Movimiento Evita: el aliado silencioso del kirchnerismo

La agrupación gana lugar en la coalición oficialista con cada vez más presencia en las calles, pero pocos cuadros en la gestión. Su lugar en la provincia de Buenos Aires y sus lazos con La Cámpora.

Si bien algunos de sus miembros tienen una presencia moderada pero sostenida en las distintas estructuras de gobierno desde las primeras épocas del kirchnerismo, fue el último año el que terminó de instalar al Movimiento Evita como un aliado central de la coalición oficialista. Pioneros en hacerle críticas al gobernador bonaerense Daniel Scioli en el eje de la seguridad, sus dirigentes han ido aceitando la complementación con La Cámpora, y el último acto K en Vélez el 27 de abril fue la oficialización de su importante convocatoria y poder de movilización.

Sumado a eso, la mayor presencia en las listas de legisladores de 2011, la relevancia que tomaron algunos de sus miembros como defensores de distintas políticas del Gobierno, y la incorporación del ex canciller Jorge Taiana a su mesa nacional completan la lista de sucesos que se suman para poner sobre la mesa el peso creciente de la organización. Con un kirchnerismo rengo de presencia en la calle tras el alejamiento del sindicalismo moyanista de la alianza central, no son pocos los que imaginan al Evita como uno de los garantes de parte de ese poder de movilización. El movimiento, con capacidad para movilizar unas 70.000 personas en todo el país según calculan sus dirigentes, con la mayoría en el conurbano bonaerense, también cumple un papel clave en el programa Argentina Trabaja, donde maneja una cantidad importante de la estructura de cooperativas con las que llegan a casi todo el país, y suma presencia mediática con dos de las figuras que marcan la heterogeneidad de su composición: el histórico legislador bonaerense Fernando “Chino” Navarro y el joven diputado nacional Leonardo Grosso.

¿Cómo fue su crecimiento? Apadrinados desde su nacimiento por Néstor Kirchner, que en mayo de 2003 convocó a Emilio Pérsico, entonces líder del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Evita para dar el salto a la política, en 2006 esa agrupación se fundió con otras organizaciones sociales nacidas en la crisis de 2001 para crear el Movimiento Evita. Así, en pocos años, sus dirigentes pasaron de encabezar piquetes de desempleados a ocupar puestos en los gobiernos de Cristina Kirchner y de Daniel Scioli, además de tener presencia en el Congreso y en varias legislaturas y concejos deliberantes.

El libro “El aluvión”, de Cristian Boyanovsky Bazán, es una elemento imprescindible para comprender el proceso de surgimiento y penetración del Evita en el Ejecutivo provincial y el kirhcnerismo en general. Expectantes y mirando con atención cómo evoluciona esa relación Cristina-Scioli, en la agrupación sostienen que, más que nada, les conviene que en el proyecto “nacional y popular” se sostenga la pax armada que, con centro en la provincia de Buenos Aires, marca la relación. Porque un corte les significaría perder poder y espacios que han conquistado en ambas estructuras: es que el Evita está al frente del manejo de las cooperativas, emprendimientos y empresas recuperadas radicadas en la provincia, que se sostienen gracias al programa Argentina Trabaja. Obtienen así presencia territorial en el distrito más grande del país y lazos con intendentes y dirigentes peronistas.

Ese recorrido les ha permitido estrechar lazos con Kolina y La Cámpora. Sin descuidar el trabajo territorial y la movilización callejera, las dos patas sobre las que asientan su poder político, el Evita consolidó ese perfil y dejó atrás el trabajo meramente social tras la asunción de Cristina. «Totalmente leal» a la Presidenta, aunque «no obsecuente» definen a la agrupación. Aunque, por ahora, la relación presencia en las calles/dirigentes con cargos es inversamente proporcional a la de sus primos hermanos de La Cámpora.

En suelo bonaerense, tras un período de alejamiento del Gabinete, con la llegada de Daniel Scioli agregaron nuevos espacios en lugares clave para profundizar su trabajo territorial, como Desarrollo Social; se encargaron de bajar a territorio los planes de cooperativas y emprendimientos, y luego quedaron al frente de la flamante secretaría de Participación Ciudadana, un órgano dependiente de la Jefatura de Gobierno pero con rango ministerial en el que ubicaron a Javier Ruiz. La otra pata de ese dispositivo la maneja el subsecretario de Comercialización de la Economía Social, en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, Ernesto Paillalef. Desde allí se instrumentó el programa Argentina Trabaja, que hoy cuenta con más de 150.000 beneficiarios, en su mayoría centrados en la provincia de Buenos Aires. Con unos 14.000 cupos de ese plan a cargo, el Movimiento Evita es la agrupación que más cooperativas dirige, lo que le sirve para apuntalar su trabajo en el territorio.

Sobre la nueva realidad, uno de sus miembros explica: “El Movimiento Evita tiene una gran presencia en los cordones de los grandes centros urbanos. Hoy la realidad de hace diez años ha cambiado. En el centro de los reclamos quizá ya no estén el hambre y la necesidad de alimentos, sino problemáticas como la vivienda, el hábitat digno y el trabajo de calidad. Estamos en cada uno de esos reclamos intentando promoverlos pero también organizarlos para darle un horizonte político”.

Con Scioli dicen tener «coincidencias generales con matices y diferencias», según define uno de sus integrantes. La mayor diferencia, que comenzaron a plantear hace algunos años, es la política de seguridad que aplica el ministro Ricardo Casal. Es que el tema de seguridad, aunque se muestre como un generador de choques entre la Legislatura y el Ejecutivo no los afecta directamente, ya que el Evita supo anticiparse al tiempo, y confrontar con Scioli el año pasado, en una jugada riesgosa pero que los posicionó como “aliados críticos”. En los últimos días, a través del asesinato de un futbolista de Banfield, fue Grosso el encargado de salir “de punta” contra Casal junto a Horacio Verbitsky. “Estamos siguiendo esto con preocupación, porque la pelea que se esperaba para 2015 se adelantó mucho. Vamos a esperar un guiño del Gobierno nacional para ver si seguimos”, sostuvo un dirigente de peso de la agrupación.

¿Y cómo es la relación con La Cámpora? “La Cámpora se encuentra en el centro del dispositivo de la Presidenta, es depositaria de su confianza. Eso no nos genera ningún complejo, ni nos pone a nosotros en la necesidad de disputar esa confianza o los lugares institucionales en los que se traduce. Con respecto a las formas de hacer política, los matices por ahí los podés encontrar en que La Cámpora, producto del espacio que ocupa en el dispositivo del proyecto, está más integrada al Estado. Pero hay que romper con determinados prejuicios instalados: ni el Evita sigue siendo un movimiento exclusivamente barrial o piquetero, ni La Cámpora es ese grupo de ‘niños bien’ que los medios concentrados pretenden vendernos”, analiza uno de los integrantes del Evita.

Desde la agrupación juvenil K también aportan su análisis a la relación: “Hoy la relación está en un ocho. El año pasado era un cinco pero mejoró mucho: hay trabajo territorial conjunto y la Presidenta los respaldó con presencia en las listas. Pero ese número es un promedio y hay varios matices: con la JP Evita hay sintonía total, no así con otros referentes de la provincia”.

En la Legislatura bonaerense, además de Navarro, el movimiento tiene una diputada, Patricia Cubría, esposa de Pérsico, y un senador, Eduardo Ancona. También cuenta con representantes en legislaturas de cinco provincias: Santa Fe (dos referentes), Entre Ríos, Santiago del Estero, Río Negro y La Rioja. En Valle Viejo, Catamarca, asumió en diciembre Natalia Soria, la primera intendenta del movimiento. En el Congreso Nacional, tras el espaldarazo que recibieron de la Presidenta con los lugares en las listas el año pasado, hay cuatro miembros de la conducción de la agrupación kirchnerista: la ex candidata a gobernadora tucumana Stella Maris Córdoba, Gloria Bidegain, Adela Segarra y Leonardo Grosso.

Este último es, desde hace tres años, el presidente de la JP Evita, la rama juvenil del movimiento. «Somos una organización preexistente al kirchnerismo, pero hoy queremos construir una estructura que ayude a la Presidenta a transformar la Argentina», aporta otro de sus miembros. Una de sus últimas incorporaciones fue la del ex canciller Jorge Taiana. Junto con él lo hicieron otros dirigentes históricos del kirchnerismo de la denominada Corriente Peronista Federal (CPF), los ex legisladores Osvaldo Nemirovsci, Luis Llarregui y Remo Carlotto. Así, como sucede con su otra “prima hermana” Kolina, el Evita se convierte en un punto de referencia para dirigentes K que buscan un paraguas político con cada vez más inserción en Buenos Aires.

(De la edición impresa)

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