La “gestión” y sus significados

La oposición está comenzando a hablar con éxito de ineficiencia de gestión, y el Gobierno no está respondiendo con efectividad.

Después del 54%, todo análisis político parte de la premisa del poderío kirchnerista. Desde el plano de la ca pacidad ampliada para tomar decisiones, esto es correcto: el Gobierno está aprovechando el “período ventana” de poder que confiere la rotunda victoria electoral para implementar medidas que generan antipatía en algunos sectores focalizados. Veamos: sacó –con el apoyo del Pro y diputados del llamado “peronismo disidente”, y poca resistencia del resto de las bancadas– el dictamen favorable al Presupuesto 2012, que incluye facultades al Estado para renegociar la deuda con el Club de París; modificó la relación de fuerzas en el Consejo de la Magistratura; avanzó en las negociaciones para prorrogar las leyes de emergencia económica e impuesto al cheque; anunció el traspaso de la concesión de los subtes al Gobierno de la Ciudad, prorrogó por decreto la ley de Pacto Fiscal; introdujo las conocidas regulaciones de la compra de dólares en el circuito de bancos y casas de cambio, y comienza –con gradualismo– a quitar los subsidios a los servicios públicos a grandes empresas y usuarios de alto ingreso.

En otras coyunturas y bajo otra relación de fuerzas entre oficialismo y oposición,  cualesquiera de estas decisiones hubiera causado revuelo; hoy, pasan como si nada.

Pero el tiempo pasa rápido y por eso hay que advertir que como consecuencia del  cambio de las condiciones económicas mundiales y su inevitable impacto en nuestro país –sabemos con seguridad de que algún impacto habrá, aunque poco sepamos aún de su intensidad–, la agenda del debate político también cambiará. La calidad de la gestión, como tema, pasará a un primer plano.

Y en esta cuestión, la oposición  partidaria y social cuenta con una ventaja en el plano discursivo: ya viene hablando de ella. Hasta ahora, viene siendo un tema más opositor que kirchnerista. Tiene más gimnasia, más horas de vuelo, con lo que si la hipótesis es correcta, veremos en los próximos meses que la capacidad opositora de instalar agenda mediática y pública está más entera de lo que parece. Esta semana fue la misma Presidenta la que sostuvo, en la 17ma. Conferencia de la Unión Industrial Argentina, que el modelo económico entra en una etapa de “sintonía fina”. Ello significa reconocer que los grandes pilares macro de la economía kirchnerista, como el tipo de cambio “competitivo”, la alta recaudación por vía de los impuestos al consumo y las retenciones, y las también altas transferencias desde el sector público en forma de subsidios a los servicios y la seguridad social, ya no ruedan por sí mismas: deberán estar acompañadas por más gestión. Sintonía fina es gestión: del mercado cambiario,
la demanda agregada –esto no se dice, pero se presiente– y de la asignación de subsidios.

Se plantea una cuestión semántica, ya que “gestión” para Cristina Kirchner probablemente no significa lo mismo que para los economistas ortodoxos. Ella establece una diferencia cuando dice, ante los industriales, que “nuestro modelo es de crecimiento, no de metas de inflación”. Gestión pública, en clave kirchnerista, sería la
intervención necesaria para defender eficientemente los objetivos de las políticas públicas. Para un economista ortodoxo, en cambio, la gestión pública sería la modernización del Estado para hacerlo más eficiente en sí mismo (evitando todo lo posible la conversación sobre los objetivos sociales). El discurso ortodoxo, en este punto, suena más fuerte. Cuando se habla de economía, los kirchneristas corren con ventaja si el debate rumbea para el lado de los objetivos y resultados sociales, pero hablando en general, los opositores están más preparados para argumentar sobre eficiencia y administración.

Lo han hecho por años en temas diversos como los subsidios a los servicios públicos, la energía y el agro. En todos estos casos, la oposición hablaba y el Gobierno respondía “con hechos”. Por esa razón, si los hechos comienzan a pagar menos como resultado de la inexorable desaceleración del alto crecimiento argentino, las críticas eficientistas cobrarán nuevos bríos. En los últimos días la oposición está comenzando a hablar con éxito de ineficiencia de gestión, y el Gobierno no está respondiendo con efectividad. Se lo acusa de implementar una política “torpe” en el mercado cambiario, de administrar mal a Aerolíneas Argentinas –lo que implica también golpear a La Cámpora, una  cantera de funcionarios públicos–, se critica toda su política de subsidios a la luz y el agua y sus intentos de superarla. El argumento general, detrás de cada una de estas cuestiones abiertas, es que el Gobierno está mal preparado para gestionar los tiempos que vienen, lo que repercutiría negativamente en las perspectivas del país.

Es uno de los argumentos más poderosos que logró construir la oposición en estos ocho años. En el mejor momento político del kirchnerismo, se le está planteando su mayor desafío discursivo, y deberá diseñar un giro en su mensaje a la opinión pública para revertirlo.

(De la edición impresa)

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Una Respuesta a La “gestión” y sus significados

  1. Alfonso dijo:

    he lgaeldo a este blog de casualidad…a ver si os animais y vais poniendo mas cositas…parece chulo

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