Reelección en riesgo (y no sólo por la economía)

por Santiago Alles

Donald Trump ha sido en todo momento un presidente significativamente impopular, aun cuando la economía y el empleo crecían 

Los presidentes parten como favoritos cuando compiten por su reelección. Desde la elección de FDR a comienzos de los ‘30, once presidentes estadounidenses intentaron ser reelectos: nueve lo lograron y sólo dos perdieron. Contando a los vicepresidentes que llegaron a la presidencia por muerte o renuncia del titular, suman 14 intentos en ese periodo y sólo tres fracasos. Una tasa de éxito alrededor del 80%. Varios motivos lo ponen en ventaja, pero uno se destaca entre ellos: el presidente puede presentar a su gestión como evidencia concreta frente a los votantes, mientras que el contendiente tiene que ofrecerles algo que no puede mostrar. La literatura dominante [acá, acá, acá] indica que la decisión de los votantes se basa fundamentalmente en una evaluación retrospectiva, no prospectiva. Los votantes no comparan proyectos alternativos en el futuro, sino que evalúan lo que ocurrió en el pasado.

En ese contexto, una economía creciendo sostenidamente, tal como ocurría a principios de año, debía poner a Donald Trump en camino a una reelección de segura. Trump, posiblemente intentando cuidar ese crecimiento económico, resistió durante semanas tomar medidas drásticas contra la pandemia. Las imágenes de lo que ocurría en Europa y el rápido crecimiento de los casos en los Estados Unidos finalmente le torcieron el brazo. Hoy la reelección de Trump no luce nada segura y la mirada de muchos se dirige a los efectos de la recesión sobre la campaña: cuando la economía va mal, los votantes castigan al presidente.

Ese argumento, sin embargo, asume que el crecimiento se transforma en votos de manera más o menos directa. Eso no siempre es así. Sin ir más lejos, dos años atrás, con una economía creciendo vigorosamente, el Partido Republicano fue barrido en las elecciones legislativas. Es cierto que las renovaciones de mitad de mandato son con frecuencia difíciles para el gobierno porque los votantes aprovechan para demostrar su malestar, pero en este caso, los resultados estuvieron fuera de lo común: desde Watergate, más de 40 años atrás, el Partido Republicano no perdía tantas bancas en una sola elección. Los modelos basados en los ‘fundamentals’ económicos esperaban una victoria y lo que ocurrió fue una derrota contundente.

La relación entre economía y voto es, en realidad, indirecta. La performance económica influye sobre la aprobación que los votantes tienen del presidente y la aprobación influye en las chances de votarlo. Tanto Reagan como Clinton enfrentaron la elección presidencial con economías en crecimiento, gozaron de significativos niveles de aprobación y fueron reelectos. Jimmy Carter y George Bush (padre) vivieron la situación opuesta: llegaron a la elección sobre una economía estancada y una gestión era desaprobada y ambos perdieron su reelección. No obstante, factores no-económicos también pueden resultar en la desaprobación del gobierno.

Trump no necesitó de una recesión económica: logró ser impopular por otros medios. Trump tiene hoy niveles de favorabilidad (-14.3) algo mejores pero comparables a los que tenían Carter y Bush a esta distancia de la elección. No obstante, esto no fue resultado de la pandemia. Trump ya tenía estos mismos niveles de favorabilidad a comienzos de este año: -10.4. Su rechazo tampoco era diferente un año atrás: -12.6. ¿Cuál era la favorabilidad de Trump cuando en 2018 los republicanos fueron barridos en las elecciones legislativas? -10.8. Trump ha sido en todo momento un presidente significativamente impopular, aun cuando la economía crecía.

En este contexto, la estrategia de Trump parece dirigirse a asegurar un piso: alinear la base republicana, tarea en la que ha sido eficaz durante todo su gobierno. Sin embargo, eso lo hace al costo de menos apoyo de votantes demócratas e independientes que ningún otro candidato republicano, al menos desde 2000. La pandemia le dio la oportunidad de romper ese techo de 40-42% de aprobación. Otros jefes de gobierno, tanto en Europa como en América Latina, vieron como los votantes valoraban sus esfuerzos por combatir la pandemia y sus niveles de aprobación crecieron sustantivamente. Eso no pasó con Trump: el pequeño salto de 3 o 4 puntos ocurrido entre mediados y fin de marzo se evaporó en pocas semanas.

Esto no significa que Trump esté condenado a perder la reelección. Otros presidentes impopulares lograron ser reelectos. Significa que deberá competir con altos niveles de rechazo sobre su espalda y ese rechazo no es nuevo. Antes de la pandemia. Antes de la recesión y el aumento del desempleo. Antes de las masivas protestas contra la desigualdad racial. Antes de todo eso, la reelección de Trump era cualquier cosa, excepto segura.

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