¿El primer trabajador?

(Columna de Nicolás Tereschuk)

Difícilmente, Moyano pueda “encauzar el voto de los trabajadores” en 2013, pero sí podría aportar otros recursos valiosos para cualquier proceso electoral.

Los nuevos capítulos de la ruptura de la alianza que unía a Hu go Moyano y el Gobierno Na cional confirman que se trata de una tensión en términos de “espacios de poder”, más que una disputa que pueda traducirse en forma directa al terreno electoral o al ámbito de los enfrentamientos que se suceden en la economía. El jefe del gremio de los camioneros es ya un veterano dirigente del actual período democrático. Tuvo, por ejemplo, un peso relevante junto con el titular de la UIA, José Ignacio De Mendiguren, en las vertiginosas definiciones que se plantearon durante las gestiones de Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde –pesificación o dolarización, profundización de una estrategia ortodoxa o salida heterodoxa– en momentos en que la influencia “nacional” de Néstor y Cristina Kirchner era menor. Sin embargo, nunca logró traducir ese grado de influencia, importante y creciente, al terreno de las urnas. No lo hizo en elecciones nacionales ni cuando intentó bendecir a algunos candidatos a cargos locales en distintos territorios. Tampoco podría decirse que los reclamos expresados a viva voz por Moyano en el plano “económico-salarial” –Asignación por Hijo, mínimo no imponible de Ganancias, ley de Riesgos de Trabajo, niveles de las paritarias o fondos de las obras sociales– resulten definitorios. Por un lado, son expresados también por otros sindicatos no alineados con su liderazgo. Y, además, no se trata de reclamos nuevos.

El cambio de tono de Moyano para expresarlos habla más bien de la disputa “política” que mantiene con el Gobierno antes que de un cambio de escenario social o económico abrupto que implique un recrudecimiento de esos planteos. El alejamiento de Moyano de su alianza con el Gobierno Nacional no es, sin embargo, una situación que la Casa Rosada deba observar con desdén. Los trabajadores sindicalizados bajo el ala del líder de los camioneros son de pies a cabeza potenciales votantes del oficialismo. Muchos de ellos han sido producto de las políticas económicas de impulso al crecimiento del mercado interno y el consumo planteadas a partir de 2003. Su presencia ha sido importante en movilizaciones convocadas por el oficialismo. No puede ser este un conflicto “ajeno”, entonces. Es decir, la disputa con el titular de la CGT “disidente” puede no ser definitoria en el mapa de poder de la Argentina, pero sumada a otras tensiones que enfrenta la gestión de la presidenta Cristina Kirchner con otros actores que manejan alguna parcela de influencia, la convierte en algo para seguir de cerca.

El Gobierno se mantiene, de hecho, alejado de un sector del sindicalismo –o si es ese sector del sindicalismo el que se ha alejado del Gobierno resulta igual para el caso–, al tiempo que mantiene distancia de un sector del empresariado que no aprecia algunas estrategias de la Presidenta. Por caso, la decisión oficial de aplicar una ley del Congreso que puede afectar los intereses de un grupo económico de capitales nacionales –el Grupo Clarín– o el enfoque oficial para lidiar con las restricciones de divisas en la economía. Sumado a ello, la alianza entre el Gobierno y la CGT unificada aparecía como una en la que el todo era mayor que la suma de las partes. Se trataba de una coalición que no caía demasiado bien en sectores del capital concentrado y que daba a la vez un aire de mayor fortaleza tanto al Ejecutivo como a Moyano.

“ENCAUZAR EL VOTO”

El líder camionero ya anunció que buscará “encauzar el voto de los trabajadores” en los comicios legislativos de 2013. Como se dijo, esa tarea ha resultado una promesa difícil de concretar para cualquier dirigente sindical, desde que Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias condujeron buena parte de la estrategia del PJ en 1983 a esta parte. De cualquier modo, en toda elección los recursos financieros y organizativos que pueden aportar las fuerzas sindicales son valorados. Aportar algunos de los elementos necesarios para una campaña, pero también ayudar a concretar una adecuada afluencia de votantes en determinados territorios y a fiscalizar los comicios son tareas que los sindicatos tienen capacidad de llevar adelante en buena medida y es justamente la pata floja de algunos sectores de la oposición.

Sin embargo, si el Gobierno pierde algo con el alejamiento de Moyano, también el líder de la CGT se devalúa. ¿No se “desdibuja” de hecho su figura cuando aparece ahora vinculado a dirigentes políticos o sectores empresariales a los que hace sólo un año y medio cuestionaba con dureza? ¿Cuánto gana Moyano con su debut en el Coloquio de IDEA? ¿O mostrándose junto a Mauricio Macri? ¿Y al mismo tiempo con el “combativo” Pablo Micheli? ¿Tiene así alguna posibilidad de desarrollar una perspectiva electoral? ¿De qué manera podría salir a buscar un electorado de trabajadores no sindicalizados que en general ha rechazado su figura? ¿Vale la pena cuestionar la ley de Riesgos del Trabajo que apoya gran parte del empresariado y, a la vez, respaldar a un sector de la sociedad, como los “caceroleros”, que más bien parecen indignados con el Gobierno por las restricciones a la compra de dólares a precio oficial? Se acumulan, también, demasiadas dudas del lado del camionero.

Por otra parte, una imagen reciente llamó la atención: fue la de Moyano gritándole en el anexo de la Cámara Baja al diputado Héctor Recalde, quien fuera su principal asesor en materia legal. Pareció impropia de un dirigente de la importancia del camionero. Esa tarea –la política se compone también de puestas en escena– sería en todo caso adecuada para un personaje menor. ¿Le suma algo a Moyano esa supuesta “dureza” con uno de sus ex socios?

Todavía faltan, es seguro, varias escenas más en esta refriega entre el Gobierno y Moyano en la que el camionero, con una mirada similar a la de algunos sectores empresarios, juega con la idea de que –como señaló en una entrevista reciente al diario La Nación su hijo Pablo– “los gobiernos pasan, pero la CGT queda”. Parece una partida de largo aliento, pero que estará marcada por nuevas batallas en el corto plazo.

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