Alberto Fernández en busca de la unidad

Por Ramiro Albina

La virtualidad en tiempos de pandemia le dio una característica particular al pasado 17 de octubre. El Día de la Lealtad, mito fundacional del peronismo, desentonó con cualquier conmemoración anterior en una mezcla de virtualidad accidentada, caravanas y presencia gremial en la calle.

A pesar de los trascendidos que habían tenido lugar durante los días anteriores, no existió un operativo clamor que consagrara a Alberto Fernández como presidente del Partido Justicialista. Sin embargo, esta idea sigue estando presente y es impulsada por algunas figuras de primera plana del peronismo empezando por el actual presidente del partido, José Luis Gioja. El último presidente peronista que en funciones asumió la presidencia del PJ fue Carlos Menem.

La figura de Fernández como presidente del PJ podría contribuir a suavizar las internas en el movimiento peronista. A su vez, podría ayudar a fortalecer políticamente la figura de un  Fernández criticado por quienes le diagnosticaban, antes de su mensaje del 17, un bajo nivel de peronismo en sangre al momento de sus exposiciones públicas.

Sin embargo, el PJ no es el único actor de la coalición oficialista. Dentro del Frente de Todos conviven otros sectores que si bien algunos se podrían identificar dentro del pan-peronismo, no forman parte de la estructura partidaria formal. Desde Sergio Massa, que a pesar de su participación en el salón Felipe Vallese insiste en el armado de un espacio alternativo, el Frente Renovador; hasta los movimientos sociales que representan un sector social que hace tiempo quedó fuera del faro de la calle Azopardo.

Cuando se conformó el Frente de Todos allá por mediados del año 2019 la idea principal era que la suma de las partes de un peronismo fragmentado alcanzaría para ganar las elecciones. En ocasiones, esa suma de fragmentos parece haberse transformado en una disputa que requiere de una negociación permanente entre sus partes; el salto de la coalición electoral a la coalición de gobierno constituye una conversión en la que es necesario rediscutir las reglas, en particular en un contexto de presidencialismo en un sistema federal como el nuestro. La eventual asunción de Fernández a la presidencia del PJ pareciera ser fundamentalmente un acto simbólico. Un intento de demostrar que efectivamente hay un timonel a cargo de la nave.

El peronismo siempre fue un fenómeno plural. Más que del peronismo, debería hablarse de los peronismos. Esta plasticidad propia de una gran adaptabilidad ideológica y una organización partidaria poco institucionalizada ha llevado a algunos a dudar si en realidad existe algo así como una identidad peronista. Pero la dificultad para definirlo no conlleva su inexistencia. He ahí su fortaleza y la clave de su supervivencia. Pierre Ostiguy sostiene que el espacio político argentino es bidimensional, donde la división política fundamental se constituye en torno a lo bajo y lo alto. Peronismo y no peronismo. Una división socio-cultural antes que ideológica. Dentro de cada uno de estos espacios es donde podemos encontrar la díada izquierda-derecha. La identidad peronista, que puede nuclear a los distintos sectores en un mismo acto, no necesariamente se traduce en una identidad programática.

En las últimas semanas han tenido lugar discusiones importantes en la escena pública en las que distintos sectores del oficialismo mostraron posturas encontradas, como fue en el tema Venezuela. Estos desafíos públicos a las decisiones que se toman desde Casa Rosada probablemente no serían tan acentuados de existir un consenso sobre la fortaleza de la autoridad presidencial. La especulación sobre las relaciones entre los miembros de la coalición en el nivel más alto conlleva a ciertos exabruptos por parte de figuras de niveles inferiores. La política existe porque existe el conflicto. En el supuesto de que convivamos en una perfecta armonía de valores e intereses esta no haría falta. Por lo tanto, en política el poder se manifiesta no solamente en la capacidad de influir en las decisiones vinculantes sino también en la definición de los conflictos. La coalición gobernante se enfrenta al desafío de construir un relato coherente y evitar que las pujas internas terminen generando mensajes contradictorios hacia el afuera.

Al momento de anunciar la fórmula que competiría en el 2019, la actual vicepresidenta había sostenido que “la coalición que gobierne deberá ser mucho más amplia que la que haya ganado las elecciones”. A pesar de que la amplitud de las coaliciones contribuye a sumar miradas alternativas e identificar desafíos y oportunidades que otros actores no podrían identificar en soledad; con el aumento de su tamaño también pueden incrementarse las tensiones internas y los problemas de coordinación. La actuación de los gobiernos raramente puede ser juzgada como una acción conducida por un actor único u homogéneo. Los actores con responsabilidades de gestión raramente actúan en perfecta armonía, sino que los juegos de negociación también existen al momento de decidir e implementar una determinada política pública. Sin embargo, esta realidad debe ser gestionada con cuidado ante la ausencia de una agenda consensuada y la existencia de lealtades cruzadas con el gobierno, el partido y el sector dentro del partido al interior del gobierno.

En el acto que tuvo como escenario la sede de la CGT, Fernández apeló a la unidad. La escenificación también apuntó en ese sentido, con la participación de figuras del gobierno nacional, sindicalistas, intendentes bonaerenses y los gobernadores peronistas. A pesar de las especulaciones planteadas en la previa, la vicepresidenta no participó en el acto presencial.

El gobierno se ve ante la necesidad de lograr construir un relato coherente y moderar las pujas internas que permita la construcción de una agenda de gobierno. Como señala Federico Zapata en una entrevista en esta edición, “resolver la agenda y la cadena de mandos”. El riesgo de no lograrlo sería quedar preso de la coyuntura y constituirse como un mero administrador de una cotidianeidad atravesada por una crisis económica que requiere de manera urgente acciones unificadas en una dirección que sea clara y permita proyectar un escenario de mediano/largo plazo.

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