¿El Siglo XXI nos tira un centro?

La primera década del nuevo siglo ofreció buenas oportunidades para la Argentina. Las perspectivas y los desafíos por delante.

Mirando el caótico escenario global parece difícil o, al menos, inoportuno, ser optimista. Pero todas las crisis terminan alguna vez. Mientras el mundo intenta dejar atrás la que comenzó en 2008- 2009, una de las más difíciles de los últimos noventa años, la visibilidad de los contornos del nuevo escenario global, que ya se venían asomando antes de la implosión, se ha acelerado. Ese nuevo orden sería más beneficioso para el país que el que imperó en buena parte del Siglo XX, especialmente la segunda mitad.

“Sin lugar a dudas, nos encontramos transitando un cambio de época. Lo difícil es saber cuánto tiempo tardará en consolidarse este cambio y qué características tendrá el nuevo orden o desorden que remplace al actual”, sostiene Marcelo Saguier, investigador de Flacso y el Conicet. “El gran cambio estructural que atraviesa el mundo es el ascenso del resto”, dice el analista Julio Burdman, de la Universidad de Belgrano. ¿Qué es el resto? No sólo los BRICS sino otras potencias medianas, entre ellas, la Argentina. ¿Cómo ascienden? Tienen un creciente peso económico, geopolítico, demográfico y cultural. ¿Qué implica esto, según Burdman, para los países esos países? Mayor autonomía para diversificar alianzas y desarrollar sus propias recetas.

Para el analista Jorge Castro hay dos grandes cambios. El primero es la transferencia del eje de acumulación económica de los países avanzados a los emergentes. El segundo es que ha terminado la unipolaridad que mantuvo EE.UU. desde 1991. “Su lugar lo ha ocupado una nueva plataforma de gobernabilidad del sistema mundial que es el G.20, donde EE.UU. comparte las decisiones estrategias”, dice. Que el G20 se haya convertido en la nueva plataforma de gobernabilidad es un gran dato para la Argentina por dos motivos: primero, porque el país forma parte de ese bloque y, segundo, porque un mundo más multipolar estimulará aún más el ascenso del resto.

El terreno económico es, sin duda, aquel en el que más notorios han sido los beneficios para el país. “En lo que va del Siglo XXI, la economía internacional abrió una ventana de oportunidad para la Argentina asociada con los recursos naturales, y el país tiene medios apropiados para aprovecharla: a pesar de las crisis y el estancamiento en el último cuarto del siglo pasado, la Argentina aún cuenta con suficiente acumulación de conocimiento organizacional, capital humano y físico”, escribió el economista José María Fanelli en “La Argentina y el desarrollo económico en el Siglo XXI”, un libro de reciente aparición.

Se puede (y debe) discutir si ese viento de cola fue aprovechado o no, pero no hay duda de que sopló a favor del país y todo indica que seguirá soplando. “Las perspectivas para la Argentina son positivas. Es un país autosuficiente, exportador de productos demandados por el mundo, con potencial de desarrollo productivo en diferentes rubros, inserto en una región pacífica que está embarcada en un proceso de integración y que está ampliando su mercado interno a través de la reducción de la pobreza. Tras casi una década de alto crecimiento económico, escaló varias posiciones en el ranking de PBI mundial, hasta llegar al vigésimoprimer puesto que hoy ostenta”, explicita Burdman. Si se mira la dinámica comercial de la Argentina con las tres economías emergentes más importantes de los últimos años (Brasil, la India y China), hay grandes oportunidades por delante.

Con Brasil, sexta economía del mundo, nos une la pertenencia al Mercosur, la geografía y un entramado comercial cada vez más denso. El año pasado, el comercio total ascendió a casi US$ 40.000 millones. En ese mercado, la Argentina coloca 20% de sus exportaciones y, más importante aún, más del 40% de sus exportaciones industriales. El año pasado las exportaciones llegaron a US$ 17.000 millones y en 2020 podrían rondar los US$ 50.000 millones. “A través de Brasil, y junto con Brasil, la Argentina es protagonista de este nuevo proceso mundial. Su vinculación con Brasil es irreversible. Son dos de los tres principales productores mundiales de alimentos”, dice Castro.

El ascenso de China también es una oportunidad enorme para el país. Las exportaciones a China, pronta a convertirse en la economía número uno del mundo, pasaron de US$ 247 millones en 1990 a US$ 5.794 millones en 2010, es decir, crecieron 2305%. Que las ventas a China se concentren en materias primas sin elaboración y las compras, en cambio, en bienes más elaborados no es un asunto trivial y es necesario “desojizar” la relación y evitar que sofoque la industria nacional. Algo similar ocurre con Brasil, con quien la Argentina tiene un elevado déficit industrial. El investigador Carlos Escudé fragmenta la inserción internacional del país en tres etapas: 1880-1948, 1948- 2003 y 2003- en adelante. “En esta tercera etapa, la Argentina tiene una segunda oportunidad histórica”, opina. La etapa 1948-2003, cuyo rasgo característico fue el predominio casi absoluto de EE.UU., “nunca le aportó nada a Buenos Aires, y muchas veces le propinó graves daños”. Con el ascenso de China, el panorama es otro ya que la economía argentina (y las sudamericanas en general) son complementarias con la de China.

Con la India, por último, los vínculos son inmaduros aún (la Argentina le vende poco más de US$ 1.000 millones por año), pero el potencial es enorme. La India pronto se convertirá en el país más poblado del mundo y, probablemente, en el principal importador de alimentos y otras materias primas.

Gladys Lechini, de la Universidad Nacional de Rosario, es más cauta: “La reconfiguración de fuerzas mundial mostraría condiciones favorables para la Argentina, pero es preciso recordar que el país ya ha perdido varias oportunidades históricas. No creo que haya un proyecto definido y una estrategia de inserción que vaya más allá de la exportación de materias primas”. Según Lechini, el país debería proteger más sus recursos naturales, tener más previsibilidad y aumentar su cooperación con Brasil. Castro opina que “la Argentina es un país profundamente insertado en el sistema mundial”, pero añade que es prematuro definir si el nuevo orden mundial será tan beneficioso para el país como se cree.

Según Saguier, el contexto internacional presenta algunas oportunidades de incidencia para la Argentina, y no sólo en el plano comercial. “La construcción de un espacio político sudamericano más cohesionado y con proyección sobre temas globales es indispensable. Tanto en el proceso de la Unasur, como bilateralmente con nuestros socios regionales, es posible definir consensos básicos que permitan simultáneamente aumentar la incidencia en el debate global”, dice y pone como ejemplos el posicionamiento de Unasur sobre la defensa de la democracia y la desmilitarización del Atlántico Sur. “Asimismo –agrega–, en un mundo en el que la violencia y la guerra han socavado la legitimidad de los países centrales, que anteriormente se mostraban como abanderados de la democracia, constituye una oportunidad para la Argentina. Los avances en materia de derechos humanos es fundamento para una nueva diplomacia de buenas causas”.

(De la edición impresa)

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