Hay riesgos para todos

(Columna de Carlos Fara)

Los principales actores políticos están frente a oportunidades pero las amenazas no son menores.

En la Argentina hay Fútbol para Todos, Obras para Todos y también riesgos para todos. La elección de 2013 es clave: todos corren riesgos y tienen grandes oportunidades. Veamos cuál es el estado de los principales actores políticos:

CFK / el Gobierno Nacional: no está en su mejor momento (2011), pero tampoco en el peor (2008-2009). Está en una situación intermedia que le genera problemas obvios, pero también algunas oportunidades. El oficialismo está en perfectas condiciones de ganar la elección de medio término siendo una primera minoría con un porcentaje de votos que se puede estimar entre 35 y 40 %. Nada mal después de diez años en el poder. Es muy probable que no le alcance para reformar la Constitución, pero sí para seguir conduciendo el país y haciendo poner en duda a dos personajes centrales: Daniel Scioli y Sergio Massa. 

Scioli: ¿irse o no irse? Esa es la cuestión. Difícilmente se vaya del kirchnerismo en 2013. Y quizá tampoco luego. Irse puede significar el desastre en la gestión, y con ese factor se vuelve más complejo pensar en los réditos para su intención de presidenciable. Su imagen oscila, pero sigue siendo muy positiva. La cuestión es que está perdiendo atributos de liderazgo que son los que suman votos. La sola aparición de Massa le complica todo el cuadro, porque es una alternativa y con una ponderación bastante más alta que la del gobernador. 

Massa: tiene todos los beneficios y todas las desventajas de ser el político más popular del país y que más ha crecido en intención de voto presidencial (el resto está estancado o en baja). Tiene el mismo dilema que Scioli, pero ahora por la oportunidad que tiene en 2013. Si a la Presidenta le fuese muy bien, no tendría dudas de su encolumnamiento. Si a CFK le fuese mal, tampoco: podría irse sin dolor. Pero como ya dijimos, el gobierno está en el medio, y eso retiene tanto a Scioli como a Massa, llevándolos a jugar un rol ambiguo, lo cual favorece a Macri. 

Macri: dejemos a un lado la inundación por un momento, porque ya se ha recuperado de varias de estas situaciones. Quiere seducir a Roberto Lavagna, quien sin lugar a dudas ganaría la elección de senadores en la Capital con un porcentaje mayor que Michetti. El tema de la noche del 27 de octubre será ¿quién ganó? ¿Macri o Lavagna? ¿No estará creando un monstruo en sus propias entrañas? El jefe de Gobierno está estancando en imagen y en intención de voto, aunque la sociedad lo ve como el principal opositor a CFK. Ganó algunos puntos al hacerse cargo del subte a fin del año pasado, pero le siguen faltando más atributos de liderazgo. Si Massa se va del kirchnerismo, se la va a ver en figurillas en 2015. Tiene de ventja que transmite más juventud e innovación que Binner. 

Binner: fue el boom de 2011 y lo dilapidó en 15 meses. Pasó de una intención de voto del 22 % al 5 %, apenas por encima de Alfonsín. Su sucesor en Santa Fe no luce lo necesario para obtener un rédito. Tiene buenos atributos personales –honestidad, seriedad, sensibilidad social– pero carece de los de liderazgo –garra, carisma–. Su alianza con el radicalismo en su provincia se vuelve imprescindible frente a la amenaza de Miguel Del Sel. Pero además, si quiere estar en una escudería competitiva en 2015, deberá extender su entendimiento con la UCR en los principales distritos. Si el partido de Alem sigue dormido tiene una oportunidad interesante. Si algún presidenciable radical se despierta corre serios riesgos. 

El radicalismo: como se verá, es el único sector del que no se puede hablar tanto de figuras, pero sí de colectivo político. Recrear el Acuerdo Cívico y Social de 2009 se le vuelve imprescindible si quiere llegar a ser competitivo en 2015. En eso está totalmente emparentado con Binner. El problema es que no todos los socios de hace cuatro años quieren volver a convivir con el radicalismo. Si el líder del FAP se despierta estarán en dificultades. Si no, un triunfo de Cobos en Mendoza, compartir victoria con Binner en Santa Fe, y su presencia nacional lo pueden revitalizar en la mesa de negociaciones. Su figura nueva –Sanz– está para arrancar. 

El peronismo disidente: depende de si ese espacio incluirá o no a Massa y a Scioli. De lo que hay sobre la mesa, cuidado: De la Sota gana en Córdoba, pero no tiene proyección nacional aún; De Narváez puede pegar el campanazo este año, pero no puede ser candidato a presidente. El resto es un archipiélago difícil de prever. ¿Irán con Macri? No quieren, pero… El juego está abierto y no se cerrará en agosto, ni en octubre, y siquiera en 2014. Es una carrera de fondo como nunca se ha visto. Impacientes abstenerse.

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