La provincia de Buenos Aires es un trapo de piso

Por Andrés Malamud

 

A principios de 2019, Axel Kicillof era diputado porteño; a fines de 2019, gobernador bonaerense. Lo digitó la expresidenta Cristina Kirchner.

 

A principios de 2015, María Eugenia Vidal era vicejefa de Gobierno porteña; a fines de 2015, gobernadora bonaerense. La digitó el futuro presidente Mauricio Macri.

 

A principios de 2007, el exdiputado porteño Daniel Scioli era vicepresidente; a fines de 2007, gobernador bonaerense. Lo digitó el presidente Néstor Kirchner.

 

A principios de 1999, el exdiputado porteño Carlos Ruckauf era vicepresidente; a fines de 1999, gobernador bonaerense. Lo digitó el presidente Carlos Menem.

 

A principios de 1991, Eduardo Duhalde era vicepresidente; a fines de 1999, gobernador bonaerense. Lo digitó el presidente Carlos Menem.

 

No contamos a Felipe Solá porque llegó a la gobernación por fuga del original.

 

Eso significa que, de cinco gobernadores de la provincia de Buenos Aires, cuatro fueron porteños (80%); cuatro fueron vices del que los digitó (80%) y los cinco llegaron subordinados a un presidente, expresidente o futuro presidente (100%).

 

Resumen: los bonaerenses son gobernados por porteños, la provincia vive subordinada al poder nacional y sus gobernadores brillan por segundones. Lo que sería un escándalo en veintidós provincias es la norma en Buenos Aires.

 

Ahora bien, los bonaerenses son el 38% de los argentinos. ¿Qué dice de un país federal el hecho de que su provincia más grande sea un trapo de piso?

 

Dice que, apenas se descuide, se va a resbalar.

 

Si California, el estado más grande de Estados Unidos, se dividiera en dos partes iguales, esas partes quedarían tercera y cuarta en el ranking -detrás de Texas y Florida-.

 

Si San Pablo, el estado más grande de Brasil, se dividiera en tres partes iguales, esas partes quedarían tercera, cuarta y quinta en el ranking -detrás de Minas Gerais y Rio de Janeiro-.

 

Si Buenos Aires se dividiera en cuatro partes iguales, esas partes quedarían primera, segunda, tercera y cuarta en el ranking. Córdoba, la segunda provincia argentina, pasaría al quinto lugar.

 

Y el  monstruo sigue creciendo mientras sus gobernadores bailan en la cubierta.

 

El Índice de Hipertrofia Federal ilustra la posición de Buenos Aires en el ranking internacional de monstruos. Si todas las provincias de un país tuvieran la misma población, el índice de hipertrofia federal sería un perfecto 1. Pero este puntaje es inalcanzable, porque la demografía no se planifica como la ingeniería. En el mundo real la escala va de 1,75 a 9,10. El cuadro adjunto exhibe el grado de hipertrofia en las principales federaciones del mundo.

 

 

Con el 18% de la población mundial, cuando China estornuda el mundo se engripa. La provincia de Buenos Aires alberga al 38% de los argentinos, pero sus gobernadores juran que no contagian. ¡Como si la provincia aportara algo más que coparticipación e inestabilidad! Porque, aprovechándose de su disfuncionalidad, el resto del país la despluma. Hasta que, de vez en cuando, la provincia se harta y se menea, y entonces el Presidente patina y se cae.

 

Nadie elige como Presidente a un trapo de piso. Por eso, desde la federalización de la ciudad de Buenos Aires ningún gobernador bonaerense llegó a la presidencia mediante elecciones. Los bonaerenses enojados, como los trapos mojados, no eligen al que los pisa pero lo pueden voltear.

Esta entrada fue publicada en Edición 191. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

10 + 18 =