La oposición no debe subestimar al kirchnerismo

(Columna de María Esperanza Casullo)

Hoy, como ayer, quien subestima la capacidad electoral del oficialismo lo hace bajo su propio riesgo. Los 4 puntales de su fortaleza.

Entramos, una vez más, en la recta final de una elección de medio término. Como desde hace diez años, se enfrentan en esta doble elección (las PASO más las elecciones generales) una serie de listas articuladas desde el Gobierno Nacional (que, a diferencia del peronismo en los años de Carlos Menem, no deja mucha autonomía a los liderazgos provinciales en el armado de las alternativas electorales), con un archipiélago de opciones que van desde la centroderecha hasta la izquierda más dogmática.

A diferencia de 2011, campea en los opositores una sensación de optimismo. Cristina Kirchner no tiene posibilidad de re-reelección, no hay un sucesor claramente definido como podría haberlo sido Néstor Kirchner, lejos quedaron los años de crecimiento de la economía a tasas chinas, y el Gobierno viene de un año de desgaste frente a sectores de la opinión pública que se expresaron en varios cacerolazos masivos. Varios políticos y analistas han planteado que ahora sí estamos entrando (o ya hemos entrado) en el “fin de ciclo” del kirchnerismo y que estas elecciones entregarán un resultado igual de adverso para el Gobierno que el del 2009. O aún más.

Ciertamente, las encuestas de los últimos meses marcaron una caída en la imagen de Cristina Kirchner y la aparición de una expectativa social con el lanzamiento de la candidatura de Sergio Massa. Es cierto que, dada la imposibilidad de la Presidenta de ser reelecta seguramente en diciembre de 2015 veremos un gobierno que, provenga de donde proviniere, no será “el kirchnerismo” , tal como lo conocimos hasta ahora; también es posible, inclusive probable, que la lista de Sergio Massa gane su elección en provincia de Buenos Aires. Sin embargo, hay que señalar que los relatos extremadamente optimistas de ciertos opositores, que dan al kirchnerismo ya por concluido y terminado, pueden resultar paradójicamente en un diagnóstico demasiado favorable, que ignore que hoy, como ayer, quien subestima la capacidad electoral del kirchnerismo lo hace bajo su propio riesgo. Esto, por varios factores.

1. Las elecciones legislativas se ganan en los territorios, no en la zona metropolitana de la CABA. En todas las elecciones, pero aún más en las que carecen del efecto centrífugo de una única candidatura presidencial, es clave el factor territorial, es decir, la campaña que hagan por una u otra lista los gobernadores, intendentes y demás figuras con peso territorial. Y, a pesar de que ciertamente los gobernadores e intendentes del PJ están comenzando a evaluar escenarios posibles para la salida de la hegemonía kirchnerista (Massa es el emergente de este proceso), aún no se ha producido el éxodo masivo hacia afuera que muchos prometían. La candidatura de Martín Insaurralde, el apoyo de varios gobernadores, la rebelión de los concejales kirchneristas del partido de San Martín y la carta de apoyo de 70 intendentes de la PBA muestran que el pie territorial del kircherismo, aunque tal vez más reducido, existe.

2. Cristina Kirchner ha mostrado una gran capacidad para adaptar las campañas del kirchnerismo a las necesidades del momento. Un dato que suele pasarse por alto es que Cristina demostró ser mejor armando campañas electorales que el mismo Néstor Kirchner. Por supuesto, separar las decisiones de Néstor y Cristina Kirchner en un punto es ilusorio, pero no hay que olvidar que algunas decisiones desastrosas del 2009, como adelantar las elecciones y las candidaturas testimoniales, se dieron en una campaña que manejó personalmente Néstor Kirchner. Desde el 2008 hasta aquí, Cristina Fernández ha demostrado tener más capacidad de adaptación de la que muchos le reconocen: por ejemplo, se adaptó muy bien a una campaña más cálida, positiva y menos confrontativa en el 2011; este año, por caso, contra lo que muchos suponían, tuvo la capacidad de relegar al armado de Unidos y Organizados en las listas y darle centralidad en la campaña a intendentes y dirigentes territoriales, aun al supuestamente enfrentado Daniel Scioli.

3. El kirchnerismo existe como identidad política. Algunos análisis explican la persistencia de ciertos apoyos de gobernadores, intendentes, sindicalistas y dirigentes sociales al kirchnerismo sólo en términos del clientelismo, “la caja” o “la política de la lapicera”. Por supuesto, nadie cometerá la ingenuidad de negar la importancia de la capacidad del titular del Poder Ejecutivo Nacional de firmar expedientes, o no hacerlo; sin embargo, estos análisis a menudo pasan por alto que la identidad kirchnerista existe. Algunos (no todos) sectores sindicales, algunas (no todas) agrupaciones juveniles, algunos (no todos) gobernadores e intendentes se sienten auténticamente kirchneristas y militan con un plus agregado. Este factor no explica por sí sólo el éxito electoral del kirchnerismo, pero no puede ni debe ser negado.

4. Es muy difícil articular un discurso alternativo atractivo. El ciclo kirchnerista ha sido largo, y acumula cuellos de botella, malas decisiones y problemas no resueltos; esto es evidente. Esto no quita, sin embargo, que es innegable que ninguna de las figuras opositoras ha podido hasta ahora articular un discurso de poder atractivo y positivo. La crisis regional, si no mundial, de la concepción tecnocrática-liberal del mundo y el relativo agotamiento de los discursos mainstream de la gobernabilidad económica impiden la recurrencia a discursos armados de antemano, como los que abundaron en los ‘90. La denuncia constante no se traduce, por sí sola, en un programa de gobierno alternativo y, más aún, a veces refuerza una idea de que las fuerzas opositoras están más preparadas para controlar al Ejecutivo que para gobernar ellas mismas.

En definitiva: no hay que subestimar la capacidad de maniobra del Gobierno aun en una circunstancia adversa, ni el mucho trabajo, coordinación y creatividad que deberán mostrar las fuerzas opositoras para aprovechar esta circunstancia favorable.

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