¿Hacia una nueva era política en el conurbano?

Las elecciones de 2011 ratificaron la lenta renovación política al frente de los partidos que rodean a la Capital y que concentran el 25% del padrón nacional.

Los 24 partidos que rodean a la ciudad de Buenos Aires son claves para entender la política del país y la preeminencia del peronismo, que tiene allí a su electorado más fiel. Concentrando a casi el 25% del padrón de la Argentina, cualquier proyecto político que quiera hacerse fuerte a nivel nacional debe sí o sí hacer pie con éxito en una región que integran, entre otros, municipios tan heterogéneos como Avellaneda, Tigre, Ituzaingó, La Matanza y Vicente López. El peso del peronismo en esos municipios se
hace sentir y las únicas dos elecciones presidenciales que perdió (1983 y 1999), tuvieron como ingrediente necesario una virtual paridad en el conurbano.

Pero es imposible hablar de la política conurbana sin mencionar a los intendentes, los siempre estigmatizados “barones”, con un estilo de liderazgo basado en el conocimiento baldosa por baldosa de las preocupaciones del municipio. Así, logran un acercamiento a las demandas ciudadanas que luego les es devuelto en amplios apoyos en las urnas. Este año hubo ocho que obtuvieron más del 60% de los votos, y muchos de ellos sacaron incluso porcentajes más altos que la presidenta Cristina Fernández y que el gobernador Daniel Scioli. Pero ese conocimiento in extremis de lo local funciona muchas veces como freno para su proyección más allá del municipio hacia funciones provinciales o nacionales. “Ser intendente te jibariza. Te impide tener una visión más amplia y por eso es difícil llegar luego a cargos provinciales o nacionales”, apunta un jefe comunal de la Tercera Sección, con intenciones de proyección más allá de su distrito. Si bien muchos tienen, al final del escrutinio, más votos que varios gobernadores,  son contados los casos de experiencias de estos hombres fuera de las fronteras municipales.

Sin embargo, la política bonaerense parece estar asistiendo a una transformación: la figura de barón del conurbano clásico ha ido perdiendo cada vez más fuerza y desde 2003 se observa una lenta pero constante renovación de figuras al frente de los municipios. Las elecciones del pasado 23 de octubre ratificaron esa tendencia de renovación política y generacional que promueve a una nueva lista de dirigentes que, también, parecen venir con nuevas concepciones políticas y administrativas.

Con poblaciones cada vez más complejas, han sabido interpretar las nuevas demandas de un ciudadano que requiere un buen gobierno para su municipio. El jefe comunal de Almirante Brown, Darío Giustozzi, se lo dijo a el estadista: “Hace mucho que no somos intendentes ABL. Nos ocupamos de muchas cosas porque somos las primera instancia frente a los reclamos ciudadanos que nos piden soluciones en materia de seguridad y vivienda que es mucho más de lo que anteriormente se le exigía a un intendente”. Casi en los antípodas ideológicas y de recorrido político previo, Jorge Macri refuerza este concepto de gestión y sostiene que los votantes requieren cada vez más gestión y obras que marquen la diferencia y no limitarse a mantener lo que ya está.

El mapa de dirigentes que están al mando de los distintos municipios aparece hoy muy distinto al que se veía al comenzar el ciclo político kirchnerista, en 2003. En 2007 hubo un recambio de figuras en el sur del conurbano (Francisco Gutiérrez en Quilmes, Darío Díaz Pérez en Lanús, Jorge Ferraresi en Avellaneda, Martín Insaurralde en Lomas de Zamora y Darío Giustozzi en Almirante Brown), Fernando Espinosa (La Matanza), Fernando Gray (Esteban Echeverría), y Lucas Ghi que triunfó ese año en Morón como continuación de Martín Sabbatella. Ese año también fue elegido Sergio Massa, en Tigre. En tanto, las elecciones del pasado 23 de octubre trajeron un lote de caras nuevas en la zona norte con Jorge Macri (Vicente López), Luis Andreotti (San Fernando) y Gabriel Katopodis (San Martín). Juan Patricio Mussi retuvo Berazategui en control kirchnerista, al igual que Carlos Urquiaga, delfín de Mario Ishii, quien dejó José C. Paz en manos del oficialismo. Julio Pereyra gobierna Varela desde 1991 (primero interino y luego electo en 1992), mientras que Hugo Curto (Tres de Febrero) y Raúl Othacehé (Merlo), lo hacen desde 1991. Del resto, Gustavo Posse (San Isidro) sucedió a su padre en 1999 y Luis Acuña (Hurlingam) llegó al sillón municipal en 2001.

El perfil histórico de los denominados “barones”, además, ha sufrido un cambio en base a esta renovación. Sin embargo, se mantiene constante un aspecto que reside en la aparente incapacidad para pasar del articuladísimo discurso local hacia una proyección provincial. En efecto, Eduardo Duhalde fue el único intendente que gobernó la provincia de Buenos Aires, pero en entre ambos cargos ocupó la vicepresidencia de la Nación.

Sin embargo, dentro de esta nueva camada de dirigentes que intenta tener mayor proyección que sus predecesores hay por lo menos dos cuyo perfil promete proyectarlos más allá de su municipio, según coinciden la mayoría de los actores: se trata de Massa y Giustozzi, quienes son la expresión más acabada de un nuevo estilo de dirigentes que ya son actores nacionales, con presencia mediática más allá de las fronteras de sus municipios, y que comienzan a articular un discurso que busca provincializarse y nacionalizarse. En esta nueva característica confluyen tanto su nuevo estilo de  liderazgo y comunicación, como su visión más allá de las fronteras municipales.

Por otra parte, el crecimiento de la región en general se percibe y eso se transcribe en votos, aunque todavía sea necesario y posible un cambio más profundo en muchos aspectos. A esa sensación general, cada intendente le da su plus particular, teniendo en cuenta las realidades heterogéneas que los atraviesan. Tampoco perciben el futuro de sus distritos de la misma manera. Así, mientras que Massa promueve la expansión de Tigre, Posse se mostró satisfecho de que San Isidro no registrara crecimiento poblacional entre los dos últimos censos. Pero todos tienen en común saber interpretar (y satisfacer) las demandas cada vez más complejas y disímiles dentro de sus propios territorios. Por eso suman cada vez más atribuciones, y ya varios barajan la posibilidad de sumar policías municipales a las prestaciones.

APOYO ELECTORAL

Pero conscientes del respaldo popular con el que cuentan (“me votó más gente que a once gobernadores”, expuso un hombre del sur a modo ilustrativo), de cara al armado peronista de los próximos años, y en especial a la renovación de autoridades de 2012, estos intendentes jóvenes reclaman más peso en el armado partidario, aunque se apresuran a fortalecer su alineamiento con la Casa Rosada, de la que, reconocen, dependerán enteramente para conseguir los recursos que hagan viables sus gestiones. Giustozzi apunta: “La mayoría de los problemas los solucionamos con el Gobierno  Nacional, no con La Plata”.

Los “nuevos” intendentes no sólo reclaman haber conseguido mejores resultados que los históricos, sino que creen contar con un guiño de la Casa Rosada para terminar la renovación hacia 2013. “La renovación seguirá, porque la gente pretende que se gobierne de otra manera. Hay estilos que no van más y que la gente no acepta”, apunta el intendente de Almirante Brown.

En ese lote, Massa y Giustozzi sobresalen dentro de un grupo de jefes comunales que consiguieron victorias en Buenos Aires y su peraron incluso el nivel obtenido por Cristina Fernández (56,28%) y Daniel Scioli (55,06%) en la provincia.

Entre los más votados, también estuvieron Juan Patricio Mussi (Berazategui, con el 67,53%); Martín Insaurralde (Lomas de Zamora, 66,16%); Fernando Gray (Esteban Echeverría, 63,35%); Aníbal Regueiro (Presidente Perón, 61,51%) y Fernando Espinoza (La Matanza, 60,46%). Pero el dato saliente es que, mientras quedan aún tres jefes comunales que asumieron en 1991, ninguno de esta nueva camada era intendente cuando asumió Néstor Kirchner en 2003. Reconocen, igualmente, mucho más diálogo con el ex Presidente que con Cristina.

En algunos municipios del conurbano la Presidenta sacó más votos que Perón en 1973. Por eso, más allá de los apoyos que consiguieron los intendentes, y que demuestran las ratificaciones a sus gestiones, tuvieron en muchos casos el impulso de la figura presidencial. Pero sigue habiendo una característica que los emparenta con la vieja guardia: la necesidad de contar con una construcción territorial para poder acceder al cargo. “Se pueden ocupar otros cargos a partir de distintos atributos pero para ser intendente es indispensable la construcción territorial”, agrega Giustozzi.

De hecho, ése fue uno de los ejes que permitió la buena sintonía entre los intendentes y Scioli durante los primeros años: el gobernador se comprometió a no intervenir en sus distritos y ellos, a apoyarlo. Paradójicamente, este año de confirmaciones de esa máxima se produjo la que parecería ser la primera y gran excepción: Jorge Macri, el primo del jefe de Gobierno de la Ciudad, desbancó a Enrique García luego de 24 años de mandato en Vicente López y se sumó al club de los nuevos. Su gestión será una de las más observadas por cuanto el Pro tiene todavía pendiente demostrar que puede afianzarse políticamente más allá de la General Paz.

Beneficiado, además, por la similitud sociodemográfica de los electorados que conquistó él y el que le dio más del 60% de apoyo a su primo, Macri recaló en un municipio en el que no construyó previamente poder territorial. Supo leer, explica, que “la gente ya no vota soluciones a problemas puntuales, sino que demanda gobierno y gestión. Cada vez alcanza menos con cambiar los focos y ocuparse de barrer”, explica.

En las esferas más altas del Pro reconocen, sin embargo, que no se encontrarán un municipio desordenado, y no plantearán una gestión fundacional. Más allá de que, por lo general, “para que haya cambio de intendente tiene que haber deterioro de una gestión y una opción creíble de reemplazo”, como describe el jefe comunal de Almirante Brown.

Además, en la búsqueda de romper el maleficio que los transporte hacia La Plata, hay un dato que todos recitan de memoria: Carlos Ruckauf, Daniel Scioli e incluso el propio Felipe Solá carecieron de estructura de poder territorial propia. Ninguno de ellos fue intendente, dos ellos hacían política en la ciudad de Buenos Aires y los tres llegaron por el mandato de terceros (Ruckauf por Duhalde, Scioli por Kirchner y Solá, una vez por Duhalde y otra por Kirchner). El objetivo que se plantea la nueva guardia es que alguno pueda dar el salto del municipio a la gobernación.

En esa línea es que, por ejemplo, Massa trabaja en el poder territorial propio que trascienda el municipio. Por eso buscó la reelección en Tigre, que escaló el 70% de los votos y promovió candidatos afines en San Martín y San Fernando, desafiando a los alcaldes que apoyaba el Frente para la Victoria. Incluso en otros distritos que trascienden el conurbano, como Mercedes, donde triunfó su aliado Carlos Selva. De esta manera Massa logró expandir su poder por fuera de Tigre con dos intendentes que al menos hasta hoy le responden y un aliado clave, posicionándose como uno de los protagonistas para el 2015. Sin embargo, sus antecedentes no son los mejores: Massa ya tuvo una mala experiencia cuando intentó articular una estrategia pandistrital con Jesús Cariglino, Luis Acuña y otros en el llamado Grupo de los 8.

Pero más allá de las eventuales alianzas, el mapa político que dejó el 23 de octubre muestra estilos y recorridos muy heterogéneos, tanto como las realidades que se viven en los distintos partidos. “Las diferencias ideológicas entre los intendentes se notan al momento de gestionar. En Almirante Brown estamos trabajando en un plan para el distrito para los próximos treinta años. No todos lo hacen”, expresa Giustozzi, quien aparece como referente para el futuro de la poderosa Tercera Sección Electoral,
que aportó 1,8 millones de votos para la Presidenta y en la que el oficialismo se quedó
por primera vez en la historia con los 19 municipios de las zonas oeste y sur del conurbano. Esto aumentó el poder de negociación de los intendentes, quienes en el armado de las listas pudieron “colar” más nombres propios que de costumbre a la hora de nombrar a los 9 senadores  provinciales que eligió la sección.

Junto a Giustozzi, Martín Insaurralde, de Lomas, aparece con una proyección provincial reconocida por sus pares, en un área en donde todos coinciden en señalar a Julio Pereyra, de Florencio Varela y presidente de la Federación Argentina de Municipios (FAM), como el referente, en base a los buenos lazos que ha trazado con la mayoría desde ese cargo.

En el resto, los acercamientos y alianzas se dan tanto por cuestiones geográficas como por afinidades políticas, y una de las divisorias es cómo irán posicionándose de cara al próximo turno electoral. Con la mayoría incentivados a jugar dentro de un solo peronismo, hay un grupo que se referencia directamente en la Casa Rosada: Insaurralde es el nexo de un grupo de hombres de la Tercera con el ministro de Economía Amado Boudou y el responsable de la Anses, Diego Bossio. Insaurralde es la punta de lanza del armado del futuro vicepresidente en el sur del conurbano. El nuevo jefe comunal de Areco, Francisco Durañona, es quien se encarga en el resto de la provincia. Igualmente, la tropa de la Tercera, históricamente reconocida por ser la que más fácilmente se alinea con la conducción no es heterogénea. Pero la movida de Boudou tiende a tratar de ofrecer desde el sur un contrapeso a Massa que hoy no surge naturalmente entre los kirchneristas de la Primera. “La Primera creo que se encamina, por primera vez en mucho tiempo, a tener un líder”, dijo un hombre que conoce del conurbano en referencia a Massa.

La mayoría coincide igualmente en que el horizonte será cada vez más auspicioso. No sólo por razones políticas, en tanto ven que la renovación parcial continuará en los sucesivos turnos y porque la sucesión de Daniel Scioli abre la puerta al acceso a La Plata de algún jefe comunal. Pero más allá de este impulso político, los intendentes arrancarán sus próximas gestiones con dos pilares fuertes.

Por un lado, la lluvia de votos que cosechó Cristina Kirchner rebasó hacia las comunas y así el kirchnerismo se aseguró la supremacía en casi todos los concejos deliberantes del conurbano en los que triunfó. Los porcentajes casi “africanos” que obtuvieron varios jefes comunales permitieron que, en algunos municipios, los intendentes se quedaran con todos los cargos de concejales en juego. En Almirante Brown, Darío Giustozzi ganó los 12 ediles en juego y en Esteban Echeverría, Fernando Gray tendrá 18 de los 20 concejales que componen el deliberativo. Otros que tendrán números de mayoría absoluta son Martín Insaurralde, en Lomas de Zamora; Fernando Espinoza, en La Matanza; Alejandro Granados, en Ezeiza; Gustavo Arrieta, en Cañuelas, y Patricio Mussi, en Berazategui.

Pero además, si bien es cierto que hay cada vez más responsabilidades y demandas, los presupuestos municipales crecen en proporción. Varias intendencias tendrán en 2012 presupuestos de 1.000 millones de pesos, en los que es cada vez más importante la participación de los impuestos que ellos mismos recaudan. En San Isidro, lo recaudado por Gustavo Posse por tasas municipales cubrirá dos tercios del presupuesto. Mientras que en La Matanza, con otra realidad socioecónomica, durante 2011, el 43% del presupuesto de casi 1.000 millones de pesos se financió con lo recibido por coparticipación provincial.

En los últimos años, las asimetrías presupuestarias generan brechas de hasta cinco veces entre los municipios que más disponen por habitante (Tigre, San Isidro, Pilar) y los que menos tienen (La Matanza, Moreno, Berazategui). Igualmente, más allá de lo recaudado y de lo que les corresponde por coparticipación, los intendentes del conurbano se benefician con buena parte de la ejecución de los programas nacionales de los distintos ministerios.

La recolección de basura continúa siendo uno de los principales gastos. Ronda el 20% de cada municipio y por eso más de un jefe comunal plantea la posibilidad de municipalizar parte del servicio para desligarse de las negociaciones con los gremios nacionales. Los intendentes reforzarían las prestaciones que hoy ya exceden largamente la idea de alumbrado, barrido y limpieza que  caracterizó a sus gestiones. Convertidos en actores nacionales, tienen presencia mediática más allá de sus municipios y tienen interlocutores en los ámbitos provincial y nacional. Las demandas más complejas que se ven en los municipios requieren otro perfil para los intendentes.

Con una camada que busca asentar un nuevo estilo de liderazgo que refuerce esta faceta, en los próximos años tendrán como objetivo continuar con una renovación política que comenzó en 2003, así como tratar de «romper el maleficio” y lograr que alguno efectúe el salto directamente a la gobernación.

(De la edición impresa)

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JORGE LUIS ARSAK
8 años atrás

me interesa todo lo concierniente al conurbano bonaerense

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