José María Fanelli: “Tenemos recursos, pero no instituciones para crecer”

El economista del Cedes analiza la coyuntura económica y los desafíos para el desarrollo en los próximos años. El fin del crecimiento con los superávit gemelos y las críticas a las nuevas medidas del Gobierno con las importaciones.

Economista del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), José María Fanelli acaba de publicar “La Argentina y el desarrollo económico en el Siglo XXI” (Editorial Siglo Veintiuno), una obra en la que traza un cuadro de descripción del estado actual del país y propone una novedosa aproximación para leer el potencial y la capacidad del país para alcanzar ese objetivo que avizora en el título. Plantea un análisis de un hardware económico (los recursos y las técnicas) pero sin descuidar el software (reglas de juego, organizaciones y pautas culturales relevantes para la conducta económica, manejo político, etcétera). En diálogo con el estadista dio su visión sobre el estado actual de la economía argentina, las potencialidades que hoy tiene el país y criticó las últimas medidas del Gobierno con respecto al dólar.

En el libro usted se pregunta si podemos alcanzar todavía el “desarrollo económico” en el Siglo XXI. ¿Se puede? ¿O hubo muchas oportunidades desaprovechadas que ya son irrecuperables?

Sí, podemos. De hecho escribí el libro para mostrar que aún estamos a tiempo. La hipótesis central es que hoy contamos con un “doble bono” que ha mejorado mucho nuestro hardware (los recursos materiales), pero que no contamos con un software (las instituciones) adecuado para aprovechar los recursos extra que estuvimos recibiendo en los años 2000. Cabe mencionar que el doble bono se genera a partir de dos hechos muy positivos. El primero es el crecimiento de China y la India y otros emergentes, que ha incrementado la demanda por nuestros recursos naturales –sobre todo agrícolas– y ha elevado nuestros términos de intercambio y nuestras exportaciones. El segundo es el bono demográfico, la mejor etapa de la transición demográfica, cuando la cantidad de gente que trabaja en relación a los dependientes llega a un máximo. Un hecho adicional muy positivo es que, igual que nosotros, todos nuestros vecinos se han beneficiado por los precios en alza, porque son incluso más ricos que nosotros en recursos naturales, como Brasil y Chile. Esto, por ejemplo, ha estimulado el crecimiento en Brasil y, con ello, nuestras exportaciones industriales.

¿Cómo opera el término de “bono demográfico”?

El bono es la etapa de la transición demográfica en la cual se incrementa el tamaño de la población que está en edad de trabajar en relación a la población de niños y adultos mayores. Es una buena etapa porque al haber más gente que trabaja no sólo se produce más, sino que se ahorra más y, por lo tanto, se puede acumular más capital tanto físico como humano, potenciando el crecimiento. Claro que luego del bono viene la etapa de envejecimiento en la cual la proporción de gente que trabaja se reduce. Por eso el momento de invertir en la Argentina es hoy. Tenemos que ser ricos antes de ser viejos.

Usted menciona en la introducción que el país “aún” cuenta con acumulación de capital y conocimientos. Relacionado con la pregunta anterior, ¿cuáles cree que son nuestras fortalezas y debilidades para encarar los próximos años?

Nuestras fortalezas son contar con: (a) recursos naturales en un mundo que los está demandando; (b) estar en el Mercosur, al lado de un país con gran futuro como Brasil, que acaba de descubrir grandes recursos energéticos; (c) una productividad de la mano de obra en la industria que es muy alta para estándares latinoamericanos; (d) una población relativamente educada: seguimos liderando la región, junto con Chile, en años de escolaridad y en población con educación terciaria, y (e) cierta experiencia acumulada en el campo científico y tecnológico. Las debilidades: (a) un marco institucional y de políticas poco creíble e instable e incapaz de controlar la corrupción y el mal uso de los recursos públicos (el problema de software); (b) niveles de exclusión social no compatibles con el desarrollo pleno; (c) gran desnivel estructural entre productividades sectoriales y regionales, entre la economía “moderna” y la “tradicional”, y (d) subdesarrollo financiero que empuja el ahorro hacia la dolarización y deja a las empresas y familias sin crédito.

¿Cuál cree que ha sido el mayor error de la dirigencia política en los últimos años? O, llevándolo a su terminología, ¿cuál pudo haber sido el mayor problema de software que atravesó el país?

El gran problema de la dirigencia política es el no haber planteado estrategias para solucionar de una manera razonablemente buena la siguiente cuestión: ¿Cómo construir instituciones que sean capaces de manejar de forma simultánea los siguientes tres problemas: generar un clima beneficioso para los emprendedores y la inversión; mejorar la distribución del ingreso con reducción de la exclusión y garantizar la transparencia en el uso de los fondos públicos? Hemos pasado por etapas en que se decía buscar el primer objetivo y otras en que se decía priorizar el segundo y, a pesar de que hubo avances transitorios en ambos casos, lo cierto es que no se avanzó nunca en relación al tercer problema y, por ende, los avances no se consolidaron: seguimos teniendo mal clima de inversión y exclusión social. Históricamente, me parece que en la Argentina han tendido a ganar los oportunistas que han mostrado gran capacidad para decir lo que queremos escuchar y hacer mientras tanto lo que les convenía políticamente. Para mí el problema económico básico es de construcción política de reglas de juego, de instituciones. De ahí el énfasis en el software: el liderazgo que la economía reclama de la política es para construir instituciones. Las estrategias puramente económicas para desarrollarse no son tan complejas y están bastante bien estudiadas: el problema es cómo aplicar lo que ya sabemos si las instituciones no ayudan y los oportunistas están al acecho, dispuestos a usar cualquier idea que les venga bien en el momento. La mayor virtud del oportunista político es susurrarle en el oído la música exacta que uno desea escuchar, dado su estado de ánimo. No le van a tocar la misma música luego de una hiperinflación que luego de la caída del tipo de cambio fijo para siempre.

La percepción de país de clase media con movilidad social ascendente caracterizó durante años al país, ¿cuáles son las causas y consecuencias de haberla perdido?

La Argentina ha estado estacionada por mucho tiempo en lo que se llama en la teoría del crecimiento “trampa del crecimiento medio”: un país de clase media alta que no logra graduarse de país desarrollado. Nuestros problemas se relacionan con eso. Pero no hemos perdido la idea de movilidad ascendente y eso es un activo. Me parece que los sueños siguen intactos y, además, hoy estamos más educados que antes. Nuestro desafío es muy específico: tenemos que organizar para explotar el doble bono y hacer realidad nuestras aspiraciones. Se puede, pero debemos evitar que sigan ganando por goleada los oportunistas.

Analizando la actualidad, el Gobierno no se cansa de decir que el tema del dólar es un problema cultural de los argentinos. ¿Coincide con ese análisis?

No. No podría coincidir menos. Hasta donde conozco, los antropólogos no tienen una materia que se llame “dolarización” y, en cambio, en Económicas nos pasamos mucho tiempo analizando el tema. Cuando las autoridades no tienen respuesta económica, se refugian en la cultura. Al final de la convertibilidad muchos decían que había que dolarizar la economía porque había que darle al argentino lo que su cultura lo llevaba a desear con tanto anhelo: el dólar. Ahora, se dice que hay que pesificar la economía para que el argentino no pueda acceder a lo que su cultura le pide: el dólar. Como se ve, cuando se utiliza la “cultura” para analizar la economía se puede llegar sin problemas a las conclusiones deseadas, aún si son las opuestas. Fácil. Pero poco científico. La vida económica es más sencilla. En China, luego de tratar y fracasar con una “revolución cultural” optaron por remedios más simples: a partir de 1978 dejaron que la gente pudiera quedarse con una parte razonable del fruto de su trabajo y les fue bastante mejor. La solución tuvo de cultura, poco y de incentivos y reglas de juego estables, bastante. Por supuesto, la analogía se acaba aquí. Los problemas de la revolución cultural de China no eran sólo económicos, también eran de falta de libertad. Y en este sentido creo que sí conseguimos una ventaja: nosotros ya tenemos democracia. Ahora sólo nos resta utilizarla para construir las instituciones económicas que necesitamos. Prefiero eso y no el desafío chino de tener que recuperar aún la democracia.

La ecuación de crecimiento al 8%, inflación al 20% y devaluación al 7% le funcionó al Gobierno durante algunos años. El primer semestre de 2012 muestra que las tres variables están lejos de esos valores. ¿Cuáles pueden ser los riesgos?

La respuesta es simple. Durante varios años las políticas del Gobierno fueron bastante sensatas en un punto: generación de superávit gemelos (fiscal y de cuenta corriente). Mientras ello ocurrió, la economía creció sin problemas excesivos. Sin embargo, en los últimos años, la apreciación del tipo de cambio y las políticas energéticas llevaron a la desaparición de los superávit gemelos, obligando a implementar una serie de medidas de ajuste (represión de importaciones, aumento del impuesto a las ganancias por la vía de no ajustar el mínimo no imponible, etcétera) que resultan procíclicas y que a los impulsos recesivos que vienen del exterior le agregan el ajuste interno. El gran desafío es cambiar los precios relativos que están fuera de los parámetros de equilibrio. Es un problema manejable en la medida en que no está acompañado de otros desequilibrios más difíciles de controlar como una deuda pública o externa exagerada. Hoy por hoy, la Argentina sólo enfrenta desequilibrios de flujos que son relevantes, pero que no son todavía de stocks.

Pero el Gobierno siempre defendió una postura más cercana a un tipo de cambio competitivo, de la mano de las posiciones industrialistas que reivindicaba como “progresistas”, y hoy parecería interesado en mantenerlo relativamente estable pese al aumento de los costos. ¿Es por la inflación acumulada?

El tipo de cambio no debe ser ni “alto” ni “bajo”: debe estar cerca de su posición de equilibrio. La tentación que muy pocos gobiernos logran resistir es la de apreciar la moneda para favorecer el incremento de los ingresos en dólares de la población y así gozar del consumo de bienes importados y de una gran popularidad …. hasta que aparece la restricción externa y hay que reprimir las importaciones como sea. Ahora bien, si se resiste la tentación y el tipo de cambio está en su entorno de equilibrio, si bien eso es bueno para evitar crisis, todavía no se habrá hecho nada para promover el desarrollo. Para hacerlo se necesitan políticas en el campo de la educación, de la innovación productiva, de la construcción de infraestructura, del fomento a los emprendedores y de la inclusión social. No sé si esto es progresista o no, pero lo cierto es que está en línea con lo que se sabe en economía: las buenas condiciones macro sólo sientan las bases necesarias para hacer las cosas bien en políticas de desarrollo.

(De la edición impresa)

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El idioma del kirchnerismo |
7 años atrás

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