Los liberales quieren competir en 2021

Por Ramiro Albina

El año que viene tendrán lugar las elecciones legislativas de medio término en las que a nivel nacional se renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Las elecciones de medio término siempre constituyen un evento clave para los oficialismos. A pesar de la provincialización de las campañas, suelen ser consideradas como una suerte de “plebiscito” de los dos primeros años de mandato al mismo tiempo que contribuyen a delinear la dinámica política en los dos restantes.  En este caso también representa un desafío de gran importancia para la principal fuerza de oposición, Juntos por el Cambio. La mitad de los diputados que se renuevan en este turno son aquellos que fueron electos en la elección intermedia de 2017 en la que la entonces alianza Cambiemos tuvo una muy buena performance.

A pesar de que la dinámica bicoalicional que se ha conformado ocupa a la mayor parte de los análisis políticos, en este caso queremos referirnos a un fenómeno relativamente novedoso que continúa en su intento de posicionarse en la escena política.

“Liberal” siempre ha sido una palabra en disputa en el diccionario político argentino. Convertido en insulto catch-all cuando se le agrega el prefijo -neo, su apelación en términos positivos o negativos ha fluctuado a lo largo de los años. En los años recientes parece haber aflorado un renacimiento de un discurso económico liberal que comenzó a ganar terreno en los medios de comunicación y en las redes sociales. El fenómeno mediático logró convocar a muchos jóvenes que veían en este discurso una forma de rebeldía. En 2019 una parte de este sector se decidiría por lanzarse al barro detrás de la candidatura de José Luis Espert. Recientemente, Ricardo López Murphy también mostró su intención de volver al ruedo y competir en las elecciones del próximo año.

Más allá de las coincidencias ideológicas por el momento existen diferencias en las estrategias electorales. Consultado por El Estadista, el politólogo y experto en comunicación política René Palacios sostiene que las diferencias están en el estilo: “el armado del espacio de Espert reemplaza la estructura partidaria con candidatos más celebrities como Milei que tiene más llegada al segmento joven menos politizado; López Murphy es un estilo más clásico que está intentando posicionarse para recaer en un armado que ya está conformado como JXC”. Por su parte, el politólogo y magíster en ciencias sociales por la Universidad de Chicago, Marcos Falcone sostiene que “el liberalismo tiene que superar los problemas de ego y los líderes tienen que entender que son más importantes las ideas que ellos; es temprano para saber si realmente López Murphy y Espert van a ir separados, pero no comprendo por qué lo harían ya que no tiene sentido que personas que piensan de forma similar rompan un espacio que ya de por sí es minoritario”.

A diferencia de López Murphy, quien cuenta con una larga trayectoria en política, el discurso de Espert se caracteriza por una crítica a la “clase política” en su conjunto. A pesar de que las crisis económicas pueden representar momentos propicios para la irrupción de outsiders con un discurso anti establishment, no basta por sí sola como garantía de éxito de este tipo de candidaturas. Por lo general, su ascenso es favorecido por la percepción de una buena parte del electorado de la existencia de una colusión entre gobierno y oposición. Esto significa un contexto en el que una buena parte del electorado no identifique alternativas claramente definidas, lo que lleva a un desalineamiento partidario y a la búsqueda de opciones por fuera de lo establecido. Por lo tanto, la polarización intensa constituye una barrera importante para la emergencia de estas fuerzas. Incluso en aquellos casos en que los sentimientos de pertenencia partidaria sean bajos (como a veces se señala para el caso argentino), la existencia de identidades negativas puede contribuir a la construcción de al menos cierta relación de simpatía con aquel espacio político que más cerca se encuentra en mi escala de preferencias. La grieta estabiliza.

Falcone sostiene que en ocasiones “hay un gap entre la dirigencia (aventajada y que piensa el mundo de una manera tradicional), y las bases (que son jóvenes y cuyas preocupaciones son distintas). El liberalismo tiene que volverse más atractivo para la sociedad más como proveedor de soluciones y menos como denuncia anti-sistema, porque al final del día las personas votan con el bolsillo y es a esa demanda a la que hay que responder”. Por su parte, Palacios sostiene que “en general en el mundo a los espacios de derecha les cuesta venderse en la opinión pública; no tienen un relato estratégico: una interpretación del pasado, un diagnóstico del presente, una visión del futuro y un camino para alcanzar ese futuro. Esto se refleja en que ni siquiera dicen que quieran representar a la derecha, entonces buscan otras denominaciones como ‘libertarios’. Esto será un desafío para  estos espacios ya que está claro que hay un segmento del electorado que está de acuerdo con algunas de sus ideas pero el tema es darle una visión integral a su proyecto de país”.

En Juntos por el Cambio también ven con atención la evolución de este sector en una Argentina bicoalicional en la que un pequeño porcentaje de votos puede hacer una gran diferencia. La relación con JxC pareciera ser la fuente de algunas de las discrepancias más importantes entre las distintas vertientes del sector liberal. Ricardo López Murphy, si bien manifiesta la intención de competir en la categoría de diputados nacionales, también ha postulado la necesidad de alcanzar acuerdos en aquellos distritos en los cuales se elijan senadores, así como la idea de conformar una alianza para la elección presidencial de 2023. Su intención pareciera ser probar su fuerza electoral en 2021 para poder sentarse en la mesa de negociación en el armado opositor. En ese sentido, Palacios sostiene que “López Murphy encaja mejor para hacer un acuerdo con JxC por tres razones: una histórica, una sociológica y una pragmática; la  histórica tiene que ver con que no hay que olvidarse que el PRO se formó con Recrear para el Crecimiento, aunque después se desarmó esa confluencia personal con el economista, todos sus cuadros (Esteban Bullrich por ejemplo) siguieron en el proyecto; la sociológica es que López Murphy cierra mejor con el electorado más clásico de JxC o el radicalismo: arriba de cincuenta años, clase media y alta y con una preocupación por los valores republicanos; la política es Horacio Rodríguez Larreta que, como principal figura institucional de JxC es mucho más pragmático a la hora de construir alianzas de poder y es más factible que quiera incorporar un representante de un sector que le puede restar votos en su distrito”. Consultado por esta cuestión, Falcone sostiene que “JxC no es un espacio liberal; el liberalismo tiene que ser una opción autónoma pero que a la vez pueda tender puentes con cualquier otro partido o coalición, incluido JxC. Si las circunstancias del país hicieran que JxC virara hacia el liberalismo, yo creo que los liberales deberían ser pragmáticos y evaluar la situación sin cerrarse de antemano ya que, si lo hacen, el liberalismo pasa a ser marginado e intrascendente”.

Junto a las variables propias del comportamiento electoral y las identificaciones socio-políticas estructuradas en dos polos, se combina una estructura institucional electoral que impone costos de entrada importantes para quienes están afuera. La renovación parcial de la Cámara de Diputados lleva a que para conseguir un reflejo fiel de la configuración del electorado en un momento dado no alcanza con una elección. Debe conseguir un buen resultado en dos elecciones consecutivas. Esto conlleva a que las terceras fuerzas que pueden conseguir más votos en las elecciones intermedias, encuentran dificultades para competir en la renovación que coincide con la elección presidencial, debido al efecto arrastre. A su vez, la renovación parcial y la asimetría en la distribución poblacional lleva a que en muchos distritos la restricción a la entrada de terceras fuerzas es muy difícil de superar. Tengamos en cuenta que veinte distritos eligen cinco diputados o menos por cada renovación. Las terceras fuerzas tienen mayores posibilidades en los cuatro distritos más grandes: Santa Fe (10/9 diputados por elección), Córdoba (9 diputados por elección), Buenos Aires (35 diputados por elección) y Ciudad Autónoma de Buenos Aires (13/12 diputados por elección), siendo que en estos mismos distritos la fluctuación del voto tiende a ser mayor. Esta situación introduce problemas de coordinación estratégica que conllevan una importante dificultad para que las terceras fuerzas con pretensión nacional se extiendan a lo largo del territorio sin alianzas con las fuerzas más consolidadas, sumado a un contexto en el que la política territorial se caracteriza por su estabilidad.

Más allá de las barreras institucionales y políticas, lo cierto es que las aguas del liberalismo argentino parecen haber comenzado a moverse en vistas al 2021. Tanto Falcone como  Palacios encuentran la existencia de un mercado electoral donde este espacio podría recoger sus frutos. “Si los liberales presentan una propuesta coherente, no hay razón para creer que no puedan ganar representación en el Congreso, difundir sus ideas e influir en el futuro del país. Alsogaray llenaba el estadio de River en los ochenta, y yo creo que los liberales pueden retomar ese entusiasmo con facilidad una vez que presenten propuestas concretas y dejen de lado las peleas de ego”, señala Falcone. Por su parte, Palacios sostiene que “las últimas mediciones parecieran indicar que hay un espacio para ocupar y que tiene que ver con los “desencantados” de la gestión económica de Cambiemos. Lo que no queda claro es que ese espacio tenga tanta fuerza para dividirse en más de una opción. Ahí va a estar la discusión”.

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