El no de Michetti

El PRO deberá definir su estrategia en la provincia de Buenos Aires sin contar con la figura que, en principio, le hubiese aportado una mayor cantidad de votos.

La casi segura negativa de Gabriela Michetti a encabezar la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires no es la noticia que esperaban en el PRO. Se suponía que su candidatura aseguraba un piso de 15% en el distrito que representa el 38% del padrón nacional. Michetti no quiso renunciar a su proyecto político porteño ni tampoco quiso verse sometida a duros cuestionamientos por cambiar de distrito, que la hubiesen obligado a estar a la defensiva y dando explicaciones durante toda la campaña.

De alguna manera se puede complicar la estrategia del macrismo de obtener buenos resultados en los grandes distritos del país porque por ahora sólo cuenta con candidatos propios competitivos en la Capital Federal y en Santa Fe. En Córdoba y Mendoza debe pensar en alianzas porque le resultará difícil encontrar un espacio propio y corre el riesgo de tener que confrontar con sectores que pueden ser sus aliados en 2015. Un buen caudal de votos en 2013 puede colocar al PRO cerca de convertirse en la segunda fuerza electoral del país y además ampliará su cantidad de legisladores.

Ambas cosas son necesarias si se pretende hacer creíble el objetivo Macri 2015.

La estrategia bonaerense del PRO se asienta también en presentar candidatos competitivos en los principales partidos y reconocerle a Jesús Cariglino el segundo lugar en la lista de diputados.

Menos clara es la relación que mantiene con otros sectores como el que lidera Francisco de Narváez, cuyo mandato vence el año próximo al igual que el de los otros tres diputados que forman parte de su espacio. El problema con De Narváez es que no quiere quedar, desde ahora, encuadrado en el proyecto Macri 2015 y busca preservar cierto margen de maniobra. Pero sus posibilidades son limitadas porque, dada la presencia del PRO, hoy no parece haber espacio en territorio bonaerense para una variante peronista disidente buscando votos en el sector del electorado ubicado en la derecha. De Narváez ha demostrado ser hábil y disciplinado durante las campañas pero se equivocó reiteradamente en sus lecturas del escenario político. Creer que tiene alternativas fuera de un espacio liderado por Mauricio Macri puede ser un nuevo error.

CAMBIOS NECESARIOS

Para el PRO en la provincia de Buenos Aires no queda otro camino que un gran involucramiento de Macri en la campaña de 2013. Pero también deberá encontrar un candidato atractivo para encabezar la lista luego del no de Michetti y la segura negativa de Jorge Macri a dejar la intendencia de Vicente López y disputar una banca de diputado como propone el ministro Emilio Monzó.

Al PRO también se le abre un escenario desconocido en la Capital porque distintos sectores pueden competir por las candidaturas al Senado y a Diputados. Macri ya anunció que no apoyará a nadie en particular y todos deberán ganarse su lugar en las primarias. Dos nombres aparecen en pugna para el Senado: Michetti y Horacio Rodríguez Larreta. Son figuras casi antagónicas en términos de carisma y capacidad de gestión.

Lo mismo ocurre con sus eventuales segundos: Federico Pinedo y Laura Alonso. El primero se caracteriza por su flexibilidad y capacidad de diálogo con distintos sectores, la segunda por su discurso esquemático y crispado similar al que le atribuye al kirchnerismo.

Si bien el PRO encuentra en este momento algunas dificultades en el armado de su estructura nacional y en la definición de su oferta electoral en 2013, el escenario político que se está conformando tiende a favorecerlo. En este momento se está profundizando la intervención de la economía y habrá un espacio para quienes sostengan una propuesta distinta como quedó en claro en las manifestaciones del jueves 13. Hay una polarización creciente –la aplicación de la ley de Medios será un escalón más– y eso favorece a aquellos partidos que aparezcan más claramente definidos como la contracara del Gobierno.

En ese contexto, los que llevan las de perder en términos electorales son los que se plantean una oposición con más matices. O dicho en otros términos, es más fácil oponerse al kirchnerismo desde la centroderecha que desde la centroizquierda. Pero un escenario polarizado también tiene un costo para el macrismo ya que le complica su gestión en la Ciudad porque implica tener abiertos muchos temas conflictivos con el Gobierno Nacional.

Esta entrada fue publicada en Edición 66. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

14 + 7 =