Contrapunto: ¿Seguirán distanciándose Cristina Fernández y Daniel Scioli?

La relación entre el gobernador bonaerense y la Presidenta aparece condicionada por el futuro del kirchnerismo mientras ambos deben concentrarse en sus gestiones.

El entorno del gobernador bonaerense está convencido de que debe “romper” con el Gobierno Nacional el año próximo si quiere llegar con chances a las presidenciales de 2015. El análisis que le acercan muchos de sus colaboradores habituales es que si, Cristina Fernández termina su mandato con un alto nivel de popularidad podrá determinar a su sucesor y, en ese caso, no se inclinará por Daniel Scioli como candidato para continuar el ciclo K iniciado en 2003.

Si, en cambio, el Gobierno Nacional termina con dificultades, evalúan que Scioli está todavía demasiado emparentado con el oficialismo y que ese escenario derrumbaría las posibilidades de cualquier hombre con pasado en el kirchnerismo. Es por eso que le recomiendan aumentar los gestos ambiguos durante 2012 para llegar a comienzos del año próximo con la cintura política suficiente como para dar un portazo de la coalición oficialista que le permita reposicionarse dentro del peronismo pero lejos del kirchnerismo. Sólo así, le aseguran, tendrá chances de dar el salto hacia Balcarce 50. Es en esa línea que deben leerse los últimos encuentros del gobernador con tres de los ex integrantes de la coalición K que despiertan más rencor en la Casa Rosada. A las conversaciones que hace tiempo mantiene con Alberto Fernández, sumó en los últimos días una foto con Hugo Moyano y decidió blanquear sus reuniones para hablar de economía con Roberto Lavagna, como había anticipado el estadista.

Las últimas encuestas que se leen en La Plata apuntalan los consejos de sus laderos. Si bien sigue alta, la imagen de la Presidenta muestra una tendencia a la baja, y sigue siendo Scioli el dirigente mejor valorado en todo el país. Cerca del gobernador entienden que cualquier intento de ahogar económicamente a la provincia también tendrá costos para la Casa Rosada porque no será gratuito para la Presidenta que haya dificultades en un distrito en el cual obtuvo 4,1 de cada 10 votos en las últimas elecciones nacionales. Con el kirchnerismo en su “etapa más audaz” en los últimos meses, el sciolismo más puro apuesta a diferenciarse y marcar un perfil moderado que, leen en los sondeos, es una de las virtudes que más se le reconocen al gobernador. Por eso la estrategia será continuar con los gestos de distanciamiento simbólico, para preparar así un eventual terreno de cara a una ruptura en 2013. Esa ruptura se materializaría con una lista propia para diputados nacionales por la provincia en las elecciones legislativas. Imaginan, de concretarse, que sería encabezada por el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez 

No

El gobernador escucha los consejos de su círculo animándolo a alejarse del kir – chnerismo más puro. Pero, pragmático como po cos, sabe que para transitar una ges tión sin sobresaltos en la provincia debe mantener las buenas relaciones con el Gobierno Nacional. Las provincias, como se explica en otra nota de esta edición, atraviesan un año en el que sus cuentas fiscales quedarán complicadas. Y Buenos Aires será, además, la menos favorecida por esa realidad. Por eso cualquier intento de ordenar las cuentas para gobernar con relativa tranquilidad necesitará de un auxilio de las arcas centrales que asoma imposible en caso de una ruptura.

Además, Scioli necesita, por lo menos hasta el próximo recambio, de los votos de La Cámpora y otros sectores puramente K en la Legislatura. La Presidenta le marcó el terreno con la inclusión de Gabriel Mariotto y legisladores afines el año pasado. Por otro lado pesa la responsabilidad institucional que implica gobernar en esta etapa y por eso, más allá de los cortocircuitos que se dan en las segundas líneas políticas, la relación entre los funcionarios de la Nación y de la provincia son fluídas, con excepción del área de seguridad. Es que más allá del diagnóstico que escucha en La Plata, guarda algunas esperanzas de que aun con la Presidenta terminando con una popularidad alta, puede darse la hipótesis de que el “kirchnerismo puro” no produzca ningún candidato que asegure el triunfo.

Hoy por hoy, mirando a su alrededor, no hay ninguno. Y sabe que ante esa posibilidad, y con el recuerdo de la pelea Menem- Duhalde que en 1999 facilitó la victoria de De la Rúa, más de un cacique provincial del peronismo presionará para que Scioli encabece una fórmula nacional que derramará victorias hacia abajo. Porque, si como sostiene la politóloga Victoria Murillo “el peronismo es ganar”, en los distritos resistirán a un binomio que no les garantice continuar al frente de los gobiernos locales. Por último, la estrategia de acumular fotos con dirigentes ahora opositores tiene posibles efectos colaterales: por un lado, algunos, con Moyano a la cabeza, representan los valores contrarios a los que según los analistas le han dado a Scioli los cimientos para construir su imagen, como moderación y vocación de diálogo. Además, aparecer junto a cada dirigente que abandona el oficialismo puede exacerbar un “efecto ambulancia” que tiene una ecuación costo/beneficio difícil de determinar.

(De la edición impresa)

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1 Comentario
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Jorge
8 años atrás

Me inclino por la segunda hipótesis: no profundizarán el distanciamiento. Por distintas razones. Una de ellas es que la apuesta central de Scioli sigue siendo ser el candidato del kirchnerismo. Con razón, evalúa difícil un camino fuera del espacio K: a) CFK sigue siendo la principal figura política de la Argentina, con buenas posibilidades de remontar el desgaste que le provoquen los aciagos 2012 y 2013, b) ambos a están en gestión, es decir, el desataste de la crisis económica le va a llegar también a él y, encima, es dependiente del gobierno nacional en su apuesta de que una buena gestión lo catapulte, c) el peronismo no kirchnerista se encuentra en una fase de debacle que hace que su crédito haya mermado significativamente, es decir, aporta poco. Por otra parte, él ve muy poco probable que el espacio K alcance a erigir un candidato propio que «mida». En ese caso, los chisporroteo actuales de los seguidores de CFK darían lugar a una más calma negociación en la que la Gran Electora, a cambio de ungirlo, condicione espacios de poder que permitan seguir construyendo la fuerza propia, retirarse con popularidad y volver después.

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