¿Está de acuerdo con la creación del Instituto de Revisionismo Histórico?

(Contrapunto entre Araceli Bellotta y Andrea Matallana)

SI El revisionismo histórico es una corriente historiográfica inaugurada a fines del siglo XIX por Adolfo Saldías y luego retomada por los intelectuales de Forja, quienes añadieron a esta corriente una impronta nacional y popular, es decir, sumaron la denuncia de la dependencia del país de las grandes potencias extranjeras a la mera reivindicación de Juan Manuel de Rosas, denostado por la historia liberal contada por Vicente F. López y Bartolomé Mitre. Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José María Rosa, Jorge Abelardo Ramos, entre otros, dejaron en claro que el menosprecio a los caudillos estaba ligado a la subestimación de lo propio y a la preparación de un imaginario colectivo que viera con naturalidad la subordinación de la Argentina y de América Latina a las grandes potencias.

Una de las herramientas más efectivas para lograr esa subordinación fue la parcialización de la Historia. Por esa razón, la enseñanza de esta materia en las escuelas, por generaciones, consistió en “narraciones absurdas en que los   acontecimientos más graves explotan sin antecedentes y concluyen sin consecuencias”, tal como lo definió Scalabrini Ortiz y lo redondeó Jauretche al llamarla “colonización pedagógica”. En el Siglo XXI, un grupo de historiadores nos hemos nucleado en el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e  Iberoamericano Manuel Dorrego para tomar la posta y aportar a las nuevas generaciones una mirada que permita la comprensión de las cuestiones a resolver en el presente.

El decreto 1880/11 por el que fue creado, menciona los nombres de algunas de las figuras del pasado a modo indicativo. No las agota, sobre todo en lo que se refiere a las mujeres. No fueron los historiadores académicos los que comenzaron a rescatarlas. Cuando a partir de 1990 se reprodujeron las cátedras e investigaciones de género, hacía ya una década que desde distintos campos del saber habíamos comenzado la tarea con trabajos que aportaron nuevas fuentes a la historiografía y que hoy son citados por quienes investigan en las universidades.

No somos meros “recordadores” ni “anticuarios útiles”, tampoco nos interesa que nuestra tarea sea nada más que un hecho erudito, sino una contribución para la construcción de un país. Por eso procuramos encontrar la forma para que nuestro trabajo llegue a la mayor cantidad de gente posible.

(Por Araceli Bellotta. Periodista, escritora e historiadora. Vicepresidenta del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego).

NO Primero fue el mito, la religión y, lue go, la política. La invención de un relato poco tiene de veraz aunque puede resultar verosímil. La decisión de crear el Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego obedece a la necesidad de escribir un relato de epopeyas, héroes y mitos que, en forma poco sutil, opone la historia oficial (liberal y
extranjerizante) a la historia oficial(ista). En la oscura categoría de liberal y  extranjerizante quedan, no sólo algunos de los personajes más relevantes de la política argentina de los siglos XIX y XX, sino que deberían catalogarse a los historiadores formados que han escrito una historia cuyo relato no se aviene a la historia oficial(ista) y no circula por las vías masivas de comunicación ni las grandes empresas multimedios del Estado. La lista de “próceres” que conforman esa categoría ha sido y es objeto de estudio de largas y destacadas investigaciones nacionales (desde las  perspectivas historiográficas más heterogéneas) y también internacionales.

Los considerandos del decreto parecen una lista improvisada de temas de moda: en el cuarto párrafo, luego del largo introito ideológico fundador, completa diciendo que prestará especial atención a la participación femenina, pero sin embargo en la lista de personajes destacados sólo aparece Evita. No hay lugar para mencionar a Encarnación o Manuelita, Juana Azurduy, menos aún a Julieta Lanteri y ni qué hablar de Eduarda Mansilla, Lola Mora, Mariquita Sánchez o Alicia Moreau de Justo, entre muchas otras.
Me hubiera resultado interesante que, al menos, el nuevo instituto llevara al seno de su grupo una proporción al estilo de la ley de cupo (que acaba de cumplir 20 años). Sin embargo, de los 33 personajes destacados sólo cinco serán del bando femenino.

Las dudas que enciende esta creación se refieren tanto a sus fundamentos y objetivos como a los fondos con los que se financiará y a sus integrantes. En el texto, palabras como fuentes, validez y procesos están ausentes. Quizá deberíamos aclarar que no hay un “método de investigación” revisionista como no lo hay peronista o antiperonista. No estaría de más aclarar que la literatura no es el equivalente a la Historia, y que entre una y otra media un proceso de producción diferente. También sería oportuno  establecer que la divulgación histórica no es sinónimo de banalización del relato.

(Por Andrea Matallana. Departamento de Historia Universidad Torcuato Di Tella y
coordinadora académica del posgrado en Historia).

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