Voto joven y las PASO de 2013

“Es bueno que, a 100 años de la ley Sáenz Peña, estemos discutiendo nuevamente la ampliación de la ciudadanía”, opina González. Las PASO y la provincia de Buenos Aires.

El politólogo Gustavo González (docente, investigador y especialista en sistemas electorales) fue uno de los expertos convocados para las audiencias públicas para debatir el voto joven en el Congreso. Sobre este tema y otros dialogó con el estadista.

¿Qué opina del proyecto?

Estoy a favor. Es bueno que, a 100 años de la ley Sáenz Peña, estemos discutiendo nuevamente la ampliación de la ciudadanía. El proyecto incorpora a una franja etaria excluida del sistema político formal. Como toda reforma electoral, guarda una especulación. Esto sucede en todo el mundo. Ningún gobierno va a hacer un cambio electoral que lo perjudique. El Gobierno cree que se vería beneficiado electoralmente por el voto de los jóvenes de 16 y 17 años. A esto se le suma la decisión de tener una política partidista, proselitista y focalizada en las escuelas secundarias. Por otro lado, hay una especulación de que se hable de este proyecto y se oculten o desplacen otros temas en un contexto de caída de imagen del oficialismo. Vale recordar que el voto joven no era un tema de debate público ni de la agenda de gobierno. Cuando se hizo la profunda reforma política en 2009, en ninguna parte figuraba este tema. No era parte del discurso del oficialismo, de la oposición y ni siquiera de los principales interesados, los jóvenes. Y ahora, como de la galera, el tema aparece. Insisto, lo veo correcto y lo considero como una ampliación de derechos, y todos deben apoyar dicha medida, pero no hay que ser ingenuo en temas electorales. La ampliación de la ciudadanía es necesaria, pero no suficiente. Si queremos mejorar nuestra democracia, debemos poner el ojo en bajar la desigualdad social porque no podemos hablar de una verdadera democracia con los niveles de exclusión social a los que nos hemos acostumbrado.

¿Lo va a favorecer electoralmente al Gobierno?

En la Argentina no hay una modificación etarea del voto, aunque sí socioeconómica.

Es decir, ¿los jóvenes no son más o menos kirchneristas que el resto de la sociedad?

No. La incidencia del voto a los 16 y 17 años sobre el resultado final es cero. Está demostrado empíricamente que la persona de 17 años vota igual que la de 60. Por eso, el Gobierno no va a salir tan beneficiado como cree. Cada año se incorporan más de un millón de personas a las elecciones y los resultados son prácticamente los mismos.

¿Debería ser optativo?

ebe ser obligatorio, más allá de la cuestión de si es constitucional o no (y puede existir un planteo en este sentido). El argumento central para que sea obligatorio tiene que ver con la idiosincrasia de nuestro sistema electoral y nuestra historia política. La ley Sáenz Peña se basó en el voto obligatorio y me parece contraproducente, e incluso contradictorio, incluir a una capa de la sociedad a la vida democrática formal y que el voto sea optativo.

Otro proyecto que se debate es la inclusión de los extranjeros. ¿Cuál es su visión?

Estoy de acuerdo con incluir a aquellos extranjeros que trabajan, estudian y pagan impuestos en el país, pero su inclusión es técnicamente imposible en el corto plazo. La Cámara Nacional Electoral no puede absorber administrativamente el voto de los extranjeros, por más que sea optativo. No tiene ni los recursos técnicos ni materiales. No hay cifras confiables, por razones obvias, sobre cuántas personas se incluirían al padrón. En el largo plazo, también va a ser difícil porque hay extranjeros que están un tiempo en nuestro país, luego se van y, en algunos casos, estarían empadronados en los dos países. Esto ya es hoy un problema en las provincias limítrofes. Formosa es un caso emblemático, pues el voto extranjero tiene una incidencia importante. Por más buenas intenciones que tenga el proyecto va a ser muy difícil, sino imposible, ponerlo en práctica.

En 2013 debutan las Paso en elecciones solamente legislativas. ¿Qué se puede esperar?

Las PASO tenían varios objetivos. Uno de ellos era la cristalización del voto. Otro era la reducción de la cantidad de partidos. El Ministerio del Interior había hecho un diagnóstico de que existían más de 600 partidos políticos. El objetivo era reducir esa cantidad y por eso se aplicó el tope del 1,5% de los votos para llegar a la general. En este punto, las PASOhan tenido un éxito relativo. En términos formales, ya han caducado más de 120 partidos y, en la práctica, ha habido muchas alianzas y se ha achicado la oferta electoral real. Donde no ha sido exitosa es en terminar con las oligarquías partidarias. Las PASO le permiten a sectores de los partidos que se puedan presentar y ganar legitimidad externa cuando a veces no tienen legitimidad interna dentro de sus partidos. Sectores que, en elecciones internas cerradas perderían, pueden ganar u obtener una mayor legitimidad en las PASO. Esto tiene ventajas, como evitar las oligarquías partidarias, cosa que no ocurrió en 2011 porque, al menos a nivel nacional, nadie presentó listas alternativas y se trató de un acuerdo de cúpulas en todos los partidos. En algunos casos, porque no aprovecharon las PASO y, en otros, por mera especulación. Mirando las legislativas que vienen, que siempre son más competitivas, habrá una ampliación de oferta de los partidos al interior del cuarto oscuro. A diferencia de 2011, creo que van a haber primarias competitivas de verdad.

¿Y cuáles son las desventajas?

El caso de un candidato outsider que tiene legitimidad externa por ser carismático o popular y gana la elección interna pero no tiene legitimidad dentro del partido. Puede ser que termina siendo electo diputado o senador sin tener ninguna identidad con el partido. Es decir, lo que se gana por un lado, a través de la eliminación de las oligarquías partidarias y de que cualquiera pueda presentarse, se corre el riesgo de que ganen candidatos con legitimidad externa pero sin identificación partidaria.

Usted es experto en el sistema electoral bonaerense. ¿Qué opina del actual sistema?

Buenos Aires es la madre de todas las batallas y, en mi opinión, su sistema electoral merece una reflexión. Para elegir diputados o senadores provinciales, concejales o consejeros escolares, se utiliza un sistema de cociente. La provincia de Buenos Aires es la única en que no se utiliza el sistema D’Hont, y se usa un sistema raro de cociente, con un piso. Esto produce que los partidos mayoritarios se vean ampliamente beneficiados. Hay partidos que consiguen votos y legitimidad electoral pero terminan sin cosechar bancas por el sistema electoral retrógrado. Quien no llega al piso, no logra bancas. En cambio, quienes sí llegan al piso, están sobrerepresentados. A veces, un partido que obtiene 35% de los votos logra el 100% de las bancas y otro que obtiene el 20% no obtiene ninguna. La provincia se debe una reforma de su sistema electoral que sea más acorde a lo que vota la gente. Siempre pasa que entre 10 y 15 municipios tengan concejos deliberantes representados por un solo partido porque los otros no obtienen el piso suficiente, aun habiendo sacado por ejemplo el 20% de los votos. En la séptima sección electoral, la del centro de la provincia, hubo elecciones parejas en las que un solo partido obtuvo todas las bancas para senadores. Es una cuenta pendiente para la democracia mejorar su calidad formal y sustancial. En los ’80 discutíamos consolidación de la democracia y sostenimiento del gobierno, hoy estamos en otra instancia y eso muestra una evolución, pero falta mucho.

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