Historia: Las elecciones que nacieron del acuerdo entre Menem y Alfonsín

El oficialismo consiguió lo que buscaba y el radicalismo también, pero pagó un precio alto en las elecciones posteriores

Luego del amplio triunfo en las elecciones legislativas de 1993, Carlos Menem decidió avanzar en el proceso de reforma de la Constitución que le permitiese aspirar a un nuevo mandato presidencial. Para lograr ese objetivo utilizó diversos mecanismos de presión. El Senado declaró la necesidad de la reforma y se convocó a un plebiscito para que la ciudadanía manifestase sobre la cuestión. También se impulsaba en la Cámara de Diputados una ley interpretativa del artículo 30 de la CN que sostenía que para declarar la necesidad de la reforma no era necesario el voto de los dos tercios de los integrantes de cada una de las cámaras, sino que era suficiente con el apoyo de dos tercios de los presentes.

Los partidos de la oposición se oponían a la iniciativa por entender que el único interés que tenía el oficialismo era permitir la reelección presidencial.

En ese contexto parecía casi imposible lograr algún acuerdo. Sin embargo, el escenario cambió cuando Raúl Alfonsín entendió que el Gobierno seguiría adelante con su proyecto y lograría concretar una reforma de la Constitución cuyo contenido no representaría un avance democrático sino un retroceso. Por otra parte, varios gobernadores radicales estaban a favor de la reforma y apoyaban la idea del plebiscito.

A partir de entonces Alfonsín entendió que lo mejor era intentar una negociación pese a la resistencia que generaba en otros sectores del radicalismo la posibilidad de acordar una reforma. El cambio de estrategia de Alfonsín se plasmó en el Pacto de Olivos que selló con Menem en diciembre de 1993 a partir del cual empezó todo el proceso de reforma. Como en otros países de la región, la reforma de la Constitución fue posible a partir del acuerdo entre diferentes partidos que, incluso, tenían objetivos distintos –y hasta contradictorios– al impulsar el cambio de la Carta Magna.

En la Argentina eso fue evidente porque mientras Menem buscaba acceder a otro mandato, Alfonsín procuraba limitar el poder presidencial. Cuando el Congreso declaró la necesidad de la reforma en los últimos días de 1993 se habilitaron una serie de temas para que fueran discutidos por los constituyentes y se estableció que el “núcleo de coincidencias básicas” se trataría en bloque e incluía temas como el jefe de Gabinete, la reelección presidencial inmediata, la elección directa de tres senadores por provincia, la creación del Consejo de la Magistratura y el sistema de doble vuelta, entre otros.

Pero para llegar a un acuerdo se recorrió un largo camino. También pesaban los antecedentes ya que en 1949 el peronismo impuso una reforma contra los demás sectores, en 1957 se hizo una reforma con el peronismo proscripto y en 1972 los militares introdujeron cambios en la Carta Magna que rigieron para las elecciones de 1973. Volver a tener una Constitución avalada por un solo sector era un precio que no podía volver a pagarse. Menem siempre había sostenido aun antes de ser presidente y cuando gobernaba Alfonsín que era necesario reformar la Constitución y habilitar la reelección presidencial.

También Alfonsín había impulsado durante su gobierno la idea de la reforma constitucional y el Consejo para la Consolidación de la Democracia que él había constituido elaboró una serie de pautas para reformar la Constitución. Es decir que la idea estaba instalada en la sociedad y más allá del debate sobre si el único motivo del Gobierno era lograr la reelección había consenso sobre reformar distintos aspectos del la Constitución.

La circunstancia fue aprovechada por el radicalismo para incorporar una serie de cambios en los cuales había tanto convicciones como conveniencia porque le permitía incorporar una serie de instituciones que fortalecían la idea de un sistema bipartidista. Las elecciones de constituyentes realizada el 10 de abril de 1994 fue una de las menos polarizadas desde el retorno de la democracia. El PJ logró el 38% de los votos y la UCR casi el 20% por lo cual el 42% de los votantes se inclinó por otras opciones. Pero entre ambos reunieron 208 convencionales sobre un total de 305 lo que aseguró que se aprobaría el núcleo de coincidencias básicas que en su momento acordaron Carlos Menem y Raúl Alfonsín.

Hubo otras fuerzas que también lograron una importante cantidad de votos. El Frente Grande que llevó como candidatos a sus principales figuras obtuvo el 13,2% de los votos que le representaron 31 convencionales y el Modin, liderado por Aldo Rico, logró 9,2% y 21. En el caso del peronismo casi todos los jefes territoriales encabezaron las listas de sus provincias. Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner entre ellos.

Claro que la UCR pagaría también un costo, dado que el eje que dividía a la oposición del oficialismo era la posición con relación a la reforma. Al cruzar la raya la UCR dejó vacante un espacio que llenaría el Frente Grande primero y el Frepaso al año siguiente.

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