Kirchneristas son todos

Podríamos dividir el mapa político entre kirchneristas puros, kirchneristas moderados, aliados kirchneristas, ex kirchneristas, y un resto más bien pequeño

En el universo de las máximas peronistas, una de las más citadas es la panorámica que el General le dio a un periodista sobre el sistema de partidos argentino. Era 1972, y dijo que había un 30% de radicales, otro 30% de conservadores y otro 30% de socialistas. “Pero, General, ¿y dónde están los peronistas?”, preguntó. “¡Ah, no, peronistas son todos!”, respondió Perón.

Perón estaba proyectando su deseo. Porque la cosa no era tan así. A pesar de su gran plasticidad para absorber a dirigentes y votantes provenientes de otras tradiciones, y para albergar a las más diversas variantes ideológicas en el seno del partido, el peronismo competía con otros partidos establecidos, y existía una diferenciación reconocida entre el peronismo y la oposición, en términos de organización e identidad partidaria. No obstante, en el nivel de la oferta de dirigentes, lo que Perón no pudo lograr sí lo hizo Kirchner.

No todos eran peronistas en los cincuenta o los setenta, pero en los tiempos que corren tal vez sí podamos decir que todos son kirchneristas. El lanzamiento en Córdoba de la nueva corriente del peronismo disidente mostró algo que no estaba presente en los frentes electorales “peronistas no K” creados por políticos prekirchneristas como el ex presidente Eduardo Duhalde o los hermanos Rodríguez Saá entre 2005 y 2011.

En la foto del 1° de mayo se destacaban los ex kirchneristas. José Manuel De la Sota, Hugo Moyano y Roberto Lavagna -la única excepción era De Narváez-, alguna vez participaron de la coalición oficialista. La lista no se agota en ellos. En las pantallas de la televisión, vemos con frecuencia a dirigentes opositores de la talla de Alberto Fernández, Martín Redrado, Felipe Solá, Julio Bárbaro, Daniel Peralta, Mario Das Neves o Martín Lousteau, que alguna vez revistaron como importantes funcionarios de las administraciones kirchneristas, o como candidatos en las listas del FpV. El peronismo disidente mutó en kirchnerismo disidente. Algunos de ellos, tal vez porque es necesario para justificar su confusa identidad política, hasta reivindican a Néstor Kirchner y distinguen “nestorismo” de “cristinismo”.

Los ex kirchneristas no sólo militan en identidades proto-peronistas. En el FAP, el senador Luis Juez o los libresureños Victoria Donda, Humberto Tumini y Jorge Ceballos fueron notorios kirchneristas. Todo indica que podríamos agregar a la lista al ex presidente del Banco Central del primer gobierno kirchnerista, Alfonso Prat Gay. Y la UCR, que supo dividirse entre “radicales-radicales” y “radikales”, tiene como presidenciable destacado al ex vicepresidente de Cristina Kirchner, Julio Cobos. De los cuatro principales nucleamientos opositores, el único que se encuentra relativamente libre de kirchnerismo es el PRO.

Por otra parte, está el fenómeno, también en ascenso, de los kirchneristas moderados. Los gobernadores Daniel Scioli y Juan Manuel Urtubey, y el intendente Sergio Massa, integran una franja no menor de cargos electivos y funcionarios importantes que forman parte de la coalición pero con cierta autonomía y diálogo con los ex kirchneristas. Tal es la expectativa y la confusión que genera la ambigua posición de estos precandidatos que todos los días en la prensa opositora se publican notas que especulan sobre el momento en que romperán con la Presidenta.

Así, corrosivamente, podríamos dividir el mapa político argentino entre kirchneristas puros, kirchneristas moderados, aliados kirchneristas, ex kirchneristas, y un resto más bien pequeño. Esto que sucede, que es bastante inusual, merece más de una explicación. Por un lado, habla de lo que fue y es el kirchnerismo.

Tras la crisis de 2001 no quedó nada en pie, y el kirchnerismo llegó a serlo todo. La Francia de De Gaulle, la Colombia de Uribe y el Ecuador de Gutiérrez-Correa pasó algo similar: en una coyuntura crítica surgió una nueva dirigencia, y el sistema se reacomodó a partir de un conjunto de políticos que, inicialmente, era uno y provenía de un mismo espacio. También incidió un Estado que concentró buena parte de los recursos fiscales y atrajo desde ese lugar a diversas voluntades, tema sobre el que se escribió bastante.

Otra cuestión, yendo ahora hacia adelante, que se deriva de la kirchnerización, es una probable continuidad programática. Los diversos kirchnerismos que coexisten en el mapa político argentino están separados por una retórica inflamada -lo que es entendible, porque de alguna forma hay que diferenciarsepero unidos por la cercanía de sus posiciones e ideas. ¿Cuán diferentes pueden ser las economías políticas de Lavagna, Luis Juez, Scioli y Sergio Urribarri? Los políticos, es cierto, pueden cambiar de ideología, pero si toda una generación comparte un mismo origen, es probable que algunas políticas perduren un poco más.

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