Perón y CFK: dos discursos

(Columna de opinión de Nicolás Tereschuk, co-editor de artepolítica.com)

Cambios y continuidades de la relación de ambos presidentes peronistas con el empresariado nacional. El rol del Estado.

Ambos discursos fueron en agosto y en la Bolsa de Comercio. ¿Terminan ahí las similitudes entre las alocuciones de Juan Domingo Perón de 1944 y la de Cristina Kirchner, en este 2012? ¿Son comparables? ¿Se pueden esbozar algunas conclusiones provisorias del análisis de ambas presentaciones? Al menos, puede intentarse el ejercicio.

Es conocido el hecho de que el discurso de Perón del 25 de agosto de 1944, un año y medio antes de asumir la Presidencia, suele ser esgrimido por sectores políticos de izquierda para marcar el papel “no revolucionario” del peronismo. “Las masas obreras que no han sido organizadas presentan un panorama peligroso, porque la masa más peligrosa, sin duda, es la inorgánica”, señaló entonces Perón.

Frente a los principales empresarios del país, el secretario de Trabajo y Previsión llama a la “reflexión de los señores para que piensen en manos de quiénes estaban las masas obreras argentinas” con anterioridad a su gestión iniciada en 1943 “y cuál podía ser el porvenir de esa masa, que en un crecido porcentaje se encontraba en manos de comunistas”. No le faltarán argumentos a partir de este planteamiento a los partidos de izquierda argentinos para argumentar sobre una obturación del poder obrero por la acción del peronismo. El del entonces coronel no se trata precisamente de un planteamiento anticapitalista.

Más acá en el tiempo, aparece el eco de las palabras de la presidenta Kirchner en plena campaña electoral el año pasado cuando dijo: “Cuando uno tiene gobiernos como el nuestro, ser revolucionario es lo más fácil que hay, pero yo nunca pretendí ser revolucionaria, sino peronista, humildemente”. De cualquier modo, un análisis estático o sin poner en contexto las palabras de Perón en la Bolsa también sería injusto. Porque así como el futuro líder del peronismo evalúa que “la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa misma del Estado”, al promediar su discurso en la Bolsa, el futuro presidente de la Nación parece realizar una verdadera oferta de pacto social a los empresarios, vinculados a la oligarquía pampeana: “Es necesario saber dar el treinta por ciento a tiempo, que perder todo a posteriori”.

Si la idea de la conciliación de clases –o, en otros términos, el fifty-fifty al que ahora suele aludirse como ideal por CFK– parece en la base del planteamiento de Perón, no es menos cierto que también expone, al menos como posibilidad, el peligro de perderlo “todo” por parte de los empresarios. Y lo hace desde una posición de fuerza relativa: el entonces coronel relata que a partir de “una obra social que será cada día más intensa”, el gobierno que integra se “ha ganado la voluntad de la clase trabajadora”. Esto ocurre, revela Perón, “con una intensidad que muchos de los señores quizá desconozcan, pero yo, que viajo permanentemente y que hablo continuamente con los obreros, estoy en condiciones de afirmar que es de una absoluta solidaridad con todo cuanto realizamos”.

El mensaje se va aclarando. El peligro revolucionario del que habla Perón no parece afectar, por tanto, al Estado, sino que, según el mensaje que da a los mayores empresarios argentinos, la Espada de Damocles de una clase trabajadora potencialmente enfurecida sólo recae sobre ellos. Un detalle no menor.

CAMBIOS Y CONTINUIDADES

Casi siete décadas más tarde, en el mismo ámbito habló hace pocos días la presidenta Cristina Kirchner para concretar el pago del Boden 2012 y empezar a cerrar la etapa del “corralito” financiero. Más que para los entendidos –entre quienes se escucharon rechazos al planteo presidencial– o para los presentes, se trató de una alocución didáctica, donde Cristina puso sobre la mesa los porqués del pago, su significado, su historia, sus beneficiarios e incluso una lógica de “operación” de los mercados sobre la situación de los países endeudados.

La Presidenta ofrece mensajes a su auditorio pero también habla, mediante las cámaras de TV, a un público más amplio. Los funcionarios de distintos niveles y de todas las áreas del Estado Nacional que habían sido invitados se mostraron, en general, medidos pero no pudieron evitar un estallido de aplausos en un pasaje. Fue cuando la Jefa de Estado mostró en promedio cuánto creció el índice Merval desde 2003 y el desempeño errático que tuvo en la década del ’90. “Eso creció el Meval, señores, en este gobierno, que puede no gustarle a algunos, que puede, como somos peronchos, y bueno, por ahí no les gusta. Pero la verdad que nunca ganaron tanta plata como durante este gobierno, bancos, empresas, nunca, nunca”, enfatizó Cristina.

Sobre todo en ese segmento, parece volver el espíritu del discurso de Perón –complejo, polémico, hasta contradictorio– pero también la vieja sombra que acarrean distintos sectores del establishment nacional frente al peronismo. En esas palabras hay algún eco del Perón que asegura, a la luz de su extenso liderazgo político, habilísimo: “No encontrarán ningún defensor, diríamos, más decidido que yo, porque sé que la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa misma del Estado”. “Nadie quiere que pierdan plata –dice a su turno Cristina–, si pierden plata echan gente, si echan gente no hay actividad económica. Es una simple ecuación”.

Cuando se mira el desarrollo de los hechos se verá que, como lo indica Juan Carlos Torre en un estudio sobre el 17 de octubre de 1945, “la apertura laboral de Perón fue recibida, a poco de andar, con la frialdad y después, con la hostilidad de las clases patronales”. El rechazo de las entidades empresarias al planteo “negociador” de Perón en la Bolsa fue rotundo. Algo similar ocurre con la raleada densidad del voto kirchnerista en los barrios más ricos de la ciudad de Buenos Aires. “Cuando vos dejás a los que tienen plata hacer cualquier cosa, estás regulando en contra de los pobres”, enfatiza a su vez Cristina, en otro pasaje que también tiene alguna reminiscencia del primer peronismo.

La mano de los grandes empresarios puede adivinarse en movimientos bruscos como el encarcelamiento de Perón que desembocaría en el 17 de octubre de 1945 o en la ruidosa campaña de la Unión Democrática contra el líder justicialista. Las reacciones no sorprenden a la luz del enorme e inédito impacto de las medidas impulsadas por Perón en el terreno laboral, que lo llevan a tener un “cara a cara” en la Bolsa de Comercio. En la actualidad, antes que un enfrentamiento frontal del empresariado con Cristina lo que “se escucha” de parte de los hombres de negocios es más bien un estruendoso silencio. Y en lugar que un cambio inédito, de un giro copernicano en la política laboral y social, se registra un restablecimiento, una reparación con respecto a las políticas de los ’90, propias de “los mejores alumnos” del neoliberalismo.

Algunas similitudes y algunos contrastes en el marco de un movimiento político que sigue y seguirá siendo motivo de análisis, pasiones y polémicas.

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