en el interior. La gran diferencia estriba en que en esta vuelta se impuso en la Tercera Sección Electoral (sur y oeste del cordón urbano, que incluye a La Matanza). ¿Fenómeno electoral o defección de algunos intendentes? La respuesta estará en el análisis fino de los resultados municipio por municipio, y comparando el desempeño de las diferentes listas en el nivel nacional, provincial y local.

– Siempre es un desafío político repetir una primera buena elección cuando no se posee el aparato del Estado y los aportes privados no miran con excesiva simpatía. Este es el caso del radicalismo. A diferencia del Frente para la Victoria, el PRO y varios peronismos disidentes (Massa, José Manuel de la Sota, Daniel Peralta), la UCR y sus aliados sólo poseen un esquema estatal en Santa Fe y Corrientes, más algunas intendencias. En varias provincias el aporte privado –especialmente agropecuario– fluyó sobre todo hacia el partido de Mauricio Macri, pero fueron reticentes a los seguidores de Alem e Yrigoyen. El Frente para la Victoria ajustó las marcas en octubre, siendo que en agosto había tenido una actitud un poco displicente frente a la elección. Tratándose de dos campañas integras con todo lo que eso implica en materia de recursos (pese a que la nueva ley evita a los partidos los costos del pautado en medios electrónicos, está claro que la competencia electoral dista mucho de ser equitativa cuando no se controla algún aparato estatal), existía en el radicalismo el temor de no poder repetir el desempeño de las PASO: el kirchnerismo iba a ser más controlador sobre los medios, los punteros, los votantes con asistencia clientelar, etcétera. Finalmente hubo luces –el triunfo en Jujuy y el gran crecimiento en Tucumán– y sombras –la debilidad en la provincia de Buenos Aires–. Pero en el balance general pudo mantenerse en su rol de segunda fuerza nacional.

– Otros fenómenos más puntuales que sucedieron el domingo 27 de octubre pueden ser típicos de una elección legislativa, como sucede con la buena elección de la izquierda. En un contexto donde se ha renovado cierta crítica global a la dirigencia política y donde se desdibuja algo del relato oficialista, era esperable que con campañas agradables, no agresivas, una comunicación no ideologizada, parándose en problemas concretos de la gente, la izquierda pudiera realizar un buen desempeño. Este récord contrasta con la mala actuación del eje Lozano – De Gennaro – CTA crítica, que hicieron una muy mala elección tanto en Capital como en PBA.

Quedarán sin dudas varios hechos para dilucidar poniendo una lupa sobre los resultados definitivos, que siempre terminan escondiendo alguna pequeña sorpresa.

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