Integrar sí, dividir no

Por Francisco “Paco” Durañona (*)

 

En su primer discurso de inicio de sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa, el gobernador Axel Kicillof presentó los ejes centrales de lo que será su gestión, previo informe extenso sobre el estado de situación en que recibió la provincia, su nivel de endeudamiento insostenible y las acciones realizadas en el marco de las emergencias autorizadas por el Poder Legislativo a fines de 2019.

Los pilares estructurales sobre los que Kicillof decidió cimentar su gestión son los siguientes.

1. Recuperar la identidad histórico, cultural y productiva de la provincia de Buenos Aires (PBA) en el marco del Bicentenario de su fundación, reivindicando su rol estratégico como locomotora del proyecto nacional.

2. Más allá de la evidente excelente relación personal entre el gobernador Kicillof y el presidente Alberto Fernández que, seriamente, no permite imaginar toma de decisiones fuera de una precisa previa coordinación -salvo operaciones mediáticas mal intencionadas- , es para destacar la firmeza planteada por Axel ante la Legislatura respecto a la defensa y discusión de los recursos que le corresponden a la provincia.

3. Un planteo realmente novedoso y contundente esbozó Kicillof al proponer incorporar a la PBA en el selecto grupo de provincias petroleras, siendo el territorio donde se refina más del 70% del crudo como parte fundamental de la cadena de agregado de valor de los combustibles.

4. Por último, y motivo del presente texto, el gobernador volvió a plantarse de manera inequívoca frente a quienes vienen sugiriendo como solución a la tantas veces repetida inviabilidad de la PBA, la idea de su división.

El día de la celebración del Bicentenario del Tratado del Pilar, una de las bases de nuestra Constitución Nacional y evento esencial en el natalicio de nuestra provincia, escuché a Kicillof decir, en clave de época, «sobre mi cadáver la van a dividir». Lo expresado y la imagen que viralizó con el cuadro de Juan Manuel de Rosas transmiten claramente la posición del gobernador.

Lejos de planteos poco sólidos de la oposición en cuanto a la ausencia de propuestas en su presentación, lo de Kicillof es un profundo programa de gobierno que hace tiempo esperamos. De todos los puntos consignados, voy a detenerme en el último.

Es evidente que Kicillof maneja con claridad la Historia Argentina y los antecedentes y etapas fundamentales de su nacimiento y desarrollo, incluyendo a la provincia de Buenos Aires, cuando afirma de manera explícita que la tarea es integrar en lugar de dividir.

Celebrar el Bicentenario Bonaerense implica rescatar las particularidades de cada pueblo, localidad rural, comunidad, municipio y región de nuestra provincia, fortaleciendo sus identidades y personalidades, colocando en la superficie los aportes que han hecho a lo largo de la historia -y siguen haciendo- en materia cultural, productiva, industrial, turística, deportiva y artística.

Así como cada célula es un ser vivo autónomo e independiente del cuerpo humano, asimismo es parte constitutiva y esencial de su existencia y supervivencia. Si mueren células sin capacidad de reproducirse, comienza a morir el todo. La relación entre cada célula viva de nuestro cuerpo, constituye nuestra vida misma.

Del mismo modo funciona en cada persona de existencia jurídica política como es un Estado provincial con 200 años de una historia riquísima que aúna los orígenes y destinos de cada mujer, hombre, familias, barrios y comunidades de nuestra superficie.

¿Quién puede imaginar un mapa de la PBA sin su fisonomía gráfica característica?

¿Cómo pensar en Villarino, Bahía Blanca, Mar del Plata, Tandil, San Nicolás, Punta Indio o Trenque Lauquen en territorios provinciales diferentes?

La diversidad cultural, productiva, industrial, comercial y turística de la PBA la hace justamente complementaria e integrada. Necesariamente la apuesta es la integración para el aprovechamiento de nuestros mares, ríos, puertos, ganados, industrias, alimentos, agricultura, deportistas, artistas, climas, de manera de conducir este bendito territorio a su destino natural, por peso específico y riquezas de todo tipo, que consiste en ponerse al frente como locomotora de un proyecto de país con amplias posibilidades de crecimiento y desarrollo sostenible.

Así como deviene inaceptable cualquier planteo de división de la Argentina en distintos nuevos países, lo que equivaldría a una lista y llana fragmentación a todas luces fuera de lugar, tiempo, conveniencia y destino histórico común, que a nadie se le ocurriría seriamente plantear sin estar atacando nuestra base constitucional, del mismo modo sucede con la PBA.

Es verdad que en momentos de dificultad, lejos de recurrir a herramientas de unidad, diálogo y fraternidad, surgen algunos cantos de sirena con claros intereses oscuros que fomentan falsas ideas acerca de cual sería nuestra realidad si hubiéramos caído en manos de antiguas potencias más civilizadas que lo bárbaros que fuimos y seguimos siendo. La binaria civilización o barbarie siempre presente en nuestra historia y literatura está lejos de haber muerto. La actualización de esos trasnochados pensamientos se traduce en propuestas de división territorial.

Ahora bien, la firme posición de Kicillof, compartida principalmente por quienes participamos de la vida pública y política desde una mirada y convicción hacia nuestros orígenes como pueblo, homenaje a nuestras mujeres y hombres que construyeron esta historia y reivindicación de nuestra cultura autóctona y popular, que toma lo mejor de nuestras comunidades originarias con los movimientos migratorios, y lejos de los soñadores con brújulas europeas o anglo sajonas, no es obstáculo para pensar y diseñar estructuras jurídico político institucionales modernas que nos permitan transitar con éxito y agilidad las demandas del Siglo XXI.

La regionalización y fortalecimiento de los territorios para promover el arraigo deviene un objetivo sin dudas esencial para cumplir con el planteo de integrar para crecer.

Nuestra propia Ley Fundamental, luego de la reforma de 1994, propone la conformación de regiones entre provincias para una mejor y más precisa articulación entre las distintas particularidades que superficie, clima, cercanía y producción aúnan de manera natural.

En el basto territorio de la provincia del Cabo Corrientes, tenemos regiones claramente definidas: Sur, Sudoeste, Sudeste, Oeste, Centro, Noroeste, Noreste, Conurbano o Area Metropolitana. Por supuesto que las posibilidades son múltiples, pero ellas serían una primera aproximación a una idea de regionalización.

Estas regiones tienen identidades climáticas, de capacidad del suelo, productivas, turísticas, culturales, industriales, poblacionales, etcétera, que facilitarían la implementación de políticas públicas particulares y focalizadas en cada una de ellas.

Personalmente, estoy convencido del enorme beneficio que traería aparejado para una mejor gestión de la provincia la multiplicación de regiones que garanticen la cercanía de las autoridades provinciales con los y las bonaerenses a partir de la identificación y ejecución de las decisiones en base a la diversidad de necesidades.

En un territorio diverso y extenso, la regionalización resulta indispensable como herramienta de integración, viabilidad y sostenibilidad.

A la importancia de la regionalización productiva, logística, industrial, comercial, al estilo de los tan mencionados clústeres que, por repetitivo, no deja de ser exitoso, es necesario para una modernización de la gestión provincial sumarle la regionalización administrativa. Esto es, crear regiones y unificar dentro de ellas, adaptado a las distintas realidades, las políticas vinculadas con educación, salud, seguridad, medio ambiente, universidades, infraestructura, cuencas, caminos, puertos, etc.

Junto con la propuesta de regiones, entiendo que sería estratégico pensar en un posible traslado de la Ciudad Capital hacia alguna ciudad importante del interior como Mar del Plata, Tandil o Bahía Blanca. La iniciativa de Capitales Alternas impulsada por el Presidente sería perfectamente replicable en la provincia del Tratado del Pilar.

¿A qué vienen estas ideas de regiones y traslados de Ciudad Capital para fortalecer otras latitudes? El Siglo XXI es el de la proximidad, el del fortalecimiento de lo local, de las ciudades y pueblos, de sus autoridades a través de la transferencia de funciones y recursos para dar respuesta a las demandas cotidianas de la ciudadanía.

En estos tiempos, donde las demandas son constantes y en creciente aumento, no puede haber demoras ni excusas funcionales ni presupuestarias a la hora de satisfacerlas.

Ninguna ciudadana o ciudadano de la PBA invertirá su tiempo -y aún así,  difícilmente lo consiga- en encontrar autoridades nacionales o provinciales para trasladarle sus necesidades. El pueblo recurre a sus autoridades más próximas y ellas son las locales. La mejor manera de generar proximidad en la PBA es a través de la creación  de regiones que acerquen la provincia a los territorios según sus naturales características comunes, y alianzas estratégicas con los municipios para una gestión compartida con capacidad de contención y respuestas.

Junto con estas iniciativas, aparece el programa de promoción del arraigo. Esto es, generar y garantizar las condiciones para el desarrollo de las comunidades en general, y sus miembros en particular, sin importar su ubicación geográfica ni tamaño o cantidad de población. En el Siglo XXI en Argentina, gobernar es repoblar. El drama de la constante migración de áreas rurales a zonas urbanas en búsqueda de oportunidades que el interior no cubre, es una de las explicaciones del fracaso argentino. Más aún cuando las zonas productivas, rurales y del interior son aquellas con enorme capacidad para producir riquezas: alimentos, agua, energía, turismo, cultura, hábitat rural y urbano, calidad de vida.

Regiones con universidades orientadas al potencial productivo de cada una, con infraestructura tecnológica que garantice conectividad entre cada territorio que compone la región y entre las regiones, con planificación de infraestructura logística para la producción y el intercambio comercial que evite el aumento indiscriminado de precios por lejanía e intermediación innecesaria, con despliegue de parques industriales, planificación en transportes que en el mediano y largo plazo provea de trenes de mediana y larga velocidad que conecte e integre los puntos más lejanos de la provincia, regiones con eje en circuitos viales y portuarios, regiones turísticas y culturales. En definitiva, la puesta en ejecución de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados por los Estados Nacionales y Gobiernos Locales de todo el mundo en Quito 2016, en oportunidad de celebrarse el encuentro mundial de ONU Hábitat.

Ello, sin dudas, nos hará transitar el nuevo Siglo con el peso aliviado de la inmensidad de la PBA, a partir de ideas innovadoras e integradoras que nos permita aprovechar las herramientas tecnológicas y, así, garantizar a cada bonaerense las posibilidades de realización en sus comunidades y regiones, aprovechando y multiplicando la riqueza de cada una sin tener que desarraigarse ni física ni espiritualmente.

Ese camino nos conduce a la provincia de Dorrego integrada, justa, equilibrada y moderna que las y los bonaerenses esperan y sueñan desde hace décadas.

(*) Senador de la Provincia de Buenos Aires por el Frente de Todos

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