La hora de la “sintonía fina”

La política económica de los próximos será más compleja pues deberá operar en un contexto global y local más adverso.

El segundo mandato de Cristina Fernández ya comenzó. Las medidas tomadas en el terreno económico así lo demuestran. La intervención sobre el mercado cambiario, teniendo en cuenta que la fuga de capitales no es un fenómeno para nada reciente (aunque la magnitud que tomara a mediados de año, con el agregado de comenzar a drenar reservas, se haya agrandado notablemente) y la decisión de comenzar a reducir los subsidios a los servicios públicos, especialmente a sectores que no los precisan, son medidas que el Gobierno podría haber aplicado, y justificado lógicamente, un tiempo atrás. Sin embargo, se esperó hasta el 23 de octubre, día en que la Presidenta confirmó que iba a seguir cuatro años más y que lo haría con un capital político inmenso. Eso alistó el terreno para las primeras medidas de la segunda gestión.

Finalmente, la intervención logró anestesiar el mercado cambiario, reduciendo la demanda de dólares y aumentado la oferta. Pero la “victoria” tuvo sus costos: dejó en una posición más débil a la economía. El PIB ya venía desacelerándose y, con esto, tuvo un rebaje más. La menor presión sobre los precios en una economía más fría será uno de sus coletazos. El país tiene menos reservas que a comienzos de año y la tasa de interés es casi el doble de la de unos meses atrás. En 2012, el crecimiento estaría entre 3% y 4%, dicen las consultoras privadas en promedio. Sería la tasa más baja, a excepción de 2009, de la era K. El Presupuesto que debate el Congreso, enviado por el Poder Ejecutivo, habla de 5,1%. El viento de cola, asimismo, se calmó: los precios de las commodities son los más bajos del último año; la economía de Brasil, el principal socio comercial del país, está estancada y la crisis que incuba Europa, si se descalabra, podría tener efectos recesivos a nivel planetario.

Días atrás, la Presidenta dijo en un discurso que “la economía creció 9% en lo que va del año, casi tasa china, más que China diría”. CFK no ha desarrollado, aún, un relato para las nuevas épocas de menor crecimiento que se avecinan. Cristina, es obvio, no hablará de “ajuste” ni de “medidas impopulares”. Ha dicho poco y nada de la nueva política de subsidios (vagamente habló de “distorsiones” que merecen corregirse) y sólo ha aludido tangencialmente a los “boicoteadores” a la hora de referirse a las tensiones cambiarias. A su vez, en la Conferencia Industrial de la UIA destacó la importancia de un dólar controlado para que no se acelere la inflación. La crisis internacional podría servir como chivo expiatorio discursivo. El anuncio de las decisiones, tanto cambiarias como fiscales, ha sido estratégicamente monopolizado por los ministros. En la conferencia en que anunció, entre otras cosas, la eliminación de ciertos subsidios residenciales, el ministro Julio De Vido sorprendió diciendo: “El recorte en los subsidios de luz, gas y agua es una señal a los mercados”.

Mirando al futuro, la Presidenta deberá hacerle unos retoques al relato para explicar por qué la economía ya no crecerá ni será tan dinámica como antes y por qué es necesario introducir ajustes en algunas variables. Con la habitual intención de imponer agenda, algunos medios influyentes hablan de “ajuste” y de la final de “la fiesta”, como si se tratara de finales de los ’90 y se avecinara un cambio de régimen. Son enormes las diferencias con ese momento. Aunque es cierto que si, en efecto, la economía, el consumo, los salarios y el empleo crecen menos y, además, se afectará el ingreso disponible con tarifas más caras, el sentimiento general con respecto a la marcha de la economía por parte de la sociedad podría cambiar. El Gobierno tendrá que estar atento: tiene más para perder que para ganar. Los cambios recién están comenzando y aún no está claro el impacto político que tendrán.

La decisión de comenzar a recortar subsidios se debe a la necesidad de recomponer parte del ahorro fiscal perdido en los últimos años. El superávit de las cuentas públicas, una obsesión de Néstor Kirchner, será fundamental para controlar la inflación y para conservar poder de fuego en caso de que la situación económica, por efectos locales o externos, se deteriore. Como en 2009, el Gobierno necesitará caja para mantener el nivel de empleo y el gasto social. El Gobierno lo ha presentado como una estrategia para ir reduciendo una distribución inequitativa del gasto público, especialmente el referido a los subsidios. La eliminación de estas transferencias para las empresas más rentables y los hogares más pudientes abonan, por ahora, el relato distribucionista. No es seguro, empero, que ese relato se mantenga cuando, tarde o temprano, deban ajustarse las tarifas en hogares o empresas con menor capacidad de respuesta porque los subsidios eliminados hasta ahora representan menos de $5.000 millones de una torta que este año superará los $75.000. La decisión fue bien recibida por la oposición, que la reclamaba hace un tiempo largo. Esto no significa que puedan surgir tensiones, por ejemplo, con la CABA a la hora de negociar el traspaso del subte, que es una medida lógica.

La reducción de los subsidios también es una señal a las empresas que prestan servicios públicos y, específicamente, al sector energético. Este año, el país importará aproximadamente U$S 3.500 millones de energía, principalmente gas-oil y fuel-oil. La Argentina ha perdido el superávit energético y recuperarlo, vía un incremento de la inversión y la oferta de energía local, será uno de los desafíos de la nueva gestión, dado que la energía importada es cara y obliga al país a desprenderse de dólares en un momento en el que ya no abundan. Empero, aún si hubiera un sensible aumento de la inversión en el sector, empezar a revertir el déficit energético insumirá un tiempo. No es tan fácil aumentar la oferta en el corto plazo, dicen los especialistas.

PRECIOS RELATIVOS

Según el economista Ricardo Delgado, la agenda de los próximos meses pasará por el  reordenamiento y la convergencia de los precios relativos más importantes de la economía: el dólar, las tarifas, la tasa de interés, la inflación y los salarios. Se precisará mucha más cintura que otrora a la hora de manejar la economía. De cómo maniobre la nueva Administración en esas aguas dependerá de que la inflación comience a bajar, se disipe la incertidumbre cambiaria, aumente la probabilidad de moderar la puja salarial de 2012 y se recupere el colchón fiscal y cambiario. En base a ello responderán las tres variables económicas más sensibles e importantes: la inversión, el crecimiento y el empleo.

En esa línea, la Presidenta advirtió en la Conferencia Industrial de la UIA que llegó el momento de “la sintonía fina”. A su vez, le dejó en claro a todos los sectores que ella estará al frente de ese proceso y que los empresarios que quieran hablar con ella de economía lo tendrán que hacer con números en la mano.

(De la edición impresa)

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