Fin de ciclo en el conurbano: de barones a patos rengos

por Nicolás Solari

La ley de la provincia de Buenos Aires para terminar con las reelecciones indefinidas modificará el mapa político en los próximos años

 

Hace cuatro años escribimos con Victoria García Labari y Tatiana Graziano un breve análisis sobre el resultado de las elecciones municipales del conurbano bonaerense. En él, destacábamos la alta tasa de renovación de los ejecutivos municipales acontecida durante la elección de 2015, y señalábamos que la infalibilidad electoral de los denominados barones del conurbano comenzaba a resquebrajarse ante la universalización de derechos, la multiplicidad de las nuevas tecnologías de la información y el surgimiento de alternativas electoralmente más competitivas.

De todos modos, el tiro de gracia al poder de los barones provino de la Legislatura bonaerense. Con los votos de Cambiemos y el Frente Renovador, la Ley 14.836 puso fin a las reelecciones indefinidas de intendentes, concejales, legisladores y consejeros escolares. Según la norma, aprobada en 2016, las reelecciones consecutivas quedan limitadas a un solo turno, obrando los mandatos en curso durante su aprobación como un primer término. De ese modo, la elección de este año constituyó el punto final para la larga serie de reelecciones indefinidas que caracterizó al conurbano bonaerense desde 1983.

 

LA ELECCION DE 2019: UNA DESPEDIDA A TODA ORQUESTA

A contramano de lo acontecido en 2015, la elección del pasado 27 de octubre registró la tasa de reelección más alta desde la restauración democrática: el 75% de los intendentes del GBA fueron reelectos en mandatos consecutivos (18 de 24), porcentaje que asciende al 88% (21 de 24) si se incluyen las reelecciones no consecutivas. Se trata de la tasa de renovación más baja desde el reverdecer democrático (Gráfico 1).

 

 

De los 21 intendentes que buscaban la reelección en 2019, solo tres no la alcanzaron: Tagliaferro en Morón, que perdió por tres puntos; Molina en Quilmes, que cayó por 6 y Walter Festa en Moreno, que no pudo superar la interna. Los 18 intendentes restantes fueron reelectos por una ventaja promedio de 25 puntos, aunque algunos como Macri (JXC-Vicente López), Granados (FDT-Ezeiza), Menéndez (FDT-Merlo) y Nardini (FDT-Malvinas Argentina) lograron victorias de más de 35 puntos.

Así las cosas, cuando el 10 de diciembre cambie la orientación política del gobierno nacional y provincial, la geografía política del conurbano se mantendrá prácticamente inalterada. Trece caciques peronistas y cinco alineados con Cambiemos seguirán mandando en sus distritos. Habrá también tres regresos: Fernando Espinoza en La Matanza, Juan José Mussi en Berazategui y Lucas Ghi en Morón. El soplo de aire fresco se circunscribirá a los distritos de Quilmes, con Mayra Mendoza; Moreno, con Mariel Fernández; y San Fernando con Juan Andreotti.

El caso de Juan Andreotti tiene de todos modos sus peculiaridades, en tanto que sucederá a su padre Luis. En el conurbano el poder fluye a veces como un bien de familia. En Berazategui, Juan Jose Mussi vuelve el poder tras los ocho años de interregno de su hijo Patricio. Entre padre e hijo, los Mussi sumarán, en 2023, 28 años de dominio municipal, una record solo opacado por las cuatro décadas que combinan, en San Isidro, Gustavo Posse y su padre Melchor.

 

LA REELECCION COMO REGLA HISTORICA

Sin contar los tres intendentes que asumen por primera vez el próximo 10 de diciembre, el conurbano ha tenido hasta el momento 94 jefes comunales, de los cuales 57 lograron al menos una reelección. El caso extremo es el de Alejandro Granados en Ezeiza y Alberto Descalzo en Ituzaingó. Ambos batieron este año la insólita marca de siete mandatos consecutivos y gobiernan monolíticamente sus municipios desde 1995 (Gráfico 2).

 

 

Pese a todo, el patrón reeleccionista es heterogéneo y muta notablemente de distrito en distrito. Entre los municipios con menor rotación de intendentes están los mencionados Ezeiza e Ituzaingó, donde sencillamente nunca la hubo. En San Isidro y Malvinas Argentina, por su parte, la alternancia se dio una vez, con Melchor y Gustavo Posse en el primer caso y con Jesús Cariglinio y Leo Nardini en el segundo. En el extremo opuesto aparecen Lomas de Zamora y Almirante Brown (con seis intendentes en diez elecciones), Moreno (con siete) y Quilmes, el caso de estudio donde la reelección es una quimera improbable, apenas lograda en 2011 por el“ Barba” Gutiérrez.

En promedio, los habitantes del conurbano eligen un nuevo intendente en su distrito cada 11 años. Quienes más frecuentemente reemplazan al jefe municipal son los quilmeños, que cada 4 años y medio eligen una nueva cara para el ejecutivo local. En la vereda de enfrente están los habitantes de Ituzaingó y Ezeiza que en 24 años de historia no han visto nunca un cambio de mando, y los de San Isidro, que asisten a una ceremonia de traspaso cada 20 años (gráficos 3 y 4).

 

UNA IDENTIDAD PERONISTA Y PATRIARCAL

El patrón reeleccionista del conurbano es tan marcado como la pertenencia peronista de sus intendentes. De los 97 jefes comunales que han sido electos en estos 36 años, 71 de ellos (lo que equivale al 73%) adscriben al peronismo, mientras que 22 (el 23%) se identifican con la UCR o el PRO y solo 4 con agrupaciones vecinales independientes de los partidos nacionales.

La preeminencia de los intendentes justicialistas se observa también en la escasa alternancia partidaria que caracteriza algunos distritos. Por caso, en Berazategui, Ezeiza, Florencio Varela, Hurlingham, Ituzaingó, La Matanza, Malvinas Argentina, Merlo y San Fernando nunca gobernó un intendente noperonista. En Esteban Echeverría, Lomas de Zamora, Moreno y José C. Paz el peronismo solo perdió una elección municipal, y en Almirante Brown y Lanús apenas dos. El caso contrario se da únicamente en los municipios de San Isidro y Vicente López, donde el peronismo nunca logró ganar elecciones y sus respectivos intendentes pertenecieron históricamente a la UCR y en la actualidad al colectivo Cambiemos.

En tiempos en que la paridad de género gana espacio en la discusión política, la deconstrucción de los barones del conurbano parece avanzar en cámara lenta. De los 97 jefes comunales electos hasta el momento solo tres son mujeres: Verónica Magario, Mayra Mendoza y Mariel Fernández. Para finales de 2023 entre las tres habrán gobernado 12 años frente a los 876 años que habrán acumulado sus colegas varones. La historia todavía espera a la primera intendenta reelecta del conurbano y, en principio, las probabilidades no sonríen ni a Mayra Mendoza ni a Mariel Fernández, las mujeres que gobernarán durante los próximos cuatro años dos distritos con baja tasa de reelección como son Quilmes y Moreno y que podrían apostar a su reelección en 2023 (gráfico 5).

 

 

2023 Y MAS ALLA

De acuerdo a las restricciones que impuso la Ley 14.836 solo 7 de los 24 intendentes que asumirán el próximo 10 de diciembre estarán habilitados para pelear su reelección. Para los otros 17 jefes comunales comenzará una cuenta regresiva que inexorablemente los expondrá a una paulatina pérdida de poder. Pese a que algunos caciques de conurbano se ilusionan con desactivar el cepo a las reelecciones indefinidas, la movida luce hoy improbable por distintas razones.

En primer lugar, los intendentes deberían persuadir a Axel Kicillof de la inconveniencia de la nueva norma. Kicillof, que tiene la posibilidad de pelear por su reelección en 2023, no tendría motivos para ver con malos ojos una renovación masiva de intendencias de la que puede beneficiarse con candidatos propios. Además, la rehabilitación de la reelección indefinida requeriría del apoyo, al menos parcial, de los bloques legislativos de Cambiemos, particularmente en el Senado donde a pesar del hecatombe electoral continuará siendo mayoría. La reversión de la norma representaría también un incómodo escollo para el massismo, la fuerza que la impulsó en primer lugar. Last but not least, la propuesta aparece en escasa sintonía con las múltiples necesidades sociales y económicas de los bonaerenses y sería difícil de justificar incluso si viniera disimulada en una reforma electoral más amplia.

De todos modos, se descarta que los barones del conurbano articularán una encendida resistencia que incluiría desde presiones políticas hasta eventuales presentaciones judiciales. Será una pugna subterránea de final impredecible, donde la única certeza es que la voz antes arrolladora de los barones, comienza a sonar como el graznido de los patos rengos.

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