De la grieta, Twitter y la política

Por Mauro Becerra @becerra_mauro

Desde hace más de una década, los comunicadores políticos incorporamos otro territorio a nuestros análisis: el digital. Si bien una parte de esta digitalidad ya estaba presente desde antes, la explosión de las redes sociales y la llegada de los smartphones hicieron posible que más aspectos del ejercicio ciudadano pasen a tener su representación virtual. Y detrás de personas (posibles votantes) compartiendo tiempo e intereses, siempre va a ir la política.

La primera ola masiva llegó de la mano de Facebook. En aquel momento, por similitudes y prácticas de consumo similares, la red de Mark Zuckerberg logró captar sectores jóvenes provenientes de experiencias como Fotolog, o MySpace. Hoy, de esa masividad juvenil solo le queda el recuerdo, pero eso es otro tema. Casi inmediatamente lo siguió Twitter con la práctica del microblogging (ideas en textos cortos). Tras esta vanguardia, vinieron Pinterest, LinkedIn, Instagram, Snapchat e incluso la última moda (que suele ser efímera en este sector): TikTok.

Pero vamos a detenernos en la red “del pajarito”. Vio la luz en 2006 basándose en una idea de interacción por sms (los cuales podían contener hasta 140 caracteres). Partir de esa tecnología definió una característica fundamental de esa red hoy en día: la economía en los textos. Y en búsqueda de esa característica, las connotaciones sobre texto e imagen son materia prima esencial. Tal vez por esto Twitter sea la red de la ironía, de la acidez… y un poco también la del poder.

Cualquier análisis o estudio social que se haga sobre contenidos de Twitter debe partir desde ese punto: no es una encuesta de opinión pública. A riesgo de caer en una generalidad, podemos decir que analizar conversaciones en Twitter es conocer ideas del 10% hiperinformado de Argentina: no alcanza para conocer la realidad completa pero es un segmento interesante para analizar.

La Fundación Cigob elabora mensualmente un informe conocido como Interbarómetro, que brinda indicadores sobre las reputaciones digitales de los principales líderes políticos argentinos en el territorio digital. Más de dos millones de conversaciones son analizadas cada mes. Gracias a esa base de datos y cambiando los criterios de selección, podemos dar una rápida mirada a lo que opinaron sobre estos referentes los usuarios de Twitter, en los últimos ocho meses.

En primer lugar y analizando a los dos espacios políticos principales (“Frente de Todos” y “Juntos por el Cambio”) ya aparece una clara polarización: las célebres dos partes de la grieta. Los dirigentes del Frente de Todos (Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof) presentan un porcentaje de positividad promedio de 36% en los últimos ocho meses. En contraparte, los dirigentes de Juntos por el Cambio (Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta) alcanzan un promedio de 35%.

Pero sigamos analizando. Si tomamos a cada dirigente por separado, veremos que dentro del Frente de Todos la imagen positiva más alta la ostenta el Presidente (46%). El último de esta lista es Massa, que llega apenas al 26% de aceptación. La vicepresidenta alcanza 40% y el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof, 33%.

Al mirar la evolución de la curva de estos valores, podemos decir que Alberto Fernández es elogiado y criticado por sus decisiones de gestión. Obtuvo un buen porcentaje de valoración positiva en el mes de diciembre (53%) porque, al igual que otros miembros del nuevo oficialismo que asumieron cargos, recibió los elogios y felicitaciones correspondientes a su victoria electoral. Su pico máximo (59%) lo alcanzó en marzo cuando fue elogiado por la decisión de realizar una cuarentena temprana. Esto fue considerado como una jugada de anticipación, en un contexto donde todavía no se había evaluado la gravedad del Covid-19 a nivel mundial. Aunque ese consenso sufrió ya un desgaste, su estrategia de ponderar la salud por sobre otras variables aún tiene un alto margen de aceptación.

Las críticas, podemos arriesgar, se relacionan por la posible influencia que ejerce sobre sus decisiones la vicepresidenta, según una parte de la patria tuitera. Las medidas que explican descensos en su valoración positiva son aquellas más radicales en términos políticos, que sus detractores señalan como “populistas”. Entre ellas se encuentran el Plan Argentina Contra el Hambre, la decisión de intervenir Vicentin y el proyecto de reforma judicial.

En el espacio de Juntos por el Cambio hay un dato que llama la atención, sobre todo porque arroja diferencias con lo que vienen mostrando en la actualidad los estudios de opinión pública: Macri es quien tiene la imagen más positiva en promedio (39%) y Rodríguez Larreta el que menos apoyo colecta (28%). Este sólo dato muestra que uno de los temas que más desvelan a los periodistas y analistas políticos (¿quién lidera la oposición?) la red del pajarito ya lo tiene resuelto. En ella las posturas y los discursos van al extremo. Decididamente, Twitter no es un universo donde convenga hacer gala de ser una “oposición responsable” y la comunidad propia de la red se lo hace notar al jefe de gobierno de la ciudad. Las críticas por cercanía con el oficialismo -entendidas como debilidad o incluso traición- hacen caer los valores positivos de Larreta. Por su parte, la exgobernadora Vidal cosecha 38% de imagen positiva.

Si analizamos qué pasó con la reputación de las figuras de Juntos por el Cambio vemos que la imagen positiva del expresidente Macri se mantiene estable. Al igual que lo que ocurre con CFK, su figura crece con el antagonismo y la adversidad, como una reacción de sus simpatizantes a las detracciones. Ejemplo de ello es el aumento de positividad en julio (41%) cuando aumentaron las críticas por viajar fuera del país, en el contexto de la crisis sanitaria local. La reacción a estas acusaciones fue la defensa de su derecho a salir del país. Sus defensores argumentan que no cumple ninguna función pública y tiene libertad de movimiento si se procura sus propios medios de transporte. Las críticas provienen de dos sectores: en mayor medida de detractores que lo señalan por el surgimiento de causas judiciales en las que se ve involucrado, como la causa de espionaje ilegal, así como de críticas por el legado económico que dejó.

En conclusión, es un escenario parejo. Twitter y la política argentina muestran otro caso más donde la grieta le gana al diálogo y donde la crítica del otro sólo sirve para radicalizar las creencias propias. Es la tierra del sesgo de confirmación. Los espacios virtuales de una sociedad no son distintos a los físicos. Ambos son de interacción directa entre ciudadanos. En todo caso, podrá ser una muestra más exacerbada, pero revelan nuestra manera de ser frente a determinados temas. Gran problema encara la clase política: poder superarse a sí misma (dado que es responsable de gran parte de esa radicalización) y generar ámbitos de debate; con ideas incluso antagónicas, pero que a posteriori generen consensos sostenibles.

¿Estará a la altura?

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