Historia: La Alianza debutó con un triunfo contundente

(Artículo sobre la victoria de la Alianza en las elecciones legislativas de 1997.  Dado que fue el préambulo de la victoria en las presidenciales dos años más tarde, muchos aventuraron que el ciclo kirchnerista podría asemejarse al menemista.  Similitudes: ambos -en 1997 y 2009- estaban en el poder hace más de 6 años y perdieron el principal bastión -la provincia de Buenos Aires- en los comicios de medio término.  Diferencias: el principal candidato oficialista -CFK- sí puede competir en las presidenciales mientras Menem no podía hacerlo.  La alianza opositora, a diferencia de 1997-1999, no está tan abroquelada.  Por último, el oficialismo tienen probabilidades reales de continuar en el poder, algo que no ocurría en 1997-1999).

Las elecciones legislativas de octubre de 1997 tuvieron una enorme influencia en los años posteriores y anticiparon un cambio en el ciclo político del país. En varios distritos, entre ellos la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y la Capital Federal, hizo su presentación la Alianza. Fue una coalición inédita en la Historia Argentina
en la medida en que estaba constituida por partidos con fuerzas equivalentes.
Como era previsible, la lista de diputados que encabezaba Chacho Alvarez se impuso holgadamente en la Capital Federal obteniendo casi el 57% de los votos, sacándole 30 puntos de ventaja al segundo.

Pero la gran sorpresa se produjo en la provincia de Buenos Aires en donde fue derrotado el oficialismo en su variante duhaldista que hasta ese momento era considerado imbatible. La lista que llevaba como primera candidata a Graciela
Fernández Meijide superó a la que encabezaba Chiche Duhalde por 48 a 41%. La Alianza obtuvo 19 de las 35 bancas en juego y el Frente Justicialista 16.

A nivel nacional, el peronismo perdía su primera elección luego de cuatro triunfos consecutivos. Intentando no aparecer debilitado, Carlos Menem sostuvo que el Gobierno Nacional no había perdido por cuanto no estuvo directamente
involucrado en las elecciones. El mismo mecanismo negador –y repitiendo casi
las mismas palabras– utilizaría cuatro años después De la Rúa luego de la derrota en las legislativas de octubre de 2001. Pocos dudaban luego de esas elecciones que el ciclo menemista estaba agotado y que la Alianza ganaría las elecciones
de 1999. Como en 1987, las elecciones realizadas dos años antes del cambio presidencial anticiparon lo que ocurriría.

La derrota de Duhalde sirvió para que el menemismo intensificase su acción en búsqueda de algún mecanismo que permitiese la re -reelección de Menem. Había un nuevo argumento: el gobernador bonaerense no sería un buen candidato presidencial en 1999. Pero fue el propio Duhalde quien le dio el golpe final al proyecto menemista cuando decidió, en 1998, convocar a una consulta para que el electorado bonaerense se pronunciara sobre la posibilidad de otro mandato para el Presidente.

Los resultados en Buenos Aires que mostraron los límites electorales del duhaldismo y
la pelea interna dentro del oficialismo provocaron que comenzase un movimiento por parte de los gobernadores peronistas destinado a separar las elecciones locales de las nacionales, de modo de no ser arrastrados por la derrota de la fórmula presidencial.

LOS ANTECEDENTES
En 1995, el Frepaso irrumpió en la vida política argentina conformado por el Frente Grande y País Solidario, de José Octavio Bordón. En algún momento se llegó a suponer que podía forzar una segunda vuelta contra Menem en las elecciones presidenciales. Mientras tanto el radicalismo realizó la peor elección de su historia,
logrando apenas el 16% de los votos. Estaba claro que se necesitaban mutuamente: el Frepaso era la fuerza en ascenso y la UCR tenía una importante estructura asentada en todo el país. A su vez, existía una fuerte presión para que los partidos se juntasen teniendo en cuenta que su discurso y su base de sustentación social eran muy parecidos. Los sectores críticos al menemismo impulsaban la unidad de los principales
partidos de la oposición convencidos de que era la condición para ganar las elecciones.

Por otra parte, la UCR, como suelen hacer los partidos tradicionales, supo advertir los riesgos y se flexibilizó todo lo que hizo falta para neutralizar a las fuerzas emergentes que amenazaban con avanzar sobre su electorado. En ese contexto, se constituyó la Alianza en 1997, poco meses antes de las elecciones. La definición política más importante que asumió la coalición de cara a las elecciones fue aceptar la convertibilidad. Comprometerse a mantener un esquema económico que tenía amplio apoyo popular fue clave para que la Alianza ganase las elecciones del ’97 y del ’99 pero también fue decisivo para que luego su gobierno, que duró poco más de dos años, fuese un fracaso.

En los meses previos a las elecciones, la Alianza adoptó un diagnóstico, que lógicamente mantuvo luego de su triunfo, que sostenía que el “problema no era la economía sino la política”. Sectores económicos muy influyentes –en particular de origen financiero– instalaron –por ideología y conveniencia– la idea de que se tenía
que mantener la convertibilidad pero que eran necesarios cambios para mejorar el funcionamiento institucional y terminar con la corrupción.

Tarde, ya en el gobierno, la Alianza se encontró con que el problema era económico y
procuró, vanamente, prolongar la vigencia de un esquema económico que ya era inviable. Los tiempos tampoco ayudaron porque la Alianza se constituyó en 1997, justo cuando comenzaba la crisis del sudeste asiático. Entre las legislativas de ese año y las presidenciales de 1999 se produjeron la crisis rusa (agosto de 1998) y la devaluación del real (enero de 1999) y el dólar, al que estaba atada la moneda argentina, se
siguió revalorizando en todo el mundo. Eran todos datos incompatibles con el sostenimiento de la convertibilidad, pero a esa altura De la Rúa estaba haciendo campaña prometiendo que “conmigo, un peso, un dólar”

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