El pulso de la reperonización

Por Julio Burdman

A pesar de que las crisis económica y sanitaria avanzan a toda velocidad, en los días que pasaron el gobierno de Alberto Fernández sintió algo del alivio reconfortante que puede proporcionarle ser el referente institucional de una amplia coalición política. El 17 de octubre, segundo aniversario del movimiento peronista, sirvió para recordarle al Presidente que cuenta con un instrumento que ha utilizado poco a la hora de buscar sustentación. De yapa, la contundente victoria del MAS en Bolivia el día después confirmó que su apuesta política regional era correcta. A diferencia de lo ocurrido con las confusas votaciones sobre Venezuela, el activismo democrático de Argentina en Bolivia planteó la posibilidad de que el país cuente con una voz propia y discernible en Sudamérica, relativamente autónoma frente a las dinámicas de la polarización internacional. «Neutralidad activa» dicen en Cancillería, aunque no está claro que se trate de un concepto definitivo. La meta es optimizar nuestras relaciones necesarias con Washington y Beijing, minimizando los costos de la ambivalencia y sostener ese neotercerismo peronista en el plano regional. No es imposible, pero requiere una gestión fina y habilidosa.

Naturalmente, el alivio proveniente de la política pura será de corta duración. El peso de la adversidad macroeconómica es el dato insoslayable, y no hay sostén político «en sí mismo» que pueda contrabalancearlo. De hecho, a medida que el impacto de la crisis económica avance sobre el ingreso y el poder de compra de las personas, todo apoyo tenderá a disminuir. Lo único que puede hacer un gobierno en estas circunstancias es desplegar un plan que vaya al corazón del desequilibrio económico y plantee una senda de recuperación sostenida (Menem I, Duhalde-Kirchner). También está la opción de no hacer nada, y simplemente flotar hasta que el mercado y la sociedad actúen por default (De la Rúa). Pero eso segundo ya no es gobernar.

Dado lo anterior, la importancia del alivio de las 48 horas del 17 y 18 de octubre no es su efecto reconfortante en el ánimo del presidente, sino la prueba de la solidez del método. La hipótesis de la reperonización. En algún momento no muy lejano, el gobierno del Frente de Todos se va a reperonizar. En sus primeros pasos, el Presidente intentó exactamente lo contrario: desperonizar, apelar al pacto y el diálogo interpartidario, evocar a Alfonsín y los símbolos del progresismo no peronista. Toda esa táctica está orientada a sumar nuevos apoyos y ampliar su base de sustentación. Pero una vez que se agota, y el Presidente se encuentre limitado a su propia pero nada despreciable base de votos peronistas, se recostará en ellos para gobernar.

Los ciclos de desperonización y reperonización caracterizaron a todos los gobiernos de base justicialista durante la democracia de 1983. Desperonizar es tender puentes a nuevos apoyos y votantes, reperonizar es movilizar a los propios en tiempos complejos. Esto último no implica necesariamente un conjunto específico de políticas, también puede consistir en una apelación a los símbolos y tradiciones del justicialismo, o una defensa de sus intereses sindicales o provinciales.  Menem reperonizó para ganarle a Cafiero, luego desperonizó sumando ucedeístas y extrapartidarios para implementar sus reformas neoliberales, y terminó reperonizándose en el segundo gobierno, apoyándose en los justicialismos provinciales y citando cada dos por tres a Perón para justificar sus políticas de gobierno. El kirchnerismo arrancó su ciclo desperonizando, para sumar nuevos votantes en su enfrentamiento con Menem y Rodríguez Saá, y construir una base propia «transversal» y «progresista». Pero luego, en particular a partir de la crisis del campo del año 2008, provocó la reperonización más profunda de las últimas décadas. La pregunta es cuánto tiempo falta para la inexorable reperonización del Frente de Todos.

Alberto Fernández enfrenta una coyuntura crítica. Hay pocas opciones para producir una rápida recapitalización y sacar a la Argentina de su actual desequilibrio estructural. Una de ellas es una reforma profunda del régimen fiscal federal, algo que dejó traslucir Martín Redrado en el Coloquio de IDEA. La otra sería una movida fuerte respecto del campo posterior a una devaluación, que sería una actualización de la fórmula de 2002 / 3.  También puede llevar adelante una alianza profunda con China, sumándonos a la propuesta global de Beijing de crear mercados en yuanes. Cualquiera de las tres soluciones implica una fuerte conflictividad con un sector importante de la sociedad argentina. Sea por izquierda o por derecha, la reperonización será un instrumento para apoyarse en una implementación compleja. El deterioro del diálogo con la oposición y la repolarización de la sociedad indican que el sueño moncloísta ya no existe más.

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