El problema principal

El resquebrajamiento de la relación con Hugo Moyano es una fuente potencial de conflicto para el kirchnerismo.

La crisis de reputación de Amado Boudou, salpicado por una causa judicial y una cobertura no inocente por parte de los grandes medios nacionales, plantea incertidumbres pero no eclipsa el principal problema político del Gobierno, que es el resquebrajamiento de la relación con Hugo Moyano. Esta se remonta al 2003. A partir de la crisis 2001-2002, había crecido la influencia política de los sindicatos.

Tras la devaluación del peso, que apoyaron, se convirtieron en interlocutores clave de la gestión macroeconómica por su rol en la coordinación de la política salarial y las demandas de los trabajadores. La filiación peronista de los gobiernos de Duhalde y Kirchner posibilitó esto, ya que el sindicalismo sigue siendo mayoritariamente peronista. La CGT siempre formó parte de la coalición política de todos los gobiernos peronistas. Moyano fue la cara visible de esta alianza, y Kirchner lo apoyó en sus comienzos para que llegase a la jefatura de la CGT (los “gordos” querían un gobierno colegiado), aun cuando el camionero no lo había apoyado en 2003. Pero la alianza no es con él, sino con el sindicalismo en su conjunto. Hoy estamos asistiendo a un resquebrajamiento, que no necesariamente implica una ruptura de la alianza entre el Gobierno peronista y el grueso del sindicalismo. Se trata de un fenómeno más particular, que tiene dos causas principales.

La primera fue el fallido y desgastante proyecto político personal del líder de la CGT. Moyano quiso que el crecimiento de su influencia política y social a partir de 2003 se tradujera en un proyecto de poder personal. Que incluía, además de la consolidación de su liderazgo gremial, la llegada de sindicalistas (moyanistas) a cargos legislativos nacionales y provinciales, el apadrinamiento de candidatos a gobernador e intendentes en diferentes provincias, la compra de medios de comunicación y clubes de fútbol, entre otras metas. El kirchnerismo y la dirigencia peronista lo resistieron. Pero la oposición de Néstor y Cristina Kirchner al proyecto “moyanista” no fue la única causa por la que el mismo no produjo los resultados que el líder sindical esperaba. Moyano, aunque se había movido con mucha eficacia en el mundo gremial, tomó malas decisiones que lo enfrentaron a la Casa Rosada, gobernadores, e intendentes. Su renuncia a la vicepresidencia del PJ no fue dirigida sólo a la Presidenta.

La segunda causa es que el Gobierno quiere una CGT más alineada con sus políticas macro que la que Moyano hoy ofrece. La política salarial es al mismo tiempo un escenario de la disputa política, y una disputa en sí misma. Moyano siempre pretendió una pauta salarial lo más alta posible –sobre todo, a partir de 2005 y desde hace años habla de la “inflación del supermercado”–, no obstante lo cual en el pasado demostró ser un interlocutor dispuesto a llegar al entendimiento con el Gobierno. En esta oportunidad, la confianza está deteriorada, lo que crea incertidumbres en el marco de la negociación de los sectores. Esto, sin embargo, no implica un riesgo específico de disminución de los apoyos políticos del Gobierno. Mucho se escribió en los últimos años –y, sobre todo, durante la “crisis del campo”– acerca de la importancia de Moyano como pilar de la coalición oficialista.

Sin embargo, desde la derrota electoral de 2009 en adelante, quedó demostrado que el apoyo de Moyano no es tan vital. Carece de poder electoral, no tiene buena imagen en la opinión pública, tampoco influencia en el peronismo (a nivel nacional, ni en las provincias) y fracasó en su intento de construir un “moyanismo” político. Un enfrentamiento abierto con Moyano no afectaría la imagen de la Presidenta ni la integridad de su coalición político electoral. Su peso reside en el sindicalismo, y en su capacidad de daño. Aquí es donde está la clave de la incertidumbre. En el escenario más conflictivo, el de una ruptura mal administrada en la relación entre el Gobierno y el líder de la CGT, la política salarial y la intervención de los sindicatos en los conflictos a nivel de empresa podrían caer en una fase de descoordinación, con una disparada de las demandas salariales, mayor protagonismo del gremialismo de base en sectores industriales y un aumento de los conflictos laborales en 2012.

EFECTOS

Lo que está en juego, entonces, es cómo la pelea entre el kirchnerismo y Moyano puede cambiar la relación entre el Gobierno Nacional y los sindicatos, que es parte del núcleo de la gobernabilidad del modelo económico. Las negociaciones salariales de 2012 –las vigentes, y las que se abrirán entre abril y mayo–, y la continuidad de Moyano al frente de la CGT, son los campos de la competencia. El mandato del líder sindical vence en julio próximo, y si bien la CGT no es un actor con responsabilidad institucional en las negociaciones salariales, se trata de una lucha con evidente simbolismo.

El Gobierno hoy prefiere reemplazar a Hugo Moyano por un nuevo líder con mejor comunicación con Cristina, como Antonio Caló, pero podría llegar a tolerar la continuidad de Moyano en la medida que apoye sus metas en las negociaciones salariales. Sobre todo, porque ganarle a Moyano es difícil, ya que necesitaría formar rápidamente una nueva coalición: el reciente acercamiento de Moyano a los “gordos” demuestra que está dispuesto a dar pelea para ser reelegido o imponer un candidato propio. La contienda puede arrojar cuatro resultados. El primero es la continuidad con pacto: Moyano sigue al frente de la CGT con el apoyo de la Casa Rosada y el aval de los principales sindicatos, la disidencia sindical vuelve a aplacarse y se llega a acuerdos para la pauta salarial 2012 en torno a lo que pretende el Gobierno, tal vez algo más arriba.

El segundo es un reemplazo de Moyano, sin traumatismos. Es decir, con el aval de la Casa Rosada, se llega a armar una coalición para desplazar a Moyano por Caló (u otro), a la que terminan alineándose la mayoría de los sindicatos, y aunque se reorganiza una CGT disidente, ésta sigue siendo minoritaria; en este caso, la mayor parte de los sindicatos llegaría a un acuerdo para la pauta salarial 2012 en torno a lo que pretende el Gobierno.

El tercer resultado posible es un reemplazo ya un poco más traumático. En este caso, se logra desplazar a Moyano pero con una mayoría ajustada, que conduce a una división de la CGT y la fragmentación de las negociaciones salariales.

El cuarto resultado sería el de una continuidad de Moyano, pero en un marco de ruptura con el Gobierno. En este escenario, la Casa Rosada intenta desplazar a Moyano y fracasa, quedando un Moyano ganador al frente de un sindicalismo enemistado al Gobierno, que pugna por fuertes aumentos salariales. Ir por Moyano y perder, o asistir a una fragmentación del sindicalismo en la lucha, son los peores escenarios para un Gobierno que pretende incidir en las negociaciones salariales.

La realidad probablemente oscile entre el primer y el segundo resultado. Si nos guiamos, claro está, por las estrategias y expectativas de los involucrados, y por lo que indicaría la lógica colectiva. No obstante, la política es dinámica y ninguna probabilidad debe ser descartada.

(De la edición impresa)

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