Buenos Aires, tenemos que hablar

Por Santiago Rodríguez Rey

 

La cuestión de qué hacer con la provincia de Buenos Aires no es nueva, pero la presencia de Juan Manuel de Rosas en despachos oficiales nos sirve para desempolvar que la provincia más grande, más poblada y que más aporta a las arcas del Estado ha sido siempre centro de nuestro conflicto federal constitutivo. Irresuelto de manera definitiva por su complejidad, no ha sido suficiente extirpar su centro y dárselo a la Nación, sino que esto creó, eventualmente, otros problemas.

 

La cuestión capital ha sido solo un vértice de estos conflictos. Si bien resuelta entre leyes,  armas y sangre, la perspectiva del tiempo ha dejado en evidencia que el tándem Buenos Aires-La Plata fue solo una solución de corto plazo. Desde el centenario de la fundación de su ciudad capital, la provincia ha tenido más gobernadores que hacen malabares por justificar su pertenencia al distrito que orgullosos bonaerenses que quieran dirigirla desde la ciudad de las diagonales.

 

Julián Segundo de Agüero, sacerdote, político y hoy llamaríamos “rosquero rivadaviano”, exponía así una de las primeras estrategias del entonces presidente Bernardino Rivadavia: «Es necesario suprimir la provincia de Buenos Aires, si es que el presidente de la Nación ha de gobernar». Por entonces corrían los primeros días del Gobierno de Rivadavia, elegido sin Constitución definida y con la premura que imponía la guerra con el Brasil a cuestas. Si alguien conocía como funcionaba la botonera de la principal provincia era él, que había estado a cargo del ministerio de gobierno durante la llamada “feliz experiencia”. Supongamos que si esto le daba el conocimiento claro de sus fortalezas y debilidades, hacía también lo propio con su capacidad de daño para lo que se aventuraba como el inicio de una organización nacional.

 

Así fue como una de sus primeras medidas de gobierno fue nacionalizar la ciudad de Buenos Aires y promover la creación de una nueva provincia en el resto del territorio. Esa nueva provincia pronto serían dos, “Paraná” al norte, con capital en San Nicolás, y otra, la del “Salado”, con capital en Chascomús.

 

Como podemos observar, esto de dividir la provincia de Buenos Aires es casi tan viejo como la escarapela. Literalmente. Incluso, no es algo que haya quedado en metejón de un día. Una vez organizado el territorio nacional y federalizada definitivamente la ciudad, los proyectos para organizar, ordenar o dividir el territorio de Buenos Aires continuaron presentándose.

 

Haciendo un recorrido no necesariamente exhaustivo, se pueden observar varios proyectos que alcanzaron incluso su aprobación ya sea en la cámara de diputados, senadores o a nivel provincial. Muchos de estos surgen a poco de federalizar la ciudad y antes de la llegada de los gobiernos radicales. Podemos mencionar muchos que giran en torno a la ciudad de Bahía Blanca como capital de una nueva provincia, junto con la organización de los territorios que luego serían La Pampa. Se destaca uno impulsado por Carlos Pellegrini en mayo del 1900, que fue aprobado en el Senado por unanimidad, y que en su tratamiento en la provincia trajo acalorados recuerdos de autonomismo, Adolfo Alsina y Alem. El diputado Pintos sacó a relucir su orgullo bonaerense en el rechazo al proyecto: “… Desde 1812, que se repite en 1822 y 1826 y que resurge sucesivamente cada 10 o 20 años explotando siempre los resentimientos del interior contra Buenos Aires, para mantener palpitante los deseos de su desmembración, de su debilitamiento hasta convertirla en cero a fin de que no pese en la balanza de los destinos y la política nacional”.

 

Ahora, como este existen muchos proyectos. En 1912, el presidente Sáenz Peña en su mensaje de apertura de sesiones menciona que “las obras de salubridad y desagües de Avellaneda son inseparables con las de la capital federal (…) La incorporación de aquella ciudad a la capital federal se vuelve impostergable por razones de orden político, económico, de higiene y seguridad”. Aclarando que ha iniciado gestiones junto al gobernador José Inocencio Arias. La muerte de este último frustraría las avanzadas negociaciones que imaginaban una mudanza de la administración nacional a La Plata y la federalización de 50 kilómetros hacia todos los lados del territorio actual de Buenos Aires; incluyendo un eventual canal de navegación en su extremo.

 

Mucho más cerca en el tiempo, tenemos proyectos de una provincia de “Mar y Sierras”,  divisiones municipales de la mano del proyecto “Génesis” 2000 y regionalizaciones fallidas.

 

A lo largo de los últimos más de 200 años, Buenos Aires ha sido objeto de diversos proyectos para que pueda, de una manera u otra, convertirse en una parte del resto y no una parte junto al resto. Ya sea por su subrepresentación federal o su representatividad interna desbalanceada, la provincia necesita un cambio constitutivo, uno que lleva dos siglos de demora; sea una división, una reorganización interna o incluso una de autonomía municipal. Lo concreto es que es tiempo de acompañar el primer paso con un segundo y avanzar.

 

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