Chávez 4.0: ¿un león herbívoro

Venezuela ha dejado de ser, al menos parcialmente, un poder contestatario y comenzó a asumir un nuevo papel.

Los últimos meses de gobierno, la campaña y la jornada electoral mostraron a un Hugo Chávez diferente en más de un aspecto. Atemperado, podríamos decir, en su estilo de liderazgo, y en su estrategia internacional. Como el Perón de los años ’70, cabe preguntarse si acaso no estamos ante una transformación del comandante en un “león herbívoro” regional.

Por un lado, incorporó a su discurso elementos novedosos, como los llamados a la unidad nacional y a la autosuperación gubernamental –reconocimiento de errores y problemas, acompañado por ideas para resolverlos–. Los términos respetuosos que Chávez y Henrique Capriles se prodigaron mutuamente, una vez conocidos los resultados electorales, son obra de un nuevo tono introducido por el nuevo Chávez que busca distender la polarización.

Pero donde más claramente podemos ver cambios es en la política exterior de Chávez. Una primera etapa de la proyección internacional del comandante estuvo caracterizada por tres políticas que hoy se encuentran en proceso de transformación: una posición protagónica desafiante de la política exterior de los Estados Unidos, el distanciamiento y posterior ruptura diplomática con el país vecino más importante para Venezuela, que históricamente fue Colombia, y la construcción del ALBA como plataforma de la política internacional contrahegemónica del bolivarianismo.

Probablemente, y así opinan muchos analistas chavistas, uno de los motores de estos cambios provino desde afuera: el recambio de los “recalcitrantes” George W. Bush y Alvaro Uribe por los “moderados” Barack Obama y Juan Manuel Santos ofreció una nueva tonalidad en las dos relaciones bilaterales conflictivas con Estados Unidos y Colombia. Desde la llegada de Obama, en 2008, que sacó a Chávez del “eje del mal” y lo reconoció como un líder democrático, el bolivariano sustituyó su inflamada retórica antinorteamericana por un discurso que, sin perder lo crítico y desafiante, eliminó sus elementos más confrontativos. Una guerra con Colombia y la posibilidad de una invasión militar desde Estados Unidos fueron las principales hipótesis de conflicto militar elaboradas por la Venezuela de Chávez a mediados de la década pasada; ahora, desde la creación del Consejo de Seguridad de UNASUR, Caracas comienza a adoptar una nueva agenda de seguridad.

El vínculo con Colombia también sufrió un cambio importante a partir del año 2010: los enemigos pasaron a construir una nueva alianza, sellada a partir de la buena relación personal que Chávez y Santos mostraron desde el “relanzamiento de las relaciones bilaterales”. Se restituyó el vínculo diplomático, la cooperación militar y el comercio bilateral. Chávez comienza a plantear públicamente que Caracas no apoyará de ninguna manera a ningún grupo insurgente colombiano, y las fuerzas venezolanas comienzan a reforzar la vigilancia de las fronteras; de hecho, guerrilleros de las FARC son apresados con cooperación venezolana. En el replanteo de la política de seguridad nacional que realiza Santos, la nueva alianza con Venezuela es un aspecto clave, y Chávez, en tanto “garantía de estabilidad” –en palabras del propio Santos–, es un protagonista necesario. Venezuela, por su parte, volvió a exportar petróleo a Colombia –pagando así, también, una deuda financiera de casi mil millones de dólares que mantenía con el Estado colombiano– y se firmaron diferentes acuerdos de cooperación económica bilateral.

En una de las tantas reuniones que mantuvieron los presidentes de ambos países, en los últimos años, se habló del posible retorno de Venezuela a la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Pero Venezuela, con la suspensión de Paraguay mediante, logró finalmente incorporarse al Mercosur, convertido hoy en el principal espacio de inserción regional de Venezuela.

Las tres políticas anteriores hicieron de la Venezuela de Chávez un “poder contestatario” en el plano internacional, cuyas acciones estaban más orientadas a plantear sus diferencias con el orden internacional vigente que a insertarse en él. Ahora, los giros que ha venido dando Caracas en el último período plantean la hipótesis de que Venezuela ha dejado de ser, al menos parcialmente, un poder contestatario, y que ha comenzado a asumir, como sus vecinos de la región suramericana, el papel de un actor emergente que busca incorporarse a las instituciones regionales y maximizar su presencia global.

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