La generación intermedia

(Columna de Martín Rodríguez)

La generación intermedia, que se hizo fuerte durante los años de kirchnerismo, tarde o temprano gobernará la Argentina.

El debilitado mundo de las encuestas da a conocer que hay dos políticos que tienen el camino liso al 2015: Daniel Scioli y Sergio Massa. ¿Y qué tienen en común estos dos políticos? Todo. Absolutamente todo. De eso va este ADN sobre la nueva generación política que ocupa el escenario. Digámoslo así: se trata de una generación que tarde o temprano gobernará la Argentina.

Es una generación cuya ubicación política es (casi) exclusiva: el peronismo. Comprende una franja etaria más o menos elástica, toda entre los cuarenta y los cincuenta años. Los hay menores, los hay levemente mayores. De aspecto juvenil, deportivo, con bajas calorías ideológicas y un modo de moverse en los medios: como peces en el agua. Son amigos de Jorge Rial, de Mirtha Legrand, de los Pimpinella, de Tinelli, de la crema. Es la “generación intermedia”.

Paradójicamente, se hicieron fuertes en los años de kirchnerismo, los años en que volvió la palabra gestión, claro que envuelta en brumas ideológicas que, calculan ellos, se puede disipar. Gestionar con la guía del sentido común y del deseo de “normalidad” que –dicen, piensan, intuyen– habita en el corazón bucólico de cada argentino y argentina.

¿Cuáles son las generaciones políticas del presente? La primera a nombrar, de mayor a menor, es la que está en retirada: la generación de Alfonsín (Cafiero, Menem, Duhalde), los que se hicieron cargo del tramiterío de la transición democrática e impusieron un modo herbívoro para lidiar (y lidiaron) con los llamados “poderes fácticos” (militares, Iglesia, Clarín, campo); la segunda es la generación del setenta (hoy en el poder), cuya combinación de ideología y pragmatismo acentuó en los años kirchneristas un resultado: la política para los políticos; devolvieron el sistema de decisiones al Estado. Luego, esta generación intermedia de la que hablamos, que serían los hijos deportistas de la generación Alfonsín-Cafiero y, por último, la generación de la juventud kirchnerista, que son hijos de los años ’70. O, podríamos decir: la juventud de la era kirchnerista. Algo que excede a La Cámpora, y que incluye juventudes socialistas, trotskistas, radicales o sindicales también. Todos más ligados a fenómenos de participación que de representación.

CARACTERISTICAS

El primer rasgo de la generación intermedia es que parecen ser exclusivamente peronistas. ¿Por qué? Porque ahí está el poder. Y conciben al peronismo como partido de Estado. Trazaron sus carreras políticas con itinerarios electorales y la legitimidad de los votos, modulando cada signo de los tiempos: menemistas, duhaldistas, kirchneristas. No conocen las frases de Juan Domingo Perón de memoria, pero saben cómo ganar una elección y cómo producir identificación con la gente. Hablan de sus vidas privadas y de ella extraen la posibilidad de constituir un relato colectivo: el brazo que perdieron, el cáncer del que se recuperaron, la empresa que forjaron los abuelos, la mamá docente, y así.

Son útiles adonde dice el partido (sus líderes) y ahí llegan con sus votos. Massa amaneció en San Martín y un día se mudó a Tigre, la Miami del conurbano, plataforma ideal para cualquier aspiración. Scioli hacía base en el Abasto pacificado de los ’90 y a instancias de Néstor Kirchner terminó siendo el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Los nombres de esta generación conforman una lista provisoria: Scioli y Massa, por empezar, y luego se suman Urtubey, Capitanich, Boudou, Insaurralde…y se completa con uno aparentemente “extranjero”: Macri.

Es una lista abierta pero que en todos los casos se ciñe a perfiles ejecutivos. No tiene diputados, y sus contemporáneos socialistas, radicales, liberales, etcétera, mantienen principios ideológicos o pertenencias más inalterables. La generación intermedia se trata de nativos del peronismo cuya adolescencia procede –en el mejor de los casos– del liberalismo militante, hasta que ingresaron al peronismo de los ’90.

Scioli reconoce su origen político en una familia radical, pero su salto a la política se dio empujado por un presidente peronista (Menem) quien buscaba reemplazos populares para un elenco desgastado: Scioli, Reutemann y Ramón “Palito” Ortega. Mientras “Chacho” Alvarez convocaba a Aníbal Ibarra, a monseñor Jaime De Nevárez o a Graciela Fernández Meijide. Uno miraba la revista Caras, el otro el diario Página 12. Pero así, fuera de los partidos, los dos políticos más importantes de la década del 90, planificaban las renovaciones.

Como decíamos, hay uno de estos “intermedios” por fuera del peronismo: Macri. Un nombre polémico. Podría haber sido peronista (sus cercanías con Menem, con Duhalde, con Felipe Solá, etcétera, lo demuestran) pero prefirió un camino propio con un partido nuevo, que resultó un bastión capitalino, y que comenzó una lenta y relativamente exitosa conquista en algunos distritos como Santa Fe y Córdoba. Pero me atrevo a decir –con dudas– que aún a esta altura resulta un peronista potencial. Dijimos que es creador de un partido heterogéneo, todo lo heterogéneo del centro a la derecha que se puede ser, y que incluye figuras peronistas decisivas para su esquema territorial (Santilli y Ritondo).

A su vez, la consistencia orgánica del PRO es lo suficientemente gaseosa como para –en tal caso– organizar su salto al peronismo cuando quede “vacante” de un nuevo liderazgo. ¿Qué separa a Miguel Del Sel de un peronismo conservador, reutemannista? ¿Qué separa a Baldassi del delasotismo? ¿No es un secreto a voces su reciente acuerdo con Massa por más dificultades que tenga la publicidad del acuerdo? Por ahora su decisión es sostener y hacer crecer “lo nuevo”.

Pero si los otros intermedios son hijos de Menem y Duhalde, Mauricio es un hijo de Franco que “no es lo mismo, pero es igual”, con lo que su conocimiento del peronismo, sobre todo del peronismo no kirchnerista, es total e histórico. Volvemos. Si a la generación intermedia le toca la administración del tan mentado poskirchnerismo, surgen algunas dudas. ¿Hay en ese nuevo municipalismo y su venta de “sintonías finas de gestión” una visión de Estado y de Nación? ¿Son capaces de comprender que las gestiones se sostienen sobre acuerdos y esquemas de gobernabilidad, algo que tiene sus soportes “por izquierda”? ¿Comprenden que el lugar de lo político luego de esta década no es el mismo que el que tenía la política una década atrás? Es decir, ¿comprenden que no se puede llegar al poder para empezar a perderlo?

Su presencia parece una objeción práctica al estilo confrontativo del kirchnerismo, aunque alguno de ellos se ponga al hombro actualmente la campaña del FpV. Scioli resultó leal en cada situación crítica (crisis del campo o testimoniales de 2009). La presencia central de estas figuras es producto del “vaso medio lleno” del orden de esta década. Quizás serán garantía de continuidades, y harán equilibrio para que las rupturas sean lo menos mortificantes posibles. No saben si devaluarán, si mantendrán acuerdos comerciales con Venezuela o para qué lado es su juego en el Consejo del Salario. Lo evaluarán “en situación”, aunque sus asesores y los pocos diagnósticos que arrojan iluminen algo. Lo que es seguro es que su intuición contradice la fórmula kirchnerista: no tener problema es su variable de éxito.

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3 Respuestas a La generación intermedia

  1. Pingback: La política, los árboles y el bosque | El blog de Abel

  2. Es un hallazgo encontrar a alguien que realmente sabe lo que están hablando en Internet . Queda claro, que sabes cómo llevar un blog a la luz y que sea ameno. Más personas tiene que leer esto.

  3. Pingback: ¿Se viene la generación de Scioli, Massa y Boudou? – 2da. parte | El blog de Abel

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