Braun: “Nuestros límites no son las personas”

Entrevista a Miguel Braun, director ejecutivo de la Fundación Pensar.

¿Cuál es su visión sobre la coyuntura económica?

La Argentina no está desarrollando toda su potencialidad. Hoy el debate es sobre si el país crecerá al 1, 2 o 4% el próximo año, dependiendo del precio de la soja y la evolución de Brasil. Es un debate cortoplacista y no estamos discutiendo las fuentes de desarrollo genuino, que en definitiva son las que importan para el bienestar de nuestros hijos. Probablemente el año próximo el país crezca por factores externos: se espera una mejora de Brasil y el precio de los alimentos está en niveles récord. El punto es que la tracción del exterior cada vez alcanza para menos y sin cambios de fondo no volverá el crecimiento sostenido.El modelo kirchnerista está agotado: perdimos competitividad por la alta inflación en dólares; perdimos el autoabastecimiento energético por falta de incentivos a la inversión privada en el sector; cayó la inversión y hubo un fuerte deterioro fiscal. El Gobierno desestima todos esos problemas y toma medidas como el cepo cambiario y el cierre de las importaciones que agravan el problema. En la medida en que no se busque una solución a los problemas de fondo, podremos seguir “zafando”, consumiéndonos stocks y rezando para que la soja siga subiendo, pero estamos desperdiciando una oportunidad histórica para el desarrollo. No vamos hacia una crisis, sino a un período de bajo crecimiento con alta inflación.

¿Hubo un amesetamiento en las mejoras de los indicadores sociales?

Naturalmente, luego de grandes crisis económicas, los indicadores de pobreza se recuperan rápidamente. Por ejemplo, en la crisis hiperinflacionaria del ’89, la pobreza se ubicó en niveles cercanos al 50% y en 1992 ya era del 17%. La crisis de 2001 dejó a más del 54% de la población por debajo de la línea de pobreza y, hoy, luego de una década de crecimiento a tasas chinas, la pobreza supera el 20%. Este modelo no logró combatir la pobreza estructural. Por ejemplo, hoy invertimos más en educación pero los resultados de los exámenes Pisa muestran un deterioro notable. Otro ejemplo es que el porcentaje de población con acceso a servicios básicos prácticamente no varió respecto de 2001. Con crecimiento sólo no basta; es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo. Lamentablemente el kirchnerismo no logró traducir ese crecimiento en desarrollo y, lo que es peor, el camino que está tomando pone en duda el crecimiento de largo plazo y posterga nuevamente el desarrollo.

¿Qué rol juega la Fundación Pensar en la proyección nacional del PRO?

La Fundación Pensar es parte fundamental del armado nacional del PRO. La realidad es que nuestro trabajo es amplio y variado, pero en lo que respecta a la proyección nacional, la Fundación está a cargo de organizar seminarios nacionales e internacionales con reconocidas figuras y jóvenes en todas las provincias con el fin de generar espacios de debate y discusión de ideas. Otra de nuestras actividades consiste en el armado de una Red Federal, para eso recorremos todas las provincias y dialogamos con representantes de la sociedad civil, empresarios y vecinos con el objetivo de sumar a los mejores proyectos y líderes del país para un gobierno nacional transformador que ofrezca respuestas estructurales a los argentinos. Por último, buscamos que nuestras ideas y planes se difundan en los medios y así poder influir en el debate público.

¿Trabajan o cooperan con las fundaciones de otros partidos?

Si, trabajamos con distintas organizaciones vinculadas a partidos políticos y con otras independientes. Un ejemplo de este trabajo es el que llevamos adelante con Consenso Cívico, una agrupación que reúne a fundaciones de la UCR y el PJ como la Fundación Siglo XXI y el MPA, y también de otros partidos y de la sociedad civil. Creemos que el debate de ideas y el diálogo es fundamental para pensar el país a futuro.

¿Cómo definiría, conceptualmente, la ideología socio-económica del PRO?

Mauricio Macri declaró en un encuentro partidario en Vicente López este año que somos republicanos en lo institucional, desarrollistas en lo económico, liberales en los derechos individuales y progresistas en lo social. Creo que es un buen resumen. Tenemos que superar la dicotomía simplificadora que trata de imponer el kirchnerismo, donde todo es o ellos o los noventa. En el PRO nos gustan las políticas que llevaron adelante el sindicalista Lula en Brasil y el socialista Ricardo Lagos en Chile.

En 2011, Macri hizo un llamado a un acuerdo opositor que finalmente no prosperó. Pero podría hacerlo en 2013 y/o 2015. ¿Cuáles son, desde el Pro, los puntos económicos básicos y no negociables?

Keynes decía que cuando los hechos cambiaban, él cambiaba de opinión. No tenemos en el PRO visiones a priori o ideológicas de la realidad. Queremos vivir en un país donde todos los argentinos podamos desarrollar nuestros proyectos de vida en paz y libertad. Eso implica un marco económico estable, sin inflación, una fuerte inversión en infraestructura, educación, implica recuperar los consensos que habíamos logrado los argentinos en 1983, que incluían el cumplimiento de la Constitución, evitar la polarización política y no demonizar al adversario… son muchos temas, pero no creo que ni nosotros ni nadie tenga la verdad absoluta. Somos 40 millones de personas, 23 provincias y la CABA, cientos de municipios… el que crea que tiene la respuesta a todos los problemas de los argentinos no está preparado para ejercer la función pública en un país complejo.

En noviembre el FAP presentará un “plan estratégico para los próximos diez años”. Binner dijo que juntarse con Macri sería como mezclar el “agua y el aceite”. ¿Cree que podría haber coincidencias con la visión del PRO?

Seguramente haya muchos puntos de coincidencia y puntos en los que no estemos de acuerdo. Nuestros límites no son las personas, creo en el debate y el diálogo. Ahora el PRO, por ejemplo, entendía que YPF no estaba funcionando bien porque el Estado no controló lo suficiente a los privados que gestionaban la empresa. El FAP creyó que la solución era la estatización y la operación en manos de este Gobierno, y ahí diferimos. No son tanto cuestiones de fondo sino de formas. La empresa no funcionaba, pero que la maneje este Gobierno no es la solución.

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