Piedra, papel o tijera

El segundo mandato de CFK redobla apuestas y asume mayores riesgos y conflictos.

Con un pie en el acelerador y otro en el pedal de freno arrancó el segundo mandato de Cristina Fernández 2011-2015. El mensaje es inequívoco y al mismo tiempo genera perplejidades: combina “poder duro” y “poder blando”, toma de ganancias y puesta en valor –legislativa y ejecutiva– del 54% obtenido en las urnas; con apuestas redobladas que pueden terminar resultando contraproducentes para el propio Gobierno y, por ende, para todos. La deliberada intención de imprimir una dinámica parlamentaria expeditiva se combinó con el énfasis en la fórmula de concentración del poder;  caracterización personalista y escenificación autorreferencial del presidencialismo.

Ahora, el Congreso acompaña y sigue a pies juntillas los dictados de la Presidenta. La
batería de iniciativas incluyó el blindaje de la emergencia económica, el sinceramiento de las cuentas fiscales y ajuste de los desfases tarifarios, el avance estatal y concentración funcional de atribuciones en áreas sensibles de la actividad económica (comercio exterior, papel para diarios) y la permanente atención al factor ideológico mediante el manejo de la agenda y los tiempos del relato oficial en los medios (y sobre éstos). Hay que remontarse a diciembre de 1983, tras la asunción de Raúl Alfonsín, y julio de 1989, de Carlos Menem, para encontrar semejante rendimiento parlamentario. Pero en este caso no es para echar a andar las instituciones  republicanas ni para implementar las reformas neoliberales en medio de la hiperinflación sino para ajustar las clavijas del “modelo de crecimiento con inclusión social” y enfrentar los tiempos menos auspiciosos y más ásperos que se avecinan.

El paquete de doce leyes escogidas para transformar el Congreso adormecido en un “Congreso Express” a tambor batiente, en sesiones extraordinarias, es indicativo en sus contenidos y formas, de esta mezcla de palos y zanahorias. O más precisamente, de palos revestidos de zanahorias; propósitos institucionales de mediano plazo y amplio consenso, con intenciones y necesidades gubernamentales más inmediatas y menos elásticas. Para empezar, la prórroga de la Ley de Emergencia Económica y del impuesto al cheque y los cigarrillos es el ejemplo más elocuente. Luego, un Presupuesto 2012 que homologa y amplía la delegación de facultades legislativas al
Ejecutivo en materia impositiva reforzado con la ley sobre ganancias que delega la facultad de fijar el monto mínimo no imponible y una ley de Tierras que limita la extranjerización pero habilita la concentración terrateniente de propietarios nacionales.

Le sigue una ley antiterrorista y antilavado que cumple con pedidos y estándares internacionales pero contiene preocupantes ambigüedades interpretativas sobre acciones y operaciones pasibles de ser perseguidas por el Estado criminalizando la protesta social o considerando a las corridas bancarias como “actividades terroristas”.
Otras leyes con mayor consenso, como la modificación del Estatuto del Peón Rural y la Penal tributaria contienen avances en sus contenidos pero los mismos problemas en las formas, al incrementar las facultades decisorias y el manejo de las cajas por parte del Gobierno. Para completar, la ley de regulación del papel para diarios coloca en sus manos amplias prerrogativas para asignar premios y castigos a los medios de expresión gráficos, en línea con lo que ya viene ocurriendo con el manejo de las pautas publicitarias oficiales.

La Presidenta tiene una fortaleza política de la que no han gozado muchos presidentes argentinos en el pasado. Cuenta con una amplia mayoría en Diputados y Senadores, y controla las principales comisiones de ambas cámaras, con lo que el oficialismo está en condiciones de dar pronto dictamen y convertir en leyes a los proyectos que el Ejecutivo le envíe de aquí a fines del 2013. De manera que tiene incomparables recursos para dejar atrás las etapas de emergencia, excepcionalidad y decisionismo extremo que signaron la primera década de este siglo. Sin embargo, le pide al Congreso que vuelva a prorrogar por dos años la Ley de Emergencia Económica vigente desde 2002.

Primero fue para afrontar la traumática salida de la convertibilidad; luego, para garantizar la recuperación política y económica; luego, para capear la crisis financiera internacional. Las dificultades actuales no deberían ser un pretexto para institucionalizar el “estado de excepción permanente” y consagrar una forma de democracia delegativa; este hiperpresidencialismo que sigue siendo al mismo tiempo el problema y la solución de los problemas argentinos, lo que nos preserva de otro 2001 y simultáneamente nos mantiene cerca de esa potencial amenaza. Diez años después de aquel descalabro, con semejante camino recorrido mereceríamos algo más prometedor como ejercicio y como horizonte.

En síntesis, el Congreso con mayoría kirchnerista le ha entregado al Ejecutivo tijeras para implementar recortes y ajustes allí donde considere necesario; piedras para construir u obturar obras, disuadir conflictos o inducirlos; papel para regular y distribuir como mejor le plazca la palabra impresa. Como en el juego de niños, habrá que ver cómo resulta cada ronda; si la tijera corta el papel, el papel envuelve a la piedra o las piedras se imponen, para bien o para mal, sobre las tijeras. Viviremos en 2012, a no dudarlo, tiempos interesantes…y más problemáticos.

(De la edición impresa)

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