El valor político del 2013

(Columna del politólogo Gustavo Damián González)

Las elecciones de medio término tendrán repercusiones dentro del oficialismo, y también dentro del universo opositor.

Comienza un año electoral y con él los movimientos intra e interpartidarios. En rigor, ca da vez más los diálogos se producen entre dirigentes más que entre partidos políticos. No debe sorprender que las autoridades partidarias sean desconocidas incluso por la sociedad politizada o por los propios militantes. Tras la crisis de los partidos políticos, los dirigentes son legitimados entre sí de manera más natural que las autoridades partidarias, y las conversaciones cruzadas trascienden a los partidos.

La política de candidatos o los partidos “atrapatodo” dejaron atrás a las viejas estructuras partidarias. El 2013 parecería ser un año bisagra para el proyecto del Frente para la Victoria. Estamos en presencia de una elección con dos variables significativas: es una elección de medio término sin posibilidad de reelección. Estos dos elementos son centrales a la hora de pensar el futuro electoral. En el caso particular de la Argentina, las elecciones de medio término lejos de ser la institución formal del cuerpo colegiado representado en el Poder Legislativo, se ha convertido en un mecanismo legitimado que busca demostrar el poder electoral en vistas a las próximas elecciones ejecutivas.

Esto se cristalizó en 2009 cuando se explicitaron las “candidaturas testimoniales” en todas las categorías legislativas en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, un novedoso mecanismo en el cual el elector sabía que los candidatos sólo prestaban sus nombres a las listas. Así, intendentes, diputados, el jefe de Gabinete de Ministros y el propio gobernador Daniel Scioli integraron las listas pour la galerie. En estos términos, las elecciones de medio término tienen cierto rasgo de plebiscitario de la gestión del presidente.

Otro elemento a tener en cuenta en las elecciones de medio término es la dispersión electoral. En muchos casos, el electorado “arriesga” a votar a la oposición otorgándole un rol de control hacia el Ejecutivo, mientras que cuando las elecciones son para cargos ejecutivos, los electores suelen votar continuidad y buscan el “voto útil”. La segunda variable tiene que ver con la imposibilidad de la reelección presidencial sin antes modificar la Constitución. Si la elección legislativa no tendría esta característica, se convierte casi de manera lineal en una elección que tiene por objetivo legitimar la gestión, pero en este caso, adquiere una connotación de recambio.

Si no llegara a haber reforma de la Constitución, entonces lo que resta es crear un nuevo liderazgo que suceda al anterior dentro del proyecto presidencial. Esto último es más difícil ya que nuevos liderazgos buscarán autonomía de su antecesor. Desde la Casa Rosada no se alienta de manera explícita una reforma de la Constitución, y los que han salido en esa dirección en general han sido cuestionados por parte de la opinión pública. Pero lo cierto que estas elecciones legislativas le podrían permitir la mayoría calificada necesaria para lograrla.

Por lo tanto, esta elección tendrá su propio peso: un oficialismo que piensa en su continuidad de gestión al 2015 y una oposición que a partir de una buena performance en el 2013, lo posicione como una opción real de acceso al poder. Más allá que la situación económica dista de ser las mejores de los últimos años, la estrategia razonable para el oficialismo es tratar de nacionalizar la elección todo lo posible, jugando la figura de la Presidenta por encima de los candidatos locales, y procurar que en Buenos Aires no se genere una excesiva dispersión de la oferta peronista que le pueda quitar votos al Frente para la Victoria.

POSIBILIDADES DE ALIANZAS

Las elecciones se realizarán en octubre, previas PASO de agosto. Se pondrá en juego 24 de las 72 bancas a senadores nacionales en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero y Tierra del Fuego. De los 257 escaños en Diputados, se renuevan 128 en todas las provincias. El partido de gobierno tiene poco para perder en términos de representación formal. Los diputados que se renuevan son los elegidos en los comicios del 2009, en donde el Frente para la Victoria no obtuvo buenos resultados. De las 116 bancas que tiene en Cámara de Diputados, pondrá en juego 38. Hace sólo dos años este partido incorporó 76 nuevos escaños.

Es cierto que la coyuntura política no es la misma y el desgaste presidencial avanza de manera lenta pero sostenida. Algunas movilizaciones populares de relativa masividad son indicadores a tener en cuenta. A pesar de esto, el kirchnerismo sabe que tiene una base electoral del 35% de los votos. En el peor de los escenarios, renovaría las bancas que ya tiene. Pero si repite las cifras de la elección pasada, estaría cerca de tener el quorum necesario para una reforma de la Constitución que abra la puerta a las aspiraciones reeleccionistas.

El desafío del Frente para la Victoria es evitar la dispersión de los intendentes del conurbano y los gobernadores provinciales que pueden ver como finalizado el ciclo kirchnerista. Daniel Scioli, Juan Manuel de la Sota y Sergio Massa pugnan por mostrar que hay una Argentina después del kirchnerismo.

La oposición tiene su propio juego. En términos formales pone en juego las bancas obtenidas en el 2009. El radicalismo (aún la segunda fuerza legislativa) arriesga 25 de las 40 bancas en Diputados. Luego de los conflictos que trajo el acuerdo con de Francisco de Narváez, los sectores internos pugnan entre un acuerdo con el FAP y otros sectores que ven en Macri una buena alianza estratégica de cara al 2015. Lo cierto es que a pesar de los sucesivos desaciertos de la UCR para mostrarse como una alternativa viable de poder, el despliegue territorial que este partido tiene le es útil a cualquier candidato opositor. El FAP, si procura sobrevivir, necesita sin dudas de la estructura de este partido nacional, sino correrá la suerte del ARI, que en estas elecciones puede desaparecer del Congreso.

Cualquiera sean las estrategias electorales, en todos los casos, la mirada va a estar puesta en el 2015, y este 2013 será un juego de ajedrez para saber quién será el interlocutor válido.

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