Un nuevo significado para a la racionalidad económica

por Julio Burdman

El peronismo, acusado siempre de hacer populismo esté ahora apostando por la responsabilidad fiscal

 

E l comienzo de Alberto Fernández puede recordar en varios aspectos al de Mauricio Macri. Y probablemente a varios otros comienzos de la democracia argentina desde 1983. Asume con el diagnóstico de una grave situación recibida, y con una batería de medidas, denominadas de “emergencia”, destinadas a acomodar variables. Pero la situación que enfrenta el nuevo gobierno tal vez sea objetivamente peor que la de sus predecesores. Tiene que renegociar los vencimientos de la deuda para evitar un default, realizar un ajuste general y reactivar la economía. Políticamente, debe renovar el contrato de convivencia de la sociedad –con enfasis en sus propios votantes– mientras hace todo esto. Tener un buen comienzo depende de algunas maniobras rápidas que tienen que salir bien.

Sólo el peronismo pudo llevar adelante todos esos objetivos al mismo tiempo. Es notable que la bancada de Juntos por el Cambio esté oponiéndose al paquete económico legislativo, con criterios “institucionalistas”, cuando se trata de un objetivo fiscal que seguramente persiguieron todos sus ministros de Hacienda. La razón tiene lógica electoral: el ajuste de Guzmán recae más fuertemente “arriba” que “abajo” (si es que esas categorías aún aplican). Esto se parece más a la “austeridad” posterior a las crisis europeas, que a los paquetes de ajuste de finales del Siglo XX en América Latina. La conclusión preliminar es que la posición de Juntos por el Cambio es más político-económica (quien paga los costos del ajuste) que macroeconómica (los números tienen que cerrar). Y la de Tod@s, hoy en el rol del oficialismo responsable, es tanto político-económica (redireccionemos el ajuste “hacia arriba”) como macroeconómica (“lleguemos al superávit porque no podemos tomar más deuda”). Bienvenidos a Argentina, debates económicos europeos.

El cambio es enorme. La Argentina peronista, a partir de este paquete, reencontró sus objetivos sociales con la salud macroeconómica. Ya no sostiene que ciertos desequilibrios pueden tener efectos virtuosos. Y todo esto tiene un disparador: el kirchnerismo, por decirlo de alguna forma,“giró al centro”.

No sería de extrañar que Fernández y Sergio Massa hubiesen visto con buenos ojos un plan de austeridad que esté dirigido a la salud de la macro. Pero este plan está siendo operado legislativamente por Máximo Kirchner, jefe del bloque oficialista en diputados.V isto así, no podemos dejar de recordar que fue el kirchnerismo el factótum de la unidad, y el actor que determinó la selección del centrista Fernández como su candidato presidencial. Es el kirchnerismo, entonces, el garante político de esta nueva búsqueda de una macroeconomía “con números que cierren”.

Si los resultados del paquete económico se sostienen, y Argentina alcanza el superávit para 2020, entonces será necesario volver a evaluar las razones del fracaso macroeconómico de Macri durante sus cuatro años de gestión. Probablemente la historia dirá que Macri nunca terminó de enderezar la macro porque se negó a ajustar a su propio electorado. Por eso fue que se negó a poner el control de capitales que todos le pedían, y por eso asumió reduciendo retenciones. La economía política detrás de la política macroeconómica se volverá más transparente para el análisis cotidiano. Y la identidad “del centro a la derecha” del cambiemismo, también.

Este énfasis en la racionalidad fiscal por parte del partido acusado durante décadas de “populismo macroeconómico” es todo un desafío comunicacional del nuevo gobierno. El paquete, clave para el éxito de Fernández, debería tener recepción positiva en los mercados, las tasas de riesgo y el clima de negocios. El discurso económico de la oposición ya no podrá versar sobre la inestabilidad, y deberá apuntar directamente a la presión fiscal y los derechos de propiedad. Tal como hace la derecha en el Atlántico Norte. Si Juntos por el Cambio no lo hace bien, José Luis Espert copará esa parada. El Presidente, por su parte, deberá capitalizarlo.Y a tiene una bandera: el peronismo puede ser el partido del liberalismo progresista, de la estabilidad con justicia social, que durante décadas “el mundo” estuvo reclamando. Ahora, los pronósticos de inflación de un dígito para el fin del mandato suenan creíbles.

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