Nun: “Debemos rechazar la polarización”

El ex funcionario marca las diferencias entre las gestiones kirchneristas y sostiene que también hay un déficit de liderazgo en la coalición oficialista.

En un apartado del 48º Coloquio de IDEA, donde disertó en el panel “Política y valores para un país plural”, José Nun, ex secretario de Cultura de la Nación (2004-2009), dialogó con el estadista sobre la coyuntura política.

¿El kirchnerismo es el mismo proceso político iniciado en 2003 o ha sufrido mutaciones?

Ha variado el contexto internacional. También lo han hecho los elencos de gobierno, que son muy decisivos. Y las mayorías parlamentarias. Después de 2009 se gobernó durante un período en minoría en el Congreso. Sin dudas, no hay una continuidad clara. El problema de la deuda y los derechos humanos eran centrales en el gobierno de Néstor Kirchner. A él le tocó reparar un barco en altamar. A esa dificultad se le añadía la presencia de naves enemigas, como el FMI o el Banco Mundial y enemigos, también, dentro del barco. Había que ser muy tolerantes para hacer esa tarea. Kirchner hizo una tarea brillante con la renegociación de la deuda y nombró ministros de primer nivel, como Roberto Lavagna. Fue una gestión diferente a la actual. No quiere decir que la inspiración y los objetivos no sean similares, pero los resultados logrados con Cristina han sido distintos. Por ejemplo, Kirchner gobernaba sin inflación y con un Indec que funcionaba.

¿Qué le parece la expresión “cristinismo”?

No tiene importancia como lo llamen.

Usted mencionó al kirchnerismo como un “populismo blando”. ¿Por qué?

Es un populismo limitado e incipiente. Efectivamente hay una concentración de poder importante en la figura presidencial pero no hay una redistribución del ingreso de corte populista. Los niveles de desigualdad actuales, comparados con los de 2001, se redujeron 30%, pero comparados con los de 1974 son tres veces mayores. El segundo gobierno de Perón termina con una distribución del ingreso de 50-50.

¿Pero la capacidad de articular intereses diversos y dar respuestas a distintas demandas, y que se expresa en la mantención del poder durante nueve años o el 54% de octubre pasado, no habla de un populismo más potente?

No se puede hacer esa asimilación. Raúl Alfonsín ganó con el 53%. El 54% no es una cifra extraordinaria. Lo han logrado muchos presidentes. Al kirchnerismo también lo han votado sectores de clase media que aborrecen el populismo y que lo consideró la mejor alternativa frente a la ausencia de propuestas de la oposición. Eso no es un sello del populismo. Por supuesto, hay quienes abogan ideológicamente para que el Gobierno se transforme en uno francamente populista. Pero para ello hay una enorme distancia.

¿Asocia el populismo con la redistribución, entonces?

Con la redistribución y con la reformulación de todo el marco institucional del país. Hay sectores que están proponiendo esto y veremos cómo termina la puja.

¿Habla de los sectores más “cristinistas”?

Más ideologizados, diría. Como Ernesto Laclau, por ejemplo. Pero estos sectores, al menos hasta ahora, no se han impuesto y tengo esperanzas de que eso no ocurra.

¿Está muy polarizada la Argentina?

Este país siempre estuvo polarizado. Sólo quienes no tienen memoria piensan que los clivajes entre oficialismo y oposición no han sido un dato constante de la Historia Argentina desde fines del Siglo XIX. Nuestra historia no es la de una democracia liberal. Venimos de una historia de gobiernos democráticos pero excluyentes, de dictaduras militares y de proscripción del peronismo durante años. Que a los jóvenes se los intente convencer de que la historia está empezando ahora y que esta polarización es nueva, no es verdad. La Argentina tiene que luchar contra esa polarización en nombre de la tolerancia y la aceptación del adversario para que no sea transformado en enemigo. Si hay un hábito inscripto en el corazón de los argentinos es su tendencia a la polarización. Cuando presidía el Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la UBA y me oponía al peronismo, había tres sectores. Uno era el humanista que representaba la derecha de Mariano Grondona y demás. El otro eran los antiperonistas gorilas. Y nosotros, que ganamos, nos planteamos como los no peronistas y no gorilas. Rescatábamos lo que estaba bien y criticábamos lo que estaba mal. La posición kirchnerismo sí o kirchnerismo no es la peor para la sociedad argentina.

En una democracia, dice Gianni Vattimo, es tan importante el oficialismo como la oposición. ¿Por qué cree que no se ha formado una oposición sólida en estos años?

En muchos países no hay oposiciones unificadas. Mire lo que pasa en Israel. Lo importante es que haya términos de unidad para sectores amplios de la sociedad que se sitúen por encima de la contienda política inmediata. Es un déficit histórico de la Argentina la falta de una oposición organizada y fuerte. Esto requiere tiempo, ya que también está quebrado el oficialismo. Cómo se lee, sino, la salida de Hugo Moyano de la coalición. También hay un déficit de liderazgo en el oficialismo. En la oposición, en tanto, falta un líder que la unifique.

Usted ha escrito mucho sobre el sistema impositivo. Teniendo en cuenta que es un arma fundamental para la redistribución, ¿por qué cree que el kirchnerismo no ha cambiado el esquema impositivo?

Para que haya grandes reformas impositivas, la gente debe entender, primero, cómo funciona el sistema impositivo. Los beneficiarios de la regresividad se las han arreglado para multiplicar las disposiciones impositivas que ni siquiera los inspectores de la Afip saben cuáles son las más recientes. Las consecuencias de esto es que, para la gente, el sistema es un gran misterio. Los países desarrollados tienen cuatro o cinco impuestos, y nada más. Nosotros podríamos estar en las mismas condiciones. Estamos padeciendo el sistema de Martínez de Hoz, que no ha sido reformado. Más allá de la inclusión de las retenciones, sigue siendo superior lo que se paga por impuestos al consumo que lo que se paga por impuestos a las ganancias, el patrimonio y las retenciones. A ningún político le conviene meterse mucho con este tema, al menos que tenga una gran presión popular. Es un tema que lleva mucho tiempo. Hacer el proyecto y tratarlo en el Congreso insume más que un mandato presidencial. Seguramente, la oposición, y los perjudicados por el nuevo esquema, harán mucha fuerza en contra. ¿Eso significa que la reforma es imposible? No. O se hace desde el Ejecutivo o la opinión pública genera presión para que se haga. Yo creo que la vía debe ser la segunda y por eso estoy escribiendo tanto sobre este tema.

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