Las construcciones de Hugo Moyano por parte de Clarín

(Columna de Julián Maradeo)

El tratamiento que el diario le dio al líder sindical fue reflejando los cambios de su relación con el Gobierno.

Las diferentes construcciones hechas por el diario Clarín sobre Hugo Moyano permiten trabajar sobre cómo los cambios en las relaciones de fuerza modifican, mediáticamente, la referencialidad de un actor político. La tesis de estas líneas es que los reacomodamientos de los bloques de poder no sólo afectan los vínculos entre quienes los integran sino también la imagen que se elabora sobre ellos. La propuesta es observar cómo mutó la forma de aludir a Moyano –y todo lo que le rodea y da sentido a su potencialidad política– por parte del diario insignia de este grupo mediático.

Las tres caras de Moyano construidas por Clarín exponen a un sujeto, fundamentalmente, relacional: su poder, su campo de acción y sus características están determinados y valorados según el tipo de relación que mantiene con el Gobierno. Hay tres Moyano delineados por este matutino: el adjetivo, el sustantivo y el verbo. Lo que también se puede expresar con el trinomio: “disciplinado K”-“autonomía”-“movilizar/ presionar”. La primera etapa, para este trabajo, va desde el 1/6/10 hasta el 26/10/10; la segunda se desarrolla entre el 27/10/10 y el 15/8/11 y la última va desde el 16/8/11 hasta el 21/11/12.

El Moyano adjetivo tiene diferentes aspectos que, a la vez, exponen su complejidad: “Disciplinado K” – “sindicalista con prácticas mafiosas” – “amenaza potencial para el matrimonio”. En esta etapa, el sindicalista es definido como “táctico”: un jugador –“incapaz de trazar una estrategia de largo alcance”– que, por sus maneras “patoteriles”, se convirtió en “el sostén más importante de la estrategia oficialista”. Para Clarín, el hoy líder de la CGT Azopardo era clave en el dominio de la calle por parte del Gobierno y, en paralelo, un problema, porque Moyano “es el vivo ejemplo del rechazo” de la clase media.

Cabe tener en cuenta un dato clave a la hora de trazar diferencias entre cada una de las construcciones: en esta primera etapa, mientras aparece subordinado al Gobierno, como su punta de lanza, por ejemplo, contra los empresarios “díscolos”, es descrito como alguien reñido con la ley, pues están omnipresentes las sospechas que se cernían sobre él. A saber: Covelia, la relación con José Pedraza, el vínculo con el juez Norberto Oyarbide, los subsidios para la obra social de Camioneros y la “mafia de los medicamentos”, entre otras cuestiones.

No obstante, era eje de muchos cuestionamientos por el bloqueo a Siderar, de Techint; la asunción de la presidencia del PJ bonaerense (lo que conduciría a la “libanización” de ese partido), su acercamiento a Hugo Yasky y, entre otros, el lanzamiento de la Juventud Sindical Peronista (que para Clarín poseía reminiscencias del “sindicalismo que en los ’70 se cobijó bajo el ala de la Triple A”).

La segunda etapa marca el pasaje de adjetivo a sustantivo –entiéndase por tal a un sujeto con “autonomía” y capacidad de movilización no subordinada–. Al principio, aparece enfrentado con los intendentes del conurbano, con Daniel Scioli y con la UIA. A su vez, se acentúa que tanto la justicia de Suiza como la local lo acechan –busca “fueros para guarecerse de investigaciones judiciales en marcha”, afirmó Julio Blanck– y que esto comienza a alejarlo del Gobierno.

No obstante, para Clarín, el momento que determina que la relación está “quebrada” es cuando, de cara a las primarias, se da a conocer la ausencia de moyanistas en las listas. A partir de ahí, empiezan a mermar las alusiones a los problemas legales que tendría el camionero. Desde ese momento, emergerá, paulatinamente, un nuevo Hugo Moyano en las líneas e imágenes del diario Clarín. Como si fuese el protagonista de una novela de aprendizaje, el cual debe sortear difíciles obstáculos para forjar su personalidad, se inicia el tránsito a la tercera etapa bajo las versiones de que “Moyano define su alejamiento de la CGT”.

Poco a poco, va labrando nuevas alianzas que lo reposicionan, lo cual es acompañado por un laborioso cambio de imagen y escenarios. La etapa de verbo de Moyano, anclada en su capacidad de movilizar organizadamente, sirviéndose de la estructura sindical para presionar al Gobierno, tiene dos momentos. El de baja intensidad, el del alejamiento, está marcado por demandas como la de “profundizar el modelo” y el aumento del mínimo no imponible. Por esto, es erigido como “un opositor desde adentro”. El de alta intensidad, el de la ruptura, consumado en el acto de Huracán por los festejos del Día del Camionero -cuando “pasa de aliado estratégico a inesperado referente opositor”-, conllevará un cambio discursivo, que dentro de la lógica del diario necesitó de dos pasos.

Primero, reconocer que “de Moyano se podrían pensar y sospechar muchas cosas. Pero es público que en la era menemista fue una voz disidente del sindicalismo (…)”; lo que legitimaría sus comparaciones con la década del ’90: “La sintonía fina suena como lo que proponía Menem”. Asimismo, se modificaron las imágenes de las coberturas de sus actos. Alcanza con cotejar la tapa de los festejos del Día del Camionero de 2009 con la de 2011.

En ésta aparece el perfil “duro” de Moyano, remplazando las imágenes de jóvenes acostados en las afueras de los estadios. Se sumó un cambio cuantitativo: las denuncias contra Moyano, a granel antes, desaparecieron. En esta conversión, su destinatario fue el binomio trabajadores-pueblo, según el escenario en que hable, ya sea en un acto gremial, en la presentación de su plataforma “Para una Argentina con Justicia Social” o frente a estudiantes de la Universidad de Georgetown. El anillo se cierra con el paro del 20 de noviembre –cristalizado en la cobertura del día siguiente–. Los elementos de la tapa conjugaron los verbos movilizar y presionar: la imagen muestra a la 9 de Julio desértica, mientras el título anuncia que fue “otra protesta masiva contra el Gobierno”. Sólo Moyano es nombrado en la bajada, donde se considera que la medida de fuerza es la continuidad de los cacerolazos precedentes.

Así, finalmente, ambos verbos dejan en claro el papel que le asignan. Los límites políticos fueron trazados claramente por un artículo de Eduardo Van der Kooy: “El camionero, en la nueva circunstancia, supo mutar su habitual sectarismo por una estrategia de brazos abiertos (…) Como ensayo asomó interesante salvo que, ante el vacío existente, Moyano empiece a presumirse como posible eje de una alternativa electoral cuyo primer paso serían las legislativas del año próximo. En ese caso, podría desmadejar rápido todo lo que ha tejido en este tiempo”.

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